"Exigimos de manera urgente la clausura definitiva y total del sector de renderizado", reclamó Leonel Litvak, presidente de la Asociación Vecinal del Barrio Mirasoles, en una carta al Municipio de Esteban Echeverría, tras las reiteradas denuncias por contaminación y el operativo que incluyó a Acumar y la Provincia.
LA COCCIÓN DE DESECHOS EN CRESTA ROJA NOS ESTÁ MATANDO DIA A DIA
Soy Leonel Litvak, presidente de la Asociación vecinal del Barrio Mirasoles. En Esteban Echeverría vivimos con las ventanas cerradas, pero el olor entra igual. Se mete en la ropa, en las sábanas, en la comida y, lo que es peor, en los pulmones de nuestros hijos.
Los vecinos del Barrio Mirasoles y de todo Esteban Echeverría ya no sabemos qué hacer. Lo que ocurre a diario con las emanaciones de la planta avícola Cresta Roja (operada por el grupo Tres Arroyos) en El Jagüel dejó de ser una molestia para transformarse en un problema gravísimo de salud pública y ambiental.
El foco del desastre está en el sector de renderizado, donde se realiza la cocción a altas temperaturas de plumas, tripas y sangre de pollo junto con aditivos químicos para producir harina de subproductos destinada a alimento balanceado. Lejos de ser un proceso controlado, lo que llega a nuestras casas a través de las chimeneas es un humo cargado de compuestos químicos y partículas nauseabundas.
El aire se vuelve directamente irrespirable, generando náuseas, dolor de cabeza, ardor de ojos y problemas respiratorios inmediatos. Un veneno suspendido en el aire, la situación se agrava por las noches y las mañanas debido a un fenómeno de inversión térmica. Los gases chocan contra las capas de aire y, en lugar de disiparse hacia arriba, bajan y quedan suspendidos a la altura de la calle. Es un aire espeso, pesado y con un olor a descomposición insoportable que nos quita el derecho básico a ventilar nuestras casas o a disfrutar de un patio.
No discrimina: afecta tanto al centro de El Jagüel como a un radio de más de seis kilómetros, golpeando incluso a la Reserva Natural Laguna de Rocha.
A pesar de que ya existieron inspecciones, multas e incluso clausuras preventivas por parte del Municipio y de ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo), la empresa vuelve a encender los digestores y el calvario se repite. La producción clandestina o la falta de filtros adecuados demuestra una desidia total hacia la comunidad que los rodea.
El reclamo del Barrio Mirasoles y en sintonía con las organizaciones vecinales que vienen sosteniendo esta lucha en el distrito, quiero ser categórico: no estamos en contra del trabajo ni de la industria, pero el límite es nuestra salud. Ninguna ganancia empresarial puede justificar que un cuarto de millón de personas respire aire contaminado todos los días.
Exigimos de manera urgente la clausura definitiva y total del sector de renderizado (procesamiento de plumas y vísceras) hasta que se garantice una tecnología de filtrado de gases de última generación y de nulo impacto. Controles vecinales y auditorías permanentes en tiempo real por parte de las autoridades ambientales competentes. Respuestas concretas de la empresa, que sistemáticamente ignora los compromisos firmados con el municipio.
No queremos más parches ni actas de compromiso que se rompen a la semana siguiente. Queremos recuperar nuestro barrio,Necesitamos que abrir la ventana vuelva a significar dejar entrar aire limpio, y no un veneno invisible que nos destruye la calidad de vida.