lunes 19 de octubre de 2026 - Edición Nº2875

Sociedad | 18 oct 2026

Actos por todas partes

Un peronismo dividido que ocupa todo el espacio opositor

Los distintos actos del 17 de octubre expusieron la disputa por el liderazgo opositor. Kicillof reunió la convocatoria más multitudinaria en La Matanza. Cuáles la ventaja política en medio de fragmentación interna: Cristina, Duhalde, Massa.


Por: Ricardo Carossino

El Día de la Lealtad volvió a mostrar las diferencias del peronismo, pero también una fortaleza que sus adversarios no deberían subestimar: su capacidad de movilización, su extensión territorial y la persistencia de una identidad política que todavía no encuentra un competidor opositor de alcance equivalente.

Hubo actos separados, disputas por el liderazgo y estrategias diferentes hacia 2027. Sin embargo, reducir la jornada a una demostración de desunión sería confundir la pelea por la conducción con la desaparición del espacio.

La postal más contundente estuvo en La Matanza. Axel Kicillof, junto al intendente Fernando Espinoza, la vicegobernadora Verónica Magario y un amplio grupo de jefes comunales, encabezados, principalmente por Federico Otermín y el vicepresidente de la Cámara baja provincial, Mariano Cascallares.

El gobernador encabezó la convocatoria más multitudinaria de la jornada, con más de 20.000 asistentes según los organizadores. La concentración no fue solamente una conmemoración partidaria: funcionó como una demostración de fuerza del gobernador y de su capacidad para reunir territorio, estructura municipal y sectores del movimiento obrero. La cobertura del acto dejó una señal política concreta en medio de la discusión por el liderazgo opositor.

Kicillof necesita algo más que una candidatura potencial. Su apuesta consiste en consolidar una estructura propia dentro del peronismo y, al mismo tiempo, ampliar sus fronteras hacia sectores que no se identifican necesariamente con el kirchnerismo.

La construcción de una alternativa capaz de enfrentar a Javier Milei exige, desde esa perspectiva, superar la base electoral tradicional del PJ. El respaldo de los intendentes bonaerenses le proporciona una plataforma territorial, pero no resuelve por sí solo el problema de llegar a una sociedad que, en las últimas elecciones, eligió una propuesta política que no contaba con una estructura partidaria comparable con la del peronismo.

En paralelo, Máximo Kirchner eligió Chaco para compartir un acto con Jorge Capitanich. El movimiento tuvo un doble sentido: sostener la centralidad política de Cristina Fernández de Kirchner y buscar interlocutores y respaldos en el interior del país. La consigna de una eventual candidatura de la expresidenta vuelve a colocar al kirchnerismo en el centro de la discusión interna, aunque esa estrategia convive con las restricciones judiciales que condicionan su participación electoral.

La insistencia en Cristina también cumple una función dentro de la interna. Mientras su liderazgo siga organizando la discusión, La Cámpora conserva capacidad para intervenir en la selección de candidaturas y en la negociación con otros sectores.

El desafío es convertir esa centralidad en una propuesta electoral viable. La recorrida de Máximo y sus contactos con dirigentes provinciales pueden servir para construir acuerdos, pero la expectativa de que Cristina sea candidata no reemplaza la necesidad de definir un programa, una conducción y un mecanismo de resolución de las diferencias.

El ex candidato a Presidente, Sergio Massa, trató una vez más de actuar como catalizador de este espacio y tuvo su Día de la Lealtad desde las redes sociales intentando articular un discurso de unidad con una clásica frase del general Perón: “Recuerden: trabajadores, únanse”.

Para no perder el eje de la consigna, dirigentes como Juan Grabois, Felipe Solá, Agustín Rossi y el senador José Mayans, se dieron cita en San José 1111 para sostener la imagen de la ex presidenta de la Nación, detenida en su domicilio. 

Los intendentes, por su parte, jugaron su propia partida. Antes de confluir en la convocatoria de La Matanza, distintos referentes municipales tuvieron una actividad en Moreno, con Mariel Fernández como anfitriona.

La secuencia mostró que los jefes comunales no son actores secundarios: administran territorios, cuentan con estructuras políticas propias y necesitan conservar autonomía frente a las conducciones nacionales. Su respaldo a Kicillof fue una señal de volumen político, pero no implica que todos hayan renunciado a sus propias negociaciones ni que exista una alineación definitiva de cara a 2027.

La CGT también buscó un lugar en ese tablero. Adelantó su conmemoración al viernes, en su histórica sede de Azopardo, con la presencia del expresidente Eduardo Duhalde y un mensaje dirigido a la dirigencia política. Los referentes sindicales reclamaron dejar atrás “los egos y las vanidades” y construir un proyecto que vuelva a colocar a los trabajadores en el centro de la escena.

La central envió, además, una adhesión de Kicillof, un gesto que lo incorpora a la conversación sobre la reconstrucción opositora sin convertirlo automáticamente en el candidato de todo el movimiento obrero. La presencia de Duhalde, distante del kirchnerismo, reforzó la imagen de una CGT que procura conservar margen de maniobra propio.

El resultado de la jornada es paradójico. Los actos separados ofrecen argumentos a quienes describen un peronismo fragmentado, incapaz de superar sus disputas de liderazgo.

Pero también exhiben una diversidad de dirigentes, organizaciones y territorios que ninguna otra fuerza opositora ha logrado reunir hasta ahora bajo una identidad política de alcance semejante. Esa amplitud constituye un recurso; no equivale, sin embargo, a una mayoría electoral asegurada.

La comparación con Milei obliga a una segunda lectura. El Presidente llegó al poder sin una estructura territorial equiparable a la del justicialismo y con una fuerza política de implantación mucho más reciente. Su triunfo demostró que la organización partidaria tradicional no es una condición suficiente para ganar una elección y que una parte del electorado estaba dispuesta a respaldar una alternativa por fuera de las identidades históricas. El peronismo puede exhibir intendentes, sindicatos, gobernadores y militancia, pero nada de eso explica por sí solo por qué perdió ni garantiza que pueda recuperar esos votos.

Tampoco está claro qué evaluación harán los argentinos cuando deban elegir nuevamente en 2027. La situación económica, las expectativas, el desgaste del Gobierno y la credibilidad de las alternativas influirán en una decisión que todavía no puede anticiparse. La oposición no debería confundir el descontento con Milei con un respaldo automático al peronismo, del mismo modo que el oficialismo no puede suponer que su victoria anterior asegura una nueva mayoría.

El 17 de octubre dejó, entonces, dos conclusiones. El peronismo sigue siendo el principal espacio con posibilidades de articular una oposición nacional, pero aún no resolvió quién debe conducirla ni cómo ampliar su representación.

La Matanza mostró músculo; Chaco, la persistencia del kirchnerismo; Moreno, la gravitación de los intendentes; y la CGT, la voluntad sindical de intervenir en el armado. La pregunta decisiva ya no es cuántos actos puede organizar el peronismo, sino si será capaz de convertir esa diversidad en una propuesta que vuelva a convencer a una mayoría social.

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