Hay ciudades que nacen como una promesa y obras que nacen de un intercambio. Hay imágenes que registran la monumentalidad de un proyecto y otras que circulan de mano en mano, de sobre en sobre, hasta convertirse en parte de una red. Entre esos dos modos de mirar se ubican las nuevas exposiciones del Museo Universitario de Diseño (MUD) de la Universidad Nacional de Lanús (UNLa).
“Brasilia: la construcción del futuro”, con obras del fotógrafo Marcel Gautherot, y “Singular Plural: Imaginaciones sobre lo múltiple en el Arte Correo”, a partir del archivo del artista conceptual, poeta visual y pionero del arte correo en Argentina Edgardo Antonio Vigo —con curaduría de Julio Lamilla y Clarisa López Galarza—, se inaugurarán el viernes 11 de septiembre a las 18 en el MUD, ubicado en Av. Hipólito Yrigoyen 5612, Remedios de Escalada. La entrada es libre y gratuita.
Las propuestas parten de experiencias muy diferentes, pero comparten una preocupación por aquello que sucede alrededor de las imágenes: quién las produce, cómo circulan, qué cuerpos y relaciones quedan registrados en ellas y qué sucede cuando una obra deja de ser entendida como un objeto aislado.
Entre 1958 y 1960, Marcel Gautherot acompañó a Oscar Niemeyer mientras Brasilia comenzaba a tomar forma. La ciudad era la expresión arquitectónica de un proyecto de modernización y desarrollo impulsado durante el gobierno de Juscelino Kubitschek, condensado en el lema “50 años en 5”.
Gautherot registró ese proceso con una mirada formada en la arquitectura y profundamente vinculada con el movimiento modernista brasileño. Pero sus fotografías no se detienen exclusivamente en las formas puras de los edificios. Entre las grandes estructuras aparecen también quienes las construyen.
El polvo rojizo del cerrado contrasta con las líneas geométricas del modernismo. Las figuras de los trabajadores, anónimos protagonistas de aquella epopeya, introducen una dimensión humana dentro de una arquitectura pensada para representar el futuro.
Allí reside buena parte de la potencia de la serie. Las fotografías consiguen mostrar simultáneamente lo monumental y lo cotidiano, el proyecto y su realización, la promesa de lo que vendrá y la materialidad de un presente que todavía está ocurriendo.
Gautherot no sólo documenta una ciudad en construcción. Sus imágenes capturan la tensión de un momento histórico en el que la arquitectura pretendía hacer visible una idea de futuro.
La muestra llega a la UNLa con el auspicio de la Embajada de Brasil en Argentina.
Si Gautherot observó cómo una ciudad se construía a partir de un gran proyecto colectivo, “Singular Plural” se pregunta qué ocurre cuando la producción artística también abandona la idea de la obra aislada.
La exposición, armada en articulación con el Centro de Arte Experimental Vigo, reúne piezas atesoradas en el archivo del artista platense Edgardo Antonio Vigo y recupera el universo del arte correo, una práctica que hizo del intercambio una forma de producción artística.
“Si uno piensa la historia del arte, está muy atravesada por la idea de la originalidad, de la unicidad, del éxito, de la competencia”, explica Julio Lamilla, uno de los curadores de la muestra, en diálogo con Radio UNLa. Frente a esa tradición, el Arte Correo propone otra lógica: una creación que puede ser colectiva, múltiple y permanente, sostenida por vínculos afectivos entre artistas de distintos lugares del mundo.
El correo postal funcionó allí como una herramienta de conexión. Mucho antes de internet, cartas y pequeños objetos viajaban entre ciudades y países llevando imágenes, palabras, sellos, grabados, collages y distintas formas de experimentación.
Para Lamilla, aquella red puede pensarse como “una especie de gran internet analógico”. Una red construida sin la velocidad de las comunicaciones actuales, pero capaz de conectar a artistas separados por miles de kilómetros y de generar comunidades creativas por fuera de los grandes circuitos institucionales.
Una de las características más particulares de esa práctica era su relación con el intercambio. Las obras circulaban sin que necesariamente mediara una operación comercial. Un artista enviaba una pieza y recibía otra.
“Cuanto más dabas, más obras llegaban”, resume Lamilla.
La frase condensa una lógica completamente diferente de la del mercado del arte. No se trataba de producir para vender, sino de producir para compartir. Tampoco había necesariamente una instancia que determinara qué era válido y qué no. Las convocatorias podían recibir obras de artistas de todo el mundo y exhibirlas sin selección previa.
“No había selección, no había venta, no había jurado, no había premios”, explica el curador.
Las muestras podían realizarse en plazas, escuelas y distintos espacios, sin depender exclusivamente de los museos y galerías. De ese modo, el arte correo también cuestionaba las jerarquías tradicionales del campo artístico.
La obra podía ser un dibujo, un sello, una intervención sobre un cartón o una pieza construida a partir de fragmentos enviados por diferentes personas. La multiplicidad no era una copia de un original: era parte de la concepción misma de la obra.
En La Plata, Edgardo Antonio Vigo fue una figura fundamental de esa experiencia. Artista y editor, trabajó con poesía visual, xilografía, objetos, poesía matemática y distintas formas de experimentación. Desde mediados de los años 70 se dedicó fundamentalmente al Arte Correo y participó en convocatorias internacionales.
Su archivo conserva no sólo su producción sino también miles de materiales recibidos de artistas de distintos lugares. Es, en ese sentido, un archivo de relaciones.
Lamilla explica que una de las tareas de quienes trabajan con ese patrimonio consiste en “activar” el archivo. Es decir, no limitarse a conservarlo y catalogarlo, sino volver a ponerlo en circulación mediante exposiciones, investigaciones y encuentros.
“Singular Plural” parte justamente de esa operación. Las piezas aparecen como fragmentos de una red mucho más extensa, en la que las autorías pueden volverse cambiantes y donde el soporte, el tiempo y la circulación forman parte de la creación.
Hay otra idea de Vigo que resulta central para entender la propuesta: el “arte tocable”.
La expresión remite a una relación física con las obras que contrasta con cierta concepción del arte como objeto intocable, único y distante. En el arte correo, el papel, el cartón, la madera, las tintas, los sellos y los objetos forman parte de una experiencia material.
La exposición recupera esa dimensión mediante distintas estaciones. Hay audios para escuchar textos de artistas sobre sus propias prácticas y espacios en los que los visitantes pueden crear estampillas y utilizarlas.
La participación no aparece entonces como un agregado, sino como parte del sentido de la muestra. Si aquellas redes artísticas se construían a partir de la intervención de múltiples personas, la exposición busca recuperar algo de ese espíritu.
Uno de los recorridos se detiene, además, en “Récord de vida”, una experiencia de Vigo en la que los cumpleaños podían convertirse en registros de vida certificados mediante sellos. Lo cotidiano ingresaba así en el territorio del arte.
El Arte Correo tuvo una intensa actividad durante las décadas de 1970 y 1980 y continuó desarrollándose hasta los años 90. Con la expansión de internet y del correo electrónico, buena parte de aquella dimensión material del intercambio perdió protagonismo.
Pero para Lamilla la experiencia conserva una potencia que excede su contexto histórico.
Aquella red no necesitaba de un centro. No dependía de una única institución ni de una autoridad que decidiera qué podía circular. Se expandía a partir de los propios participantes y de los intercambios que cada uno generaba.
De ahí que “Singular Plural” no sea solamente una exposición sobre una práctica artística del pasado. También funciona como una pregunta sobre las formas de producción cultural del presente: qué significa crear colectivamente, qué sucede con la autoría cuando se vuelve permeable y qué otros modos de circulación pueden existir cuando la obra no tiene como destino necesario el mercado.
Las dos muestras que llegan al MUD parecen, a primera vista, hablar idiomas diferentes.
Una muestra una ciudad que se levanta bajo una poderosa idea de futuro. La otra recupera una red de artistas que intercambiaban pequeñas piezas a través del correo. Una está atravesada por la arquitectura monumental; la otra, por papeles, sellos, cartas y objetos.
Pero ambas obligan a mirar los procesos detrás de las imágenes.
En las fotografías de Gautherot, detrás de los edificios aparece el trabajo de quienes hicieron posible Brasilia. En el archivo de Vigo, detrás de cada pieza aparece una trama de vínculos que cuestiona la idea del artista solitario y de la obra como objeto único.
En un caso, el futuro se construye con hormigón, geometría y trabajo humano. En el otro, una comunidad artística construye una red con papel, tinta, palabras, imágenes y envíos postales.
Dos formas de construir. Dos maneras de entender la imagen. Y una misma invitación: mirar no sólo aquello que una obra muestra, sino también las relaciones, los cuerpos y los intercambios que hacen posible que exista.
⦁ Exposiciones: “Brasilia: la construcción del futuro”, de Marcel Gautherot, y “Singular Plural: Imaginaciones sobre lo múltiple en el Arte Correo”, de Edgardo Antonio Vigo.
⦁ Inauguración: viernes 11 de septiembre, a las 18.
⦁ Lugar: Museo Universitario de Diseño (MUD), Universidad Nacional de Lanús, avenida Hipólito Yrigoyen 5612, Remedios de Escalada, Lanús.
⦁ Período de las exposiciones: las muestras permanecerán abiertas hasta fines de diciembre de 2026 y podrán visitarse de lunes a viernes, de 12 a 17.
⦁ Entrada: libre y gratuita.