domingo 02 de agosto de 2026 - Edición Nº2797

Sociedad | 1 ago 2026

AGRUPACIONES BARRIALES EN OFERTA

La bomba que amenaza la primera elección de Magdalena Sierra

Porqué el ex intendente tendrá que jugar distinto esta vez si quiere ganar. Ferraresi salió a buscar la Provincia y dejó a su esposa al frente. Pero las agrupaciones barriales esperan ofertas de todo el peronismo. Qué hará el Frente Renovador. Santalla, el senador de La Cámpora, ya habló de “sueño máximo”. Avisan que un acuerdo presidencial no alcanza para ordenar los municipios bonaerenses.


Por: Ricardo Carossino

La foto es casi perfecta. Jorge Ferraresi gobernó Avellaneda durante 17 años, construyó un aparato sólido, se peleó con La Cámpora cuando hizo falta y, en julio de 2026, dejó el sillón en manos de su esposa y jefa de Gabinete, Magdalena Sierra, para salir a recorrer la Provincia con el Movimiento Derecho al Futuro de Axel Kicillof. La arquitecta asumió con el discurso de la continuidad: “cuidar todo lo que construimos juntos”. El mensaje era claro: el municipio sigue en casa.

Pero no todo lo que reluce es oro. Fuentes de su mismo espacio que militan en las bases admiten a Política del Sur que pocos la quieren y que ya pusieron el cartel de agrupaciones en oferta para ver qué tiene para ofrecer La Cámpora o Ferraresi, “que hasta acá fue bastante tacaño con la repartija de cargos en las listas”, dicen casi a modo de denuncia moral los que comandan las agrupaciones en los barrios más populares de Avellaneda.

Pero el camporismo no se fue de vacaciones. Emmanuel González Santalla, senador provincial referente de La Cámpora, ya blanqueó sus aspiraciones. “Creo que para cualquier militante político el sueño máximo al que puede aspirar es representar a su barrio y a sus vecinos”, dijo hace apenas días. Valoró la gestión de Ferraresi, sí, pero inmediatamente marcó la cancha: “Avellaneda todavía tiene muchas zonas que se siguen inundando cuando llueve. Hace falta inversión en obras de infraestructura”. Traducción libre: hay terreno para pelear.

El paralelo con Hurlingham 2023 es demasiado tentador para ignorarlo. Allí Damián Selci, el candidato de Máximo Kirchner, le ganó la interna al entonces intendente Juan Zabaleta en las PASO y se quedó con el municipio.

Fue un golpe de efecto que demostró que, cuando hay chance de competir, el aparato territorial, crítico, duro, ácido y sin contemplaciones en la pelea barrial, decide apretar el acelerador a fondo y sin frenos. En Avellaneda la pelea todavía no está declarada formalmente, pero los movimientos de Santalla —recorridas por comercios, cuestionamientos a la situación económica y presencia territorial constante— ya generaron ruido y la técnica, por supuesto es la misma de La Cámpora en Hurlingham: hostigar la gestión municipal casa por casa, sin que los medios se hagan eco de ese modus operandi.

El escenario 2027 tiene una variable que puede cambiarlo todo: la reforma electoral que impulsa el gobierno de Javier Milei. La Casa Rosada quiere suspender o derogar las PASO y, a cambio, restituir las listas colectoras adaptadas a la Boleta Única de Papel.

El sistema permitiría que distintas listas locales adhieran a una misma candidatura de presidente o gobernador sin necesidad de una interna previa. En la práctica, Sierra y Santalla podrían competir con boletas distintas bajo el mismo paraguas nacional del peronismo. El “acuerdo de unidad” a nivel presidencial que tanto se discute en el PJ quedaría, una vez más, reducido a un papel mojado en los municipios bonaerenses.

Es la vieja costumbre peronista: unidad arriba, guerra abajo. Mientras en los despachos nacionales se negocia una candidatura única para enfrentar a Milei, en el Conurbano los barones y los camporistas se preparan para pelear cada sillón como si fuera la última. Ferraresi, ahora libre de la gestión cotidiana, necesita que Avellaneda siga siendo un bastión ordenado para proyectar su propia candidatura a gobernador. Una interna abierta, o peor aún, una disputa por colectoras, lo debilita. Sierra, sin el peso simbólico de su marido, es vista por algunos opositores locales y muchos propios como una candidata más vulnerable.

La provocación es evidente. Si el peronismo bonaerense no ordena la sucesión en Avellaneda antes de que se definan las reglas de juego, el 2027 puede convertirse en una remake de Hurlingham, pero con el agravante de que ya no habría PASO para dirimir la pelea de manera clara. Las colectoras convertirían la elección en una suma de aparatos y de votos cruzados, donde el que mejor controle el territorio y el voto de arrastre se queda con el municipio, aunque el costo sea mostrar al electorado una fuerza dividida y ensimismada.

La historia se repite con variaciones. Ferraresi construyó poder durante casi dos décadas. Ahora su esposa intenta consolidarlo. La Cámpora, fiel a su estilo, no acepta herencias sin pelea. Y Milei, desde la Rosada, les ofrece la herramienta perfecta para que se maten entre ellos: las colectoras. El peronismo, otra vez, se enfrenta a su propia naturaleza. ¿Unidad real o unidad de discurso? En Avellaneda, la respuesta se está escribiendo en las calles y en los despachos. Y no será amable. El poder es por naturaleza, el peor de los sociópata.  

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