Por: Diego Lanese
Hace 60 años, una jornada como la de hoy, la dictadura militar de Juan Carlos Onganía escribía uno de los capítulos más oscuros de su historia.
En el marco de la ocupación varios edificios universitarios, en el marco de un plan de lucha, ante el avance de la agenda conservadora del gobierno de facto. Los docentes, nodocentes y estudiantes defendía la autarquía de la educación superior y la libertad de cátedra, ante el intento de un gobierno que buscaba censurar contenidos por su mirada represiva, que no sólo incluía el conocimiento, además apuntaba a cuestiones casi triviales como el pelo largo en varones y la minifalda en mujeres.
La desocupación fue brutal. Miembros de la Guardia de Infantería de la Policía Federal cumplieron la intervención a las universidades nacionales, y a fuerza de golpes desalojaron a los manifestantes.
El ataque fue el inicio de la primera fuga de cerebros” del país, ya que como consecuencia de la inmortalizada noche de los bastones largos más de 700 docentes e investigadores dejaron el sistema público, y la gran mayoría emigraron del país.
Seis décadas después, lo que antes empujaban los palos hoy empuja el ajuste. Por los bajos salarios, la asfixia presupuestaria y los despidos generan un “cientificidio”, que por ejemplo ya dejó al 10 por ciento de la planta del CONICET afuera del sistema. La tercera fuga de científicos –la segunda fue en los 90 –podría profundizarse al final de esta semana, cuando 400 becarios post doctorales podrían ser expulsados al no renovarse sus becas.
El hilo rojo que une aquella noche de violencia y represión y el actual cientificidio está muy claro, y apunta a la destrucción del complejo científico-tecnológico.
En el primero de los casos por una cuestión ideológica –Onganía representaba una mirada del mundo conservadora, donde el conocimiento era subversivo –y en esta por un tema económico, vinculado a un equilibrio fiscal que requiere esencialmente de un ajuste brutal. Lo cierto es que la ciencia estuvo en ambos caso bajo fuego.
En el caso de la noche de los bastones largos, el ataque incluyó el fin de la autarquía lograda con la reforma de 1918, poniendo a la Universidad de Buenos Aires (UBA) bajo la jurisdicción del Ministerio de Educación, con la disolución de los Consejos Superiores y Directivos de las facultades.
Ante la tema de las facultades, la dictadura envió a las fuerzas de seguridad. “La policía llegó y sin ninguna formalidad exigió la evacuación total del edificio, anunciando que entraría por la fuerza al cabo de 20 minutos”, contó Warren A. Ambrose, profesor de Matemáticas en Massachussets Institute of Technology (MIT), presnete esa noche en la UBA.
En una carta publicada en el The New York Times, relató que cuando los efectivos ingresaron, se desató el caos. “Lo primero que escuché fueron bombas, que resultaron ser gases lacrimógenos.
Al poco tiempo estábamos todos llorando bajo los efectos de los gases. Luego llegaron soldados que nos ordenaron, a los gritos, pasar a una de las aulas grandes, donde nos hizo permanecer de pie, con los brazos en alto, contra una pared.
El procedimiento para que hiciéramos eso fue gritarnos y pegarnos con palos. Los golpes se distribuían al azar y yo vi golpear intencionalmente a una mujer, todo esto sin ninguna provocación”, agrego el matemático.
A 60 años de La Noche de los Bastones Largos, somos muchos los que seguimos defendiendo la universidad pública, gratuita, laica, cogobernada y de excelencia académica. pic.twitter.com/yyKd1XCn0t
— Facundo Fernández Pastor (@facufp) July 29, 2026
Ese día, la represión no tuvo piedad con nadie. Fueron heridos el Decano de la Facultad de Ciencias, Rolando García, un meteorólogo de fama que ha sido profesor de la Universidad de California en Los Ángeles, o el profesor Carlos Varsavsky, director del nuevo Radioobservatorio de La Plata, quien recibió serias heridas en la cabeza.
También Félix González Bonorino, el geólogo más eminente del país. Las consecuencias fueron brutales. Alrededor de 700 profesionales se marcharon al exterior para continuar sus carreras en universidades y trabajos de renombre.
Como consecuencia, esto provocó un estancamiento del proyecto de desarrollo de la educación, la ciencia y la investigación en la Argentina. Incluso, es considerada la mayor “fuga de cerebros" en la historia del país. Las otras dos fugas fueron motivo del ajuste.
En los 90, el ex ministro de Economía Domingo Cavallo mando a “lavar los platos” a los científicos, de la mano del congelamiento del presupuesto y la degradación de la secretaría de Ciencia, lo que generó un desmantelamiento de la estructura de investigación. Y la actual, en momentos que ala motosierra se ensaña con los organismos del sector. “El proyecto cientificida de Javier Milei avanza con armas y represión”, recordaron desde ATE, cuando las puntas del hilo se unieron.
Fue en el momento que el gobierno comenzó con los despidos en la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA), que generó la presencia de efectivos de Gendarmería en su sede nacional. “Sin un sistema científico-tecnológico fortalecido, se compromete la capacidad de generar beneficios concretos y en sintonía con las necesidades locales y regionales: desde la generación de energía, el diagnóstico médico y su abordaje terapéutico, hasta el mejoramiento de cultivos y de las tecnologías de telecomunicaciones, pasando por la producción de electrodomésticos y medios de transporte seguros, desde el conocimiento de nuestra historia y cultura hasta las más diversas problemáticas sociales y humanas, todo está hoy siendo apuntado por el rifle del cientificidio”, denunciaron en su momento.
Lo que pasa en el CONICET, en la CNEA, es similar a lo que pasa en el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), donde el proceso de vaciamiento también fue acompañado por una creciente militarización del organismo.
A esto se le suma la posibilidad que unos 400 becarios queden fuera del CONICET, porque no están los recursos para sostener su continuidad. Esto implica “400 líneas de investigación que se perderán cuando los trabajadores queden en la calle, dando un duro golpe a las capacidades científico-tecnológicas y a la soberanía de nuestro país”, afirmaron desde el organismo, que esperan respuesta ante la inminencia del fin de este vínculo, el próximo 31 de julio.
Por eso, marcharon a la sede del Polo Científico Tecnológico para exigir la prórroga de las becas posdoctorales que corren riesgo de quedar sin ingresos ni continuidad laboral. Los investigadores exigen una extensión de sus ingresos hasta que se conozcan los resultados de la Convocatoria CICYT 2025, que es un concurso público para la Carrera del Investigador Científico y Tecnológico, que suele demorar alrededor de un año.
Asimismo, indicaron que, para financiar la prórroga de esos contratos, se requiere una partida extraordinaria de entre 2 mil y 3 mil millones de pesos, que deben ser autorizados por la jefatura de Gabinete, comandada por Diego Santilli.
Desde la comunidad científica, también denunciaron el deterioro de los salarios del sector, el poco presupuesto operativo mínimo para el funcionamiento de laboratorios, las demoras en las altas de la Carrera del Investigador Científico (CIC), la falta de cobertura médica regular en la obra social para los becarios y los recortes en otros entes estratégicos como, por ejemplo, en la mencionada CNEA.
A dos días de la expulsión de 400 compeñerxs exigimos la urgente resolución y otorgamiento de las prórrogas.
— ATE CONICET Capital (@ateconicet) July 29, 2026
Seguimos en plan de lucha por las altas, por la cobertura de salud para becarixs, por la urgente recomposición salarial. Contra el vaciamiento de nuestro organismo. pic.twitter.com/IeOpwK5Xz6
En estos momentos, los “palos” de la gestión libertaria son los bajos salarios, que en el sector de ciencia y tecnología subieron un 0,5 por ciento en términos reales en el último mes en CONICET y en el Sistema Nacional de Empleo Público, incrementándose por primera vez desde mayo de 2024.
Sin embargo, aún así, cayeron un 3,3 por ciento real en el primer semestre de 2026, continuando con las pérdidas de 2024 y 2025. Según el último informe del Grupo Economía, Política y Ciencia del Centro Iberoamericano de Investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (EPC-CIICTI), los docentes universitarios son quienes recuperaron una mayor proporción de su poder adquisitivo en junio.
Con los aumentos derivados del acuerdo paritario alcanzado a mediados de mes, sus ingresos se recuperaron un 8,5 por ciento en el último año. A pesar de ello, cayeron un 22,2 por ciento bajo el gobierno de Milei. Por su parte, los salarios y estipendios en el CONICET, principal organismo científico del país, se recuperaron apenas un magro 0,5 por ciento en junio.
De este modo, acumulan una caída de 8,4 por ciento en los últimos doce meses y de 40,5 por ciento desde noviembre de 2023. Por último, las remuneraciones de los trabajadores científicos que se enmarcan en SINEP descendieron 3,3 por ciento en el año en curso y se encuentran un 32,2% por debajo del nivel de noviembre de 2023.