martes 14 de julio de 2026 - Edición Nº2778

Sociedad | 14 jul 2026

LO QUE MANDAN LAS ENCUESTAS

Kicillof ya tiene el partido para romper con el PJ: la carta que guarda si CFK no cede

Una fuente de la UCR bonaerense asegura que Kicillof no aceptará las condiciones que le exige CFK. Otra, del entorno más cercano al gobernador, sostiene que la orden es no confrontar y sostener la unidad hasta el final. Ambas coinciden, sin embargo, en un punto: la puerta de salida ya está construida.


Por: Ricardo Carossino

La discusión que atraviesa al peronismo bonaerense ya no gira solo en torno a quién será el candidato: gira en torno a qué mecanismo institucional quedará en pie para dirimirlo. Con las PASO en la mira del oficialismo nacional, en el búnker de Axel Kicillof se maneja un esquema de contingencia con dos ramas bien diferenciadas, según pudo reconstruir Política del Sur.

La primera hipótesis, la que hoy goza de mejor prensa puertas adentro del Movimiento Derecho al Futuro, es la de una interna clásica, del estilo de la que en 1988 definió la candidatura presidencial del PJ entre Antonio Cafiero y Carlos Menem: una competencia partidaria formal, con reglas compartidas y un ganador que se impone sin quiebre institucional. Para eso, el gobernador lanzó su campaña de afiliación al PJ bonaerense.

Pero esa vía solo se habilita bajo una condición estricta: que Cristina Kirchner convalide un preacuerdo para el armado de listas que hoy circula, de manera informal, entre los despachos de La Plata y el massismo. Sin ese visto bueno, la opción se cae.

La segunda hipótesis es más drástica y, según las fuentes consultadas por este medio, ya está empaquetada: si CFK (por temor a perder la interna) no acepta lo que en el entorno de Kicillof llaman, sin demasiado eufemismo, los términos de "rendición" —una fórmula que en los hechos implicaría subordinar el armado bonaerense a las condiciones que baja La Cámpora—, el gobernador cuenta con un partido reservado para presentarse por afuera de la estructura del PJ.

Una fuente confiable de la UCR bonaerense que dialoga cara a cara con el gobernador, consultada por Política del Sur fue categórica: Kicillof no estaría dispuesto, bajo ninguna circunstancia, a aceptar los términos de acuerdo que exige la expresidenta.

La lectura desde el radicalismo bonaerense, que observa la pelea con un interés que no es solo de espectador, es que el gobernador ya tomó una decisión de fondo y que la negociación pública es, en gran medida, un gesto hacia la militancia propia antes que una búsqueda genuina de consenso.

Sin embargo, otra fuente del entorno más próximo al gobernador matizó ese diagnóstico ante PSDR: Kicillof dio la orden expresa de no confrontar públicamente con los dirigentes camporistas y mantiene en su gabinete a los ministros identificados con esa agrupación.

Según esta lectura, el mandatario apuesta genuinamente a sostener la unidad "hasta el último minuto", no como pantomima sino como cálculo político: una ruptura expuesta erosiona su caudal de votos en el peronismo duro y lo expone a la etiqueta de "divisionista" que ya circula en los despachos de La Cámpora. Lo cierto, coinciden ambas fuentes, es que si esa unidad finalmente no cierra, la puerta de salida ya está construida y lista para usarse.

El dato que complica cualquier cálculo: ni Kicillof ni Milei ganan en primera vuelta

El trasfondo de esta pulseada interna no es abstracto: tiene un correlato electoral que ninguno de los dos sectores del peronismo puede ignorar. El promedio de trece encuestas nacionales relevadas hasta julio, que reúne mediciones de consultoras como Opinaia, Atlas Intel, Explanans, Proyección y RDT, entre otras, muestra a Javier Milei con ventaja sobre Kicillof tanto en primera vuelta como en un hipotético balotaje, aunque el trabajo aclara que todavía resta más de un año para la definición de candidaturas.

En ese promedio, Milei obtendría un 33,1% de adhesiones frente a un 25,7% de Kicillof una brecha que el propio relevamiento explica en parte porque el piso electoral del Presidente resulta más alto: un 25,6% asegura que "seguro lo votaría", contra apenas un 19,5% en el caso del gobernador.

Pero ese promedio esconde una foto mucho más volátil puertas adentro. Sondeos como el de Explanans muestran a Milei liderando la primera vuelta, pero cayendo en un ballotage directo, donde el gobernador bonaerense se impondría por 43,8% contra 42,9%.

Proyección Consultores llegó a una conclusión similar, con Kicillof venciendo a Milei en un balotaje simulado por 41,7% a 39,4%, mientras que otros estudios, como el de RDT, ubican al oficialismo con una ventaja de cuatro puntos en un mano a mano.

La dispersión es, en sí misma, un dato político: nadie —ni en Balcarce 50 ni en La Plata ni en San José 1111— tiene certeza de un triunfo en primera vuelta, lo que convierte a la propia interna peronista en una variable decisiva para el resultado final.

Ese dato alimenta ambas posiciones dentro del kicillofismo. Para los que empujan la vía de la unidad negociada, una fractura visible con La Cámpora resta los votos que hoy explican el achique de la brecha en el ballotage.

Para los que ya dan por perdida la negociación con CFK, en cambio, la lectura es la opuesta: si ninguna encuesta garantiza el triunfo, mejor ir por una construcción propia, sin condicionamientos, aunque eso implique arrancar la carrera con menos caudal electoral asegurado.

La definición, en cualquier caso, no depende solo de Kicillof. Depende también de si el Congreso convalida la eliminación de las PASO que impulsa la Casa Rosada, y de si Cristina Kirchner está dispuesta a ceder en un armado de listas que hoy La Cámpora todavía no acepta discutir en esos términos. Mientras tanto, en La Plata, el silencio hacia afuera convive con una decisión ya tomada hacia adentro: si la unidad no llega, la salida está lista.

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