jueves 04 de junio de 2026 - Edición Nº2738

Lanús | 4 jun 2026

LA PELEA QUE NO SE PUDO O NO SE QUISO ARREGLA

Balladares opositor: la pesadilla política que Julián Álvarez menos deseaba

El dirigente alineado con Axel Kicillof prepara un partido vecinal propio y amenaza con disputar desde adentro del peronismo. La pregunta que sobrevuela Lanús a partir de ahora es, porqué el intendente no pudo contener a uno de los espacios que más contribuyeron a su triunfo.


Por: Ricardo Carossino

La política suele demostrar que los desafíos más complejos para un gobierno no siempre llegan desde la oposición tradicional. A veces aparecen dentro de la propia coalición, en este caso, que hizo posible una victoria electoral.

En Lanús, ese parece ser el caso de Agustín Balladares, referente del Movimiento Evita, ex presidente del Concejo Deliberante, actual asesor del Ministerio de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y el más importante armador territorial del Movimiento Derecho al Futuro (MDF) en el distrito, por su profunda y sostenida inserción social en los barrios.

Balladares, según fuentes consultadas por Política del Sur, avanza en la construcción de un partido vecinal propio y ha decidido ubicarse en la vereda opuesta al intendente Julián Álvarez y tiene resuelto ir por el gobierno local con una profunda improta peronista. Desde los focus group que estudian la interna, opinan que si el ex titular del HCD no es intendente en 2027, La Cámpora se quedaría sin este bastión territorial. 

La novedad no radica únicamente en la decisión de Balladares de construir una herramienta política diferenciada. Lo verdaderamente relevante es el impacto que esa movida puede tener sobre el mapa político local y sobre la capacidad La Cámpora para conservar la unidad que le permitió volver al gobierno municipal después de ocho años de administración macrista.

Desde hace tiempo las diferencias entre el sector que responde a Balladares y La Cámpora dejaron de ser un secreto. La disputa provincial entre el gobernador Axel Kicillof y el sector referenciado en Máximo Kirchner terminó proyectándose sobre Lanús, donde las tensiones fueron creciendo hasta convertirse en una fractura política visible.

La ruptura del bloque peronista en el Concejo Deliberante fue una de las expresiones más contundentes de ese proceso. También lo fueron los cuestionamientos públicos cruzados y las diferencias respecto de la construcción política del oficialismo local. Con el correr de los meses, la convivencia entre ambos sectores se volvió cada vez más difícil.

En ese contexto aparece una pregunta que comienza a circular en distintos sectores del peronismo lanusense: ¿pudo el gobierno municipal contener a un espacio político que formó parte de la construcción que llevó a Julián Álvarez a la intendencia o directamente no quiso hacerlo?

La pregunta no implica desconocer el liderazgo político del jefe comunal ni su centralidad dentro del oficialismo, aunque hay versiones que sostienen un profundo malestar dentro de la misma relación camporista en Lanús.

Pero, a pesar de ciertos malestares en la estructura de Álvarez, Emmanuel González Santalla y Leandro Decusi, el ex viceministro de Justicia para una parte importante de la militancia cristinista, sigue siendo el referente del gobierno en Lanús.

Sin embargo, la salida de Balladares y de una porción significativa de su estructura territorial expone las dificultades que enfrentan los procesos de conducción cuando conviven identidades, tradiciones y proyectos políticos diferentes bajo un mismo frente electoral. A veces es incapacidad, otras es ambición desmedida de poder y en otras oportunidades es evaluar de manera apurada una situación.

En el caso de Balladares y Álvarez, PDSUR está en condiciones de afirmar, que de ambas partes hubo encuentros, directos e indirectos para evitar esta ruptura, pero detalles de gestión, de conducción y de cierta falta de generosidad por parte de La Cámpora provocó el quiebre más temido por el intendente.

Y es precisamente allí donde radica la potencialidad de Balladares como opositor. A diferencia de otros sectores que cuestionan al gobierno desde afuera, el dirigente del Movimiento Evita conoce en profundidad la lógica interna del peronismo local, posee presencia territorial en distintos barrios y mantiene vínculos con organizaciones sociales, dirigentes comunitarios y militantes que durante años compartieron el mismo espacio político. Pero sobre todo, Balladares tiene la posibilidad de consolidar un actor político que tal vez hasta hoy no tuvo la transcendencia (o no se la supieron dar en el Municipio) la Iglesia Católica. 

Eso convierte a su eventual partido vecinal en algo más que una experiencia testimonial. La construcción que impulsa busca interpelar a sectores del electorado peronista desencantados o críticos de algunos aspectos de la gestión municipal, pero que difícilmente migrarían hacia espacios opositores tradicionales. De hecho, aseguraron a este medio que distintos focus group  “ven que la palabra decepción está creciendo aceleradamente en torno al intendente Álvarez”. Algo que seguramente tratará de capitalizar este nuevo adversario interno.

Para Álvarez, el desafío no es menor. No porque exista hoy una amenaza concreta a su liderazgo, sino porque la aparición de una alternativa surgida desde el propio universo peronista puede introducir niveles de competencia política que hasta ahora no existían dentro de su base electoral. Al cabo, ahora sí (y no es biribiri), apareció una fuerte propuesta de consolidación territorial para disputar la misma clientela política.

La paradoja es evidente. El principal problema político que puede enfrentar el intendente en los próximos dos años no parece provenir de quienes estuvieron históricamente enfrente, sino de un dirigente que fue parte del mismo proceso político y que ahora busca construir una referencia propia.

Por eso la decisión de Balladares merece atención. No sólo por lo que representa en términos personales o sectoriales, sino porque refleja una discusión más profunda sobre la representación, la conducción y los límites de la unidad dentro del peronismo de Lanús.

Y en ese escenario, el dirigente axelista aparece hoy como el adversario más incómodo para el oficialismo: alguien que conoce el territorio, que comparte buena parte del mismo electorado y que está dispuesto a disputar poder desde un lugar que ningún opositor tradicional puede ocupar.

Según pudo constatar PDSUR, la prioridad que levanta Balladares es lo que suponen una mala gestión del intendente en cuanto a iluminación, un polémico control de tránsito que, consideran una estrategia de recaudación y una problemática que crece en el Municipio y que tiene que ver con la proliferación de edificios que terminarían colapsando los servicios  y la tranquilidad urbana.

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