sábado 13 de junio de 2026 - Edición Nº2747

Provincia | 23 may 2026

POSTCRISTINISMO

El operativo Kicillof detonó la guerra de La Cámpora y el viejo PJ

Volvió Duhalde sin decir nada. Aníbal Fernández cuestionó el camporismo y Berni castigó al gobernador. Mario Secco agregó lo suyo. En el fondo, el peronismo discute algo mucho más grande: quién manejará la lapicera y la caja política en la era post Cristina.


Por: Ricardo Carossino

La interna del peronismo bonaerense volvió a quedar expuesta en las últimas semanas a partir de una serie de declaraciones cruzadas entre dirigentes históricos del PJ, referentes de La Cámpora y funcionarios cercanos al gobernador bonaerense, Axel Kicillof.

La pregunta que subyase es mucho más profunda y reveladora que el debate público y aún mucho más compleja de la que quizás sus actores alcancen a entender: ¿Se debate un candidato a Presidente, la conducción del PJ o el sello final para que el kirchnerismo no reemplace al peronismo en el relato histórico?

Detrás de los cuestionamientos públicos aparece un debate de fondo: quién conducirá el armado opositor rumbo a 2027 y bajo qué esquema de poder convivirán el kirchnerismo tradicional y el nuevo espacio político que intenta construir el mandatario provincial.

Pero lo cierto es que a un año de que llegue el tiempo de definir candidaturas, lo que más llama la atención es el adelantamiento de los debates internos, como también sucede con Mauricio Macri que no quiere quedar como un pato rengo. ¿Tan caliente está la agenda? Las encuestas y la crisis, están marcado la temperatura sin que Javier Milei, por ahora, consiga cambiar el rumbo de la agenda pública.

La discusión tomó temperatura luego de las críticas del ex jefe de Gabinete y ex ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, contra sectores de La Cámpora y, en paralelo, de las declaraciones de Sergio Berni, quien criticó con dureza al gobernador en medio del debate sobre la estrategia opositora frente al gobierno de Javier Milei. Estas declaraciones llegan dos años después de resaltar que Kicillof había sido el único "capaz" de plantarse a las políticas de Mieli. 

En el medio el intendente de Ensenada, Mario Secco, volvió a levantar el proyecto Kicillof, y salieron a tratarlo de no peronista como un valor negativo en esta interna, como para ir tomando en cuenta que volvió el peronómetro. 

Aunque las tensiones dentro del peronismo no son nuevas, esta vez las diferencias aparecen atravesadas por la proyección presidencial de Kicillof. El gobernador se convirtió, para buena parte del PJ, en el dirigente con mayor volumen político luego de la derrota electoral de 2023 y del retroceso de figuras como Alberto Fernández y Sergio Massa (este último que espera agazapado el momento de reaparecer, cuando su olfato se lo dicte).

En ese contexto, Aníbal Fernández reapareció con fuertes cuestionamientos hacia el funcionamiento interno del kirchnerismo y el peso de La Cámpora en la toma de decisiones. Si bien el dirigente mantiene vínculos históricos con distintos sectores del PJ, en sus últimas intervenciones dejó entrever críticas hacia la lógica de conducción cerrada que, según interpreta, limita el crecimiento político de otros referentes del peronismo.

Las declaraciones no pasaron inadvertidas porque Aníbal Fernández forma parte de una generación histórica del peronismo que convivió tanto con el kirchnerismo duro como con sectores más pragmáticos del partido. Además, arrastra viejas diferencias con Berni y también tensiones políticas con el propio Kicillof desde la gestión nacional del Frente de Todos.

Durante la crisis de seguridad de 2023, el ex ministro nacional había cuestionado públicamente al gobernador bonaerense y a Berni. En una entrevista radial llegó a definir a Kicillof como “un profundo desconocedor de lo que sucede” en materia de seguridad en el conurbano bonaerense.

Aquella pelea dejó heridas políticas abiertas. Berni, por su parte, respondió entonces que “con la provincia de Buenos Aires no se jode” y recordó la derrota electoral de Aníbal Fernández en la elección bonaerense de 2015.

Ahora, el ex ministro bonaerense volvió a escena con cuestionamientos al perfil político del actual gobernador. En declaraciones al programa Clave Política, que conduce el periodista Juan Vega, Berni sugirió que Kicillof “no representa al peronismo”, al tiempo que lo trató de “progre de izquierda”, que si bien se encargó de aclarar que no emitió un juicio de valor, al tiempo que dejó en claro que ese perfil no lo representa y sacó a relucir su apoyo incondicional a Cristina Fernández.

La crítica golpea sobre un punto sensible para Kicillof. El mandatario intenta construir un liderazgo propio sin romper definitivamente con Cristina Kirchner y La Cámpora, sectores que todavía conservan un peso determinante en la estructura partidaria bonaerense y un fuerte poder de daño en el conurbano (más de 9 millones de electores). Ese botín político es lo que explica buena parte de las tensiones internas actuales.

En el entorno del gobernador sostienen que el lanzamiento prematuro de una candidatura presidencial genera resistencia en el kirchnerismo duro, que teme perder capacidad de conducción dentro del PJ del conurbano. Desde sectores vinculados al Movimiento Derecho al Futuro, aseguran que La Cámpora busca “condicionar” al mandatario antes de permitirle consolidarse como candidato nacional.

Del otro lado, dirigentes camporistas consideran que el gobernador aceleró demasiado su posicionamiento presidencial y que utiliza el enfrentamiento interno para victimizarse políticamente. La disputa ya no gira solamente alrededor de nombres o candidaturas, sino también sobre el modelo de conducción que tendrá el peronismo después de Cristina Kirchner, que es quizás lo que no se está diciendo con claridad. Lo que se está debatiendo es el postcristinismo, según mucho aseguran, incluso dentro del kirchnerismo duro.

En ese escenario, las declaraciones de Aníbal Fernández funcionan como un síntoma de un malestar más amplio dentro del PJ tradicional. Varios dirigentes históricos observan con preocupación el peso de las organizaciones juveniles kirchneristas y reclaman una estructura partidaria más horizontal, capaz de contener gobernadores, intendentes y sindicatos.

Y en el medio, como una tercera posición, la aparición de Eduardo Duhalde marcó una instancia que en otro momento podría haber sido trascendente, pero que quedó diluida por un escrache ante el pasado que lo condena del 2002 por la masacre a Avellaneda,  cuando según Clarín, “la crisis había causado dos nuevas muertes”, la de Kosteky y Santillán.

Así, en su modo zen, el cabezón pasó por la Universidad de Lanús sin decir nada, sin atacar a nadie, sin criticar posturas, sin definir posiciones ideológicas, sin elogiar a nadie, sin comprometerse con la interna y la externa. En síntesis, sin brillar y opacado por un silencio incómodo.

Kicillof, mientras tanto, intenta equilibrar fuerzas. Necesita sostener la unidad del peronismo bonaerense para garantizar gobernabilidad en la provincia, pero también busca diferenciarse como la principal figura opositora al gobierno nacional. Esa estrategia lo obliga a navegar entre las demandas de La Cámpora, los intendentes del conurbano y sectores sindicales que reclaman una postura más confrontativa.

Las críticas cruzadas de Sergio Berni y Aníbal Fernández reflejan, en definitiva, una discusión más profunda sobre el futuro del peronismo. El interrogante que atraviesa al PJ es si Kicillof podrá construir una candidatura presidencial competitiva sin romper con el kirchnerismo duro  o si terminará atrapado en una interna permanente que desgaste su liderazgo antes de 2027.

Por ahora, todos los sectores coinciden en un punto: la unidad sigue siendo necesaria para enfrentar al oficialismo libertario. Sin embargo, debajo de esa coincidencia táctica crece una disputa silenciosa por la conducción política del peronismo en la etapa post kirchnerista.

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