miércoles 29 de abril de 2026 - Edición Nº2702

Sociedad | 28 abr 2026

LARROQUE MOVILIZA A INTENDENTES

La Cámpora al borde de un ataque de nervios: Kicillof suma fuerzas y condiciona el indulto a Cristina

La interna K pone en juego algo más que la conducción: el futuro judicial de Cristina. Kicillof acumula músculo mientras La Cámpora endurece su postura. La gran pregunta incomoda a todos. ¿Hasta dónde están dispuestos a tensar?


Por: Ricardo Carossino

La interna del peronismo bonaerense dejó de ser un murmullo incómodo para convertirse en una tribuna de disputa abierta, con implicancias que van mucho más allá del reparto de poder territorial. El gobernador Axel Kicillof se consolida como el principal emergente opositor frente a Javier Milei, pero su verdadero desafío no está solo en la Casa Rosada: está dentro del propio universo kirchnerista, en tensión directa con Cristina Fernández de Kirchner y la estructura de La Cámpora.

En ese marco, la política de gestos se vuelve decisiva. Esta semana, dos movimientos condensan el momento: hoy miércoles 29 de abril, intendentes bonaerenses impulsados por el ministro Andrés Larroque avanzarán con un reclamo al Gobierno nacional por el financiamiento del Servicio Alimentario Escolar (SAE) y luego se reunirán con Kicillof. En paralelo, el gobernador exhibió una foto de alto impacto político junto a la CGT y las dos vertientes de la CTA.

La pregunta de fondo sigue siendo la misma: ¿son respuestas a demandas urgentes o movimientos calculados dentro de la interna?

El reclamo por el SAE es concreto y responde a una necesidad real en medio del ajuste. Sin embargo, la decisión de enmarcarlo políticamente, con una reunión posterior con el gobernador, introduce otra dimensión. Los intendentes podrían haber gestionado el reclamo sin necesidad de esa foto. Pero la foto existe, y en política las imágenes siempre dicen más que las declaraciones oficiales.

Desde el Movimiento Derecho al Futuro se busca mostrar volumen propio. Intendentes, sindicatos y ministros alineados empiezan a configurar un esquema que, sin romper formalmente, marca distancia de La Cámpora. El rol de Larroque es clave en esa transición: de dirigente central del kirchnerismo a articulador de una construcción alternativa dentro del mismo espacio.

La escalada reciente de declaraciones bajo la consigna “Cristina Libre” terminó de tensar la cuerda. Sectores del kirchnerismo duro comenzaron a deslizar críticas hacia el gobernador, cuestionando su nivel de confrontación y su posicionamiento político. Kicillof, lejos de responder en ese terreno, eligió otro lenguaje: acumulación territorial y respaldo sindical.

La foto con la CGT y las CTA no solo muestra unidad sindical en un contexto de crisis. También proyecta un mensaje interno: el gobernador puede construir poder sin depender exclusivamente del aparato camporista. Es, en los hechos, un ensayo de liderazgo.

Pero el dato más incómodo —y menos explicitado— atraviesa toda la discusión: si Kicillof logra consolidarse como candidato competitivo y el peronismo se ordena detrás suyo, se abre una posibilidad concreta de disputar el poder nacional. Y con ello, una eventual herramienta política clave: el indulto presidencial.

Ahí aparece la pregunta que sobrevuela en voz baja, pero cada vez con más fuerza en la dirigencia: ¿los sectores más duros del kirchnerismo estarían dispuestos a tensar —o incluso romper— con un peronismo unificado detrás de Kicillof, aun si eso implica resignar la única chance real de recuperar el poder y, con él, la posibilidad de un indulto para Cristina? ¿La Cámpora está enfrentada, enojada o atemorizada por el liderazgo de Kicillof?

No es una hipótesis menor. Porque en esa disyuntiva se cruzan dos lógicas: la de la conducción política y la de la supervivencia judicial. Apostar a debilitar a Kicillof puede preservar cuotas de poder interno, pero también podría facilitar la continuidad de Milei y cerrar cualquier ventana de retorno.

En ese equilibrio inestable, cada movimiento adquiere otra densidad. El reclamo por el SAE deja de ser solo gestión. La foto con los sindicatos deja de ser solo respaldo. Todo empieza a leerse como parte de una estrategia mayor.

La interna, entonces, ya no es solo una disputa de nombres o espacios. Es una pulseada sobre el futuro del peronismo y, en última instancia, sobre sus prioridades. Entre la acumulación de poder y la resolución de una situación judicial que condiciona a su principal figura, el kirchnerismo enfrenta una decisión que puede redefinir su destino.

Y en ese tablero, Kicillof avanza. No sin resistencia. No sin costos. Pero con una premisa cada vez más clara: la conducción no se hereda, se construye. Política del Sur intentó la confirmación de esta encrucijada en que habría caído La Cámpora como estrategia de poder, pero no logró que alguien pusiera el ok en la teoría, pero nadie tampoco negó está lectura y los silencios a veces son más fuertes que las palabras.

Más Noticias

NEWSLETTER

Suscríbase a nuestro boletín de noticias