domingo 19 de abril de 2026 - Edición Nº2692

Sociedad | 19 abr 2026

¿INTERNA O MIEDO AL CARPETAZO?

¿Por qué Larroque acelera la candidatura de Ferraresi? Misterio, detrás de una apuesta prematura

Con la mirada puesta en 2027, el ex Campora impulsa al intendente como sucesor de Kicillof. ¿Este es un movimiento estratégico o una jugada por temor? Las razones saltan a la vista frente a un “carpetazo” que podría dejarlo fuera de juego.


Por: Ricardo Carossino

En el ajedrez siempre conviene desconfiar de las jugadas demasiado tempranas. En la política bonaerense, la decisión de Andrés Larroque de instalar públicamente a Jorge Ferraresi como posible sucesor de Axel Kicillof parece responder más a una estrategia de posicionamiento interno que a una construcción electoral madura. La movida, lejos de ordenar, deja al descubierto una serie de tensiones que atraviesan al peronismo y que podrían explicar el apuro del ministro.

Una primera clave para entender la jugada está en el calendario político de Ferraresi. El intendente de Avellaneda enfrenta una limitación concreta: no tiene reelección indefinida. Ese dato lo obliga a definir su futuro en el corto plazo, y convierte cualquier intento de proyección provincial en una necesidad más que en una opción. El mandamás del peronismo de Avellaneda, fundamentalmente así como el gobernador, está obligado a proyectar “algo”, como dijo a Política del Sur un dirigente de su riñón para no quedar como “pato rengo”.

En ese contexto, la promoción anticipada funciona como una forma de evitar que su figura quede atrapada en una transición local sin destino claro frente a candidatos y candidatas que aspiran seriamente a sucederlo en el Municipio contra las aspiraciones familiares por parte de su esposa Magdalena Sierra.

El dirigente consultado que trabaja desde hace años con Ferraresi, opinó en Off, que el intendente “no tiene una instalación real fuera de Avellaneda” y dio como ejemplo en el marco de una crítica a su poder político, un intento por “terciar” en la interna del PJ de San Miguel el mes pasado poniendo un enviado propio para impulsar una lista (el secretario Legal y Técnico Marcelo Fisicaro) que terminó por perder la interna.

Ferraresi nunca armó nada serio y la militancia local no tiene contacto con él que aparece solamente para decir quien lo acompaña en la lista de concejales cada dos años y no conduce el PJ y así no puede pretender conducir un proceso en toda la provincia. No cierra”, explicó este dirigente de las bases populares del municipio.

Pero el factor determinante parece estar del lado de Larroque. El ministro, ex integrante de La Cámpora y hoy distanciado de la conducción de Máximo Kirchner, viene construyendo un perfil propio dentro del oficialismo bonaerense. Su enfrentamiento con el núcleo duro camporista no es nuevo, pero en los últimos meses se volvió más explícito, tanto en declaraciones como en movimientos políticos.

En ese marco, impulsar a Ferraresi no sería sólo una apuesta electoral, sino una jugada táctica dentro de la interna. El intendente de Avellaneda mantiene un conflicto abierto con el senador provincial Emmanuel González Santalla, uno de los referentes de La Cámpora en el distrito. Al respaldarlo, Larroque no sólo potencia a un dirigente territorial, sino que también fortalece a un aliado en una disputa directa contra el camporismo.

La hipótesis que circula en distintos sectores del peronismo es que el apuro por instalar a Ferraresi responde a la necesidad de marcar territorio frente a La Cámpora antes de que el escenario de 2027 empiece a definirse con mayor claridad. En otras palabras, se trataría de anticipar la pelea y condicionar el armado futuro, colocando un nombre propio en la mesa cuando todavía no hay candidaturas consolidadas.

Sin embargo, esa estrategia tiene costos evidentes. El principal es que expone a Ferraresi en un momento en el que su situación política dista de ser sólida. La interna en Avellaneda con González Santalla sigue sin resolverse y, lejos de atenuarse, muestra signos de profundización. La coexistencia de estructuras enfrentadas dentro del mismo espacio no sólo debilita la gestión local, sino que proyecta una imagen de fragmentación que juega en contra de cualquier aspiración provincial.

A esto se suma la resistencia de otros intendentes del conurbano que también se posicionan para la carrera hacia la gobernación (Federico Otermín, Julio Alak, Malena Galmarini, Mariano Cascallares). En ese universo, la aparición temprana de un candidato impulsado por un sector específico puede ser leída más como una provocación que como una síntesis, lo que dificulta la construcción de consensos amplios.

El frente judicial y mediático agrega otro elemento de En las últimas semanas, el nombre de Ferraresi volvió a quedar en el centro de la escena a partir de una denuncia por presunta administración fraudulenta y tráfico de influencias vinculada a la adjudicación de obras del programa Procrear durante su paso por el Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat.

La investigación también menciona al ex presidente Alberto Fernández y pone el foco en contratos otorgados a la empresa Niro Construcciones SA, presuntamente relacionada con Lorena González del Valle, ex participante del reality Gran Hermano. Aunque la causa se encuentra en una etapa preliminar, el impacto político es inmediato.

En un dato que suma ruido a la interna, distintas versiones señalan que la difusión de la denuncia habría tenido impulso desde sectores vinculados a La Cámpora. De ser así, el escenario se vuelve aún más áspero: la disputa deja de ser exclusivamente política para incorporar también el terreno mediático y judicial como campo de batalla.

Así, la teoría del apuro de Larroque encuentra otro posible fundamento: consolidar a Ferraresi antes de que el desgaste avance y limite sus posibilidades. Instalar su nombre ahora podría ser una forma de blindarlo políticamente frente a ataques internos y de darle volumen propio en una discusión que recién comienza.

Sin embargo, la pregunta que sobrevuela es si esa aceleración no termina siendo contraproducente. Lejos de fortalecerlo, la exposición temprana lo coloca en el centro de todas las tensiones: internas sin resolver, denuncias en agenda y una competencia creciente dentro del peronismo.

Además, su crecimiento aparece inevitablemente asociado a un sector en conflicto con otro, lo que condiciona su capacidad de convertirse en una figura de síntesis. En una provincia donde la unidad suele ser determinante para ganar elecciones, ese factor puede convertirse en una debilidad estructural.

En definitiva, la movida de Larroque parece responder a una lógica de acumulación interna más que a una estrategia electoral consolidada. En ese esquema, Ferraresi funciona tanto como candidato potencial como pieza en una disputa mayor.

De cara a 2027, el intendente de Avellaneda enfrenta un desafío complejo: transformar una candidatura impulsada por necesidad y estrategia ajena en un proyecto político propio, capaz de trascender las internas que hoy lo condicionan.

Por ahora, la jugada ya está en marcha. La incógnita es si el adelantamiento será una ventaja o si, por el contrario, terminará exponiendo antes de tiempo las debilidades de una construcción que todavía no logra afirmarse.

 

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