viernes 19 de junio de 2026 - Edición Nº2753

Sociedad | 12 abr 2026

¿FERRARESI EN SU ÚLTIMO MANDATO?

Crisis o campaña política: ¿Qué ocultan las crecientes quejas por la basura en Avellaneda?

Según varias voces opositoras y hasta oficialistas, la situación de la recolección de residuos ha empeorado y se convierte en un tema de debate candente. ¿Realmente el intendente ha perdido el rumbo con esta gestión? Ferraresi enfrenta un desafío inesperado en medio de una ciudad que se debate entre la sucesión política y los servicios públicos.


Por: Ricardo Carossino

¿Qué está pasando con la recolección de residuos en Avellaneda? ¿Es cierto que, a pesar de la municipalización, el servicio no está cumpliendo las expectativas de los vecinos? ¿Será que Jorge Ferraresi ha perdido la “muñeca” política para conducir o administrar los servicios públicos de la ciudad?

Las críticas desde la oposición no se han hecho esperar, y algunos actores señalan que el intendente ya no tiene el control de un sistema vital para el municipio. ¿Es la recolección de residuos el nuevo frente de batalla que podría costarle caro al oficialismo en las próximas elecciones?

Lucas Yacob, concejal del bloque PRO en Avellaneda, denunció que "pasa algo extraño" con la recolección de residuos en el distrito. En diálogo con Política del Sur alertó que "nadie habla de estos temas" en el Concejo Deliberante.

“Hace unos meses viene pasando algo bastante extraño con el tema de la recolección de basura”, comentó y señaló que desde la colocación de contenedores de basura, el camión recolector pasa con menos frecuencia, por lo que se producen desbordes y que los vecinos tiren los residuos en cualquier parte. “Es un reclamo generalizado en cada rincón que vamos", precisó.

De cualquier manera, fuentes del oficialismo que consultó Política del Sur, si bien admiten una “pérdida” de calidad en el servicio, aclaran que la realidad está muy lejos de lo que la oposición remarca como una “falla” y que el Municipio tiene sus calles limpias.

A Ferraresi poco y nada le importan la críticas opositoras y nunca las contesta, pero muchos de quienes militan en sus filas, le critican esto y otras cosas más, como su supuesto compromiso con la militancia de base peronista en los barrios: “Dice que es un conductor político, pero la verdad es que elige hacer sus propia estrategia entre él y los vecinos y eso le da resultado”.

Estos dos años que siguen, no son un tema menor para un intendente que ya debe pensar en dejar un sillón caliente con alguna heredera como su esposa Magdalena Sierra, con alguna aliada como la presidenta del consorcio de gestión de Dock Sud, Mónica Litza o de un candidato opositor que pueda capitalizar el descontento de los vecinos.

¿Pero cuál es la historia detrás de esta polémica que desata una realidad imperiosa que pide ser atendida más allá de la indiferencia de Ferraresi? Basura, trabajadores en conflicto permanente, mugre en las calles, lucha política entre oposición y oficialismo y sobre todo, la viruta que muchas veces deja el sistema: personas sin techo que revuelven los residuos buscando cosas para vender y hasta comida.

En 2020, el municipio de Avellaneda tomó una decisión que lo diferenció del resto del conurbano bonaerense: estatizar completamente el servicio de recolección de residuos. Bajo la gestión del intendente, el distrito dejó atrás un esquema tercerizado —basado en cooperativas vinculadas al Sindicato de Camioneros— para pasar a un modelo de gestión directa estatal. A más de cinco años de ese cambio, el sistema muestra resultados concretos en términos fiscales, pero también limitaciones en su funcionamiento cotidiano y en su impacto ambiental.

Antes de la municipalización, la recolección estaba en manos de la cooperativa Gestionar Ltda., que operaba con trabajadores encuadrados en el convenio de Camioneros. Este esquema implicaba una intermediación entre el Estado y el servicio, con costos asociados a la estructura cooperativa y menor control operativo por parte del municipio. Según datos oficiales, unos 340 trabajadores participaban del sistema, que ya entonces combinaba elementos públicos y privados.

El punto de inflexión llegó en 2020. En un contexto atravesado por la pandemia y tensiones económicas, el Ejecutivo local impulsó la rescisión del contrato con la cooperativa y el traspaso de todos los trabajadores a la órbita municipal. La medida fue aprobada por el Concejo Deliberante con amplia mayoría y comenzó a regir el 1 de diciembre de ese año. El argumento central fue económico: eliminar la intermediación permitiría ahorrar más de 500 millones de pesos anuales, al evitar el pago de impuestos y costos empresariales.

Sin embargo, la transición estuvo lejos de ser lineal. El principal conflicto giró en torno al encuadre laboral de los trabajadores. Mientras el municipio buscaba incorporarlos a su planta, el Sindicato de Camioneros defendía las condiciones salariales existentes, superiores a las del empleo municipal promedio. El acuerdo final estableció una solución intermedia: los trabajadores pasaron al Estado, pero mantuvieron el convenio camionero. Este punto fue clave para destrabar la negociación, aunque dejó como herencia una estructura laboral singular dentro del ámbito municipal.

Desde entonces, Avellaneda opera un sistema de recolección 100% estatal. El municipio administra la flota, organiza las rutas y gestiona al personal. El servicio incluye recolección domiciliaria, retiro de residuos voluminosos, puntos limpios y, más recientemente, un esquema de recolección diferenciada que separa residuos orgánicos, reciclables y sanitarios en distintos días de la semana.

Pero como dijo Yacob, pasan cosas extrañas. Política del Sur indagó en el tema y un concejal oficialista relató lo siguiente: “Está claro que algo esa pasando por qué la ciudad está un poco más sucia y la gente está empezando a quejarse de eso”.

En ese sentido afirmó: “Hay un tema con la diferencia que existe entre los que vienen de camioneros (anterior contrato Cuando era privado) y los municipales. Se genera ahí un quilombo por diferencia de ingresos y prestaciones.

Al respecto añadió: “En el 2020 cuando se armó este esquema se mantuvo a los que venían de camioneros con ese convenio y eso nunca se subsano por qué hay  confluencia de dos convenios (diferentes sueldos y beneficios) para el mismo trabajo”.

Otra fuente del oficialismo fue más indulgente que el concejal anterior: "Ferraresi tiene mucho defectos como líder político, pero es muy buen administrador de la cosa pública. Es verdad que la calidad del servicio no es la misma de antes".

En ese sentido explicó: "Antes había más personal que cobraba de planes del gobierno nacional y que ahora perdieron ese beneficio que recortó Milei. Pero aun así el servicio es bueno".

Respecto de la crítica de Yacob añadió: "La oposición busca en la basura críticas que no se condicen con la realidad. No tienen otra cosa. Ferraresi será lo que será, pero el Municipio lo mantiene bien, lo ordena y por eso gana las elecciones, no por ser un conductor político".

En línea con lo anterior,  el referente del PRO expresó que la recolección de basura se ejecuta desde la Secretaría de Obras y Servicios Públicos, pero “no lo están haciendo y están teniendo un problema grave que afecta a todos los vecinos”. “Hay un problema con la recolección que viene de hace tiempo y que se está profundizando. Hoy lo vemos con distintas otras cuestiones, como es la inseguridad y las inundaciones”, señaló.

En términos estructurales, el sistema presenta características modernas. Existe una zonificación del territorio, cronogramas definidos y herramientas digitales para la interacción con los vecinos. También se han impulsado campañas de concientización y políticas de separación en origen. Desde el discurso oficial, el objetivo es reducir el volumen de residuos enviados a rellenos sanitarios y avanzar hacia una gestión más sustentable.

No obstante, la evaluación de la eficiencia real del sistema arroja resultados mixtos. En el plano económico, la municipalización aparece como un acierto. La eliminación de intermediarios y la gestión directa permiten reducir costos de manera significativa, en línea con experiencias similares en otras ciudades donde el Estado tiene capacidad operativa propia.

El panorama cambia cuando se analiza el funcionamiento cotidiano. Si bien el diseño del sistema es sólido, no hay evidencia de una optimización logística avanzada, como el uso de algoritmos de ruteo dinámico o tecnologías de “smart waste”, cada vez más comunes en grandes centros urbanos. Esto sugiere que la operación sigue basándose en esquemas tradicionales, con menor eficiencia potencial.

A esto se suman reclamos vecinales recurrentes por fallas en la regularidad del servicio: contenedores desbordados, demoras en la recolección y problemas de limpieza en distintos barrios. Aunque estos problemas no son exclusivos de Avellaneda, afectan la percepción pública y ponen en cuestión la eficacia operativa del sistema.

En el plano ambiental, los avances también son parciales. La implementación de la recolección diferenciada y la existencia de puntos limpios representan pasos en la dirección correcta. Sin embargo, no hay datos públicos detallados sobre el porcentaje de residuos efectivamente reciclados o la reducción del enterramiento. Esta falta de indicadores dificulta evaluar el impacto real de las políticas ambientales.

Otro punto crítico es la estructura laboral. Mientras el segmento de recolección formal presenta altos niveles de estabilidad y salarios relativamente elevados —producto del convenio camionero—, el circuito del reciclado sigue dependiendo en gran medida de cooperativas y trabajadores informales. Esto configura un sistema dual, con fuertes desigualdades internas y desafíos en términos de integración social.

La experiencia deja una conclusión abierta: ¿la estatización por sí sola no garantiza un servicio óptimo? La eficiencia en la gestión de residuos depende no solo del modelo de administración, sino también de la capacidad de innovación, la transparencia en los resultados y la integración de todos los actores del sistema.

Lo cierto es que los canales entre el Estado y la gente, como las redes sociales están abandonados y el IG de la gestión de residuos no hay publicaciones desde 2022 y la cuenta de reciclado directamente está caida. Por lo que la comunicación en materia de higiene pública no parece ser una prioridad para este gobierno municipal. En ese terreno, según la oposición PRO, Ferraresi estaría debiéndole algo más a los vecinos que pagan la tasa de Servicios Generales.  

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