jueves 07 de julio de 2022 - Edición Nº1310

Nación | 22 mar 2022

INFORME ECONÓMICO

El mundo en convocatoria de acreedores

Informe de Coyuntura correspondiente al mes de marzo de 2022 realizado por el Dr. Carlos Alberto Ragonesi y editado por la Fundación Buenos Aires XXI.


En la web del Fondo Monetario Internacional (FMI) se puede leer, como consecuencia de la crisis financiera internacional y la profunda recesión mundial, que la deuda planetaria ha alcanzado la cifra récord de 226 billones de dólares al cierre de 2020. Según esa web, dicha cifra representa, estimativamente, 256% del Producto Bruto Interno (PBIM) mundial, por lo tanto, esa página virtual lo calcula aproximadamente en 88,30 Billones de dólares.

Esta cifra es muy cercana al cálculo que registra la web del Banco Mundial (BM) donde el PBIM a precios actuales arroja un resultado de 84,68 billones de dólares.

Dado que, se está trabajando con datos estimados, si se toma un valor promedio, se podría establecer el PBIM de 2020 en 86,50 billones de dólares, esto significa que la deuda total que debe el mundo supera a su propio PBI en algo más de dos veces y media, aproximadamente.

Otra manera de leer estos datos es que, estos números reflejan que el mundo debe trabajar al menos dos años y medio, sin consumir absolutamente nada, para poder pagar semejante nivel de endeudamiento.

La pandemia del virus SARS-CoV2, denominada COVID-19 ha sido un formidable disparador de los niveles de endeudamiento, porque los gobiernos han apelado a esa herramienta financiera para sortear los problemas de caída de la actividad originados por el coronavirus.

La deuda global aumentó en un solo año más de una cuarta parte de lo que aumentó en toda la década anterior.

Para visualizar mejor el problema manifestado en los párrafos anteriores, se exponen a continuación los gráficos de PBI y de deuda, mundiales.

Dado que los períodos no son iguales, los datos no se pueden graficar en uno solo.

En el gráfico que se expone en la página siguiente, calculado en billones de euros, curiosamente se puede observar que las más grandes, desarrolladas y exitosas economías del mundo son las más endeudadas:

Lideran EEUU: Eu$ 22,94 y China: Eu$ 16,86. Seguidas por Japón: Eu$ 5,1; Alemania: Eu$ 4,23; Inglaterra: Eu$ 3,11; India: Eu$ 2,95 y Francia: Eu$ 2,94.

En el gráfico, provisto por https://magnet.xataka.com, se pueden visualizar las diferentes magnitudes de los grandes deudores.

Como se ve, el mundo está en problemas.

En los manuales de economía, la “mainstream” (tendencia dominante) es conteste en determinar que la deuda de los países no debiera exceder 60% del PBI para no imposibilitar la capacidad de repago.

De acuerdo con los datos suministrados y, como ya se dijo, el mundo se encuentra en más de dos veces y media la relación Deuda/PBI. Si le aplicáramos a este planeta las reglas del derecho concursal, estaríamos en condiciones de afirmar que se encuentra en convocatoria de acreedores. O, dicho de otro modo, el capitalismo financiero ya es dueño de la totalidad del orbe. (Si pudiera me anexaría los planetas – Cecil Rhodes).

¿El virus vino o lo trajeron?

Algunas versiones informan que el Covid-19 nació en un plato de sopa de murciélagos, pero, si todo caldo hierve a 100 grados ¿Cómo se comprende que un virus sobreviva cuando se sabe que muere a los 70 grados?

Otras versiones establecen su origen en las pruebas de laboratorios.

Todo esto es materia de estudios que aún no han dado resultados confiables.

Lo cierto es que este virus le vino “como anillo al dedo” al capitalismo financiero, el que sabía que la relación “Deuda/PBI” era insostenible en el tiempo, que la crisis era inevitable y, por lo tanto, sería también inevitable conocer el grado de responsabilidad que ese capitalismo financiero tendría en el hundimiento de la economía real.

Pero apareció una pandemia que destruyó a la economía del mundo y se la culpó de la crisis.

Hay quienes sostienen que fue casualidad, hay quienes sostienen que no lo fue.

Tal vez sea casualidad, tal vez no, que la aparición del virus se haya producido en el tiempo justo en que la crisis de deuda estaba a punto de estallar.

De no haber aparecido, las miradas del mundo económico se habrían dado cuenta que las finanzas se estaban devorando a la economía real, porque hubiera quedado en evidencia de que el PBI mundial no alcanzaba para pagar el endeudamiento al que se había sometido al planeta.

La triple victoria del capitalismo financiero

El mundo se desplomó como consecuencia de una pandemia endemoniada y el capitalismo financiero logró, con o sin intención, los siguientes beneficios:

1) No se ha culpado a las finanzas de la destrucción de la economía mundial, sino a un virus que puso a todo el planeta en jaque.

2) Se eliminó gran parte de la población mundial. El capitalismo financiero siempre fue temeroso que el exceso de población pusiera en peligro su situación de confort.

3) La crisis de salud determinó que el mundo sintiera la necesidad de obtener más asistencia financiera. Ello determinará un mayor distanciamiento de la deuda con respecto al PBI y a continuar enriqueciendo al capitalismo financiero.

Quedarse en casa, recibir multas por concurrir a trabajar presencialmente o usar barbijos para circular por la calle, o que -obligatoriamente- recibir la aplicación de vacunas cuya calidad científica se encuentra cuestionada, porque sin ese requisito no se podrán realizar viajes y/o ciertas actividades y otras prohibiciones de dudosa legalidad o constitucionalidad que varían según cada país:

¿Habrán sido propuestas del banco de cerebros, que trabaja bajo la supervisión del nuevo orden mundial, para probar hasta dónde pueden imponerle condiciones a los que habitamos este mundo?

Las personas de a pie, es decir, que viven de su esfuerzo y su trabajo (cuando lo tienen), entre tanto, ignorantes de las causas de su propia desgracia, van a seguir pagando sus deudas y cuotas con intereses incluidos (por supuesto) y también sus impuestos cada vez más gravosos, porque los gobiernos deben obtener de algún modo los ingresos que logren balancear los presupuestos públicos y así, pagar las deudas que los Estados han contraído en este contexto que se ha intentado explicar en el desarrollo del presente informe.

Fundación Buenos Aires XXI

Dr. Carlos Alberto Ragonesi

Secretario Ejecutivo

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