jueves 07 de julio de 2022 - Edición Nº1310

Nación | 23 feb 2022

PANORAMA

Informe económico: La herramienta equivocada

Fue realizado por el Dr. Carlos A. Ragonesi y editado por la Fundación Buenos Aires XXI.


Por imposición del Fondo Monetario Internacional (FMI) el Banco Central (BCRA) ha decidido aumentar la tasa de interés de 40% y 44% a 42,5% y 47% anual para LELIQ a 28 y 180 días respectivamente; y de 37% y 39% a 39,5% y 41,5% anual para plazos fijos.

El periodista Javier Blanco ha calculado que la suba de tasas incrementará los intereses que el BCRA les paga a los bancos en $ 115.000 millones al año por Leliq y pases pasivos1 (los banqueros eternamente agradecidos).

El Dr. Miguel Pesce, presidente de la entidad monetaria, ha dicho que la suba de tasas no será trasladable a las activas para el caso de la toma de créditos.

En enero de 2014 cuando el entonces ministro de Economía Axel Kicillof desató una fuerte devaluación, a pesar que dijo muchas veces (y también la primera mandataria) que no iba a tolerar ajustes en la economía, también dijo que la devaluación no iba a ser trasladada a precios, pero la realidad le pasó por encima.

Por lo tanto, esas afirmaciones temerarias que contradicen a las leyes de la economía y solo sirven para hacer manifestaciones de tono político, no pueden ser tomadas con seriedad.

La tasa de interés como herramienta regulatoria

En la mayoría de los países, la suba de la tasa de interés se utiliza para frenar un impulso inflacionario.

La tasa de interés puede ser usada como herramienta anticíclica en una economía llevada en forma racional que se encuentre incluida dentro de la “Teoría de los movimientos ondulatorios” (ciclos económicos).

La Reserva Federal de EE.UU. la usa de esa manera y también el Banco Central Europeo afectado a la zona del Euro.

Este método deja de tener esos efectos en economías descontroladas con altos niveles de deuda, inflación, déficit fiscal y debilidades estructurales, como la nuestra. Raúl Prebisch nos ha legado en sus enseñanzas que cuando el ciclo está en ascenso, es necesario lentificar su velocidad para retardar la llegada al punto de auge, porque inevitablemente allí, como una condición natural del sistema capitalista, luego vendrá la etapa de descenso.

En tal caso es necesario que el BCRA adopte dos decisiones: subir los tipos y absorber moneda.

Y cuando el ciclo entra en la etapa descendente o de depresión (esto es una vez que pasó el punto de auge), la orden del BCRA será bajar los tipos y expandir moneda para lograr un rápido recupero del nivel de actividad.

Reitero que estas consideraciones de política anticíclica del Dr. Prebisch son para una economía relativamente normal, administrada de una manera racional.

La Argentina no pertenece a estas categorías.

Los intereses y su forma de condicionar la economía

Las variaciones en la tasa de interés deben ser analizadas desde dos puntos de vista: el del empresario y el del consumidor.

Si la tasa sube, el crédito se encarece, el empresario no se endeuda y frena sus proyectos de inversión.

El consumidor tal vez prefiera aprovechar una tasa alta para ahorrar y diferir el consumo para más adelante.

La economía se enfría y entra en recesión, pues los dos motores que la impulsan, la inversión y el consumo, se apagan.

Si la tasa baja, el empresario toma créditos para invertir y el consumidor no es tentado a ahorrar, ergo consume: Hay impulso en la economía.

Entonces… ¿los intereses son inocuos o perjudiciales para la economía? Para analizar este tema debemos tener presente dos clases de escenarios

1) Si los intereses son inferiores a las cantidades producidas

2) Si los intereses son superiores las cantidades producidas

En el primer caso, son inocuos para la economía, porque son absorbidos por la mayor cantidad producida, en igualdad de condiciones en las que el préstamo fuese dirigido a invertirse en tecnología o mano de obra, donde la mayor cantidad de unidades hace un reparto de los costos en forma tal que a veces hasta logra bajar el precio inicial.

El segundo caso no es tan sencillo, si los intereses no pueden ser absorbidos por las cantidades, el exceso incrementa los costos y se traslada a precios.

Este es el escenario donde los intereses generan inflación, pero a partir de este último aserto es necesario saber qué actitud va a tomar el BCRA.

Si emite dinero en un contexto que devino en inflacionario por lo mencionado en el párrafo anterior, alimenta una inflación de demanda, la que de persistir en el tiempo tiene serias posibilidades de transformarse en una inflación cambiaria, dado que el exceso de liquidez suele hacer presión sobre el tipo de cambio ante el peligro de una desvalorización en ciernes.

La elevación de la cotización de los tipos de cambio incentiva la inflación de costos, esto es así porque la Argentina es importadora dependiente y no consigue fabricar un producto terminado sin que no exista algún componente importado.

Con esta última característica comienza un proceso de feed back, o de retroalimentación de la inflación que comienza a trotar primero y a galopar luego como un potro descontrolado.

La inflación va mutando “demanda-cambiaria-costos”, cada vez con mayor empuje y menos posibilidades de ser controlada.

En lugar de atacar las causas de la inflación (que en este caso que estamos tratando, es la debilidad de la oferta con respecto al crecimiento de los costos por culpa del interés), normalmente el Banco Central de Argentina y de la mayoría de los países del mundo, utilizan el remedio monetarista de elevar los tipos para bajar los precios de manera tal que la economía se enfríe y entre en recesión, entonces nos vamos a encontrar con que este medicamento (que es apto para economías sanas donde el ciclo se encuentra en ascenso) es totalmente erróneo en economías con diagnóstico equivocado como el expuesto, donde el incremento de los precios no proviene de posicionarse en un punto ubicado en el ascenso del ciclo, sino en el castigo que los intereses le infligen a los costos empresarios.

En este escenario, con la excusa de combatir la inflación (que erróneamente es lo que normalmente se hace) se eleva aún más la tasa de interés, se corre el riesgo de profundizar la inflación de costos y sería lo mismo que apagar el fuego con nafta.

Si en este mismo escenario, donde los intereses superan a las cantidades producidas, el BCRA en lugar de hacer una expansión monetaria decide hacer astringencia en la emisión, entraremos en stagflation (estanflación), es decir, recesión con inflación. Inflación, porque los intereses son superiores a las unidades producidas y recesión, por la astringencia monetaria del BCRA donde no existe liquidez para pagar los intereses.

Dado que la economía ha entrado en su fase descendente, la respuesta lógica del BCRA debiera ser bajar los tipos para buscar el resurgimiento del nivel de actividad, pero si persiste exageradamente en esta actitud, se podría generar una inflación de demanda que mutaría a cambiaria y luego a otra de costos, como ya se dijo más arriba.

Utilizar una tasa de interés elevada para contener la inflación, cuando la causa obedece a problemas estructurales ajenos a la dinámica de los movimientos ondulatorios del sistema capitalista es utilizar la herramienta equivocada.

Conclusión

En conclusión, cualquiera sea el escenario donde los intereses no resulten absorbidos por los volúmenes de producción, la tasa de interés resulta nociva para la economía. Esto se da normalmente en situaciones de pleno empleo, dado que, en otras situaciones, la variable de ajuste es el salario, el que se deberá achicar para dar cabida a la expansión de la tasa de interés dentro de los costos empresarios (¿los bancos comerciales nunca pierden?).

Pero en el caso que el salario sea una variable inelástica a bajar su nivel, la variable de ajuste es el desempleo.

Normalmente es el sector laboral, que posee ingresos fijos, el que paga todas las consecuencias.

Dicho de otra manera: El incremento de la tasa de interés ralentiza el movimiento de la rueda en la cual se desarrolla la economía.

Si con esta actitud no se logra bajar los precios (lo cual es casi imposible por la baja elasticidad que tienen con respecto a los salarios), el ajuste va entonces por la vía de la ralentización del modelo que, de persistir en esa actitud, luego entra en recesión, pasa después a depresión y termina en crisis con una nueva devaluación, la que es necesaria para equilibrar el sector externo con el interno por el desfasaje que se produce en los precios de los bienes transables con respecto a los internacionales y la necesidad que tiene el erario de contar con una balanza de pagos superavitaria, para poder pagar la deuda y evitar el paro en la economía por falta de importaciones. Paradoja: Se ha elevado la tasa de interés para contener a la inflación y, por ende, para evitar la devaluación a corto plazo, pero no se podrá evitarla a largo plazo, porque las variables que originan a la inflación, si los precios no bajan, permanecerán incólumes y gozarán de buena salud y dichas variables no podrán ser contenidas con movimientos monetario-financieros dado que no existe, en el diagnóstico y en la solución, una relación de causa a efecto.

Insisto, la herramienta utilizada es equivocada.

Esta es la receta monetarista de neto corte neo liberal que el FMI le ha impuesto a la Argentina, Grecia, Turquía y demás países endeudados, donde la solución propuesta no es el desarrollo de la economía para que se pueda pagar la deuda externa, sino el ajuste de la economía para achicarla y disminuirle al país deudor las posibilidades futuras de lograr un desarrollo económico.

La propuesta del FMI es obligar a sus deudores a evitar el desarrollo de las economías, a consumir menos y padecer necesidades y con lo que sobra, pagar la deuda.

Es una herramienta geopolítica antes que económica, donde los países de la periferia se transforman en colonias tributarias de los que están en el centro, donde la deuda se paga, no con el exceso y el desarrollo económico, sino con el defecto y la destrucción de la economía, por sobre todas las cosas, se paga con el hambre y la miseria de sus clases menos pudientes.

La Argentina, que padece el síndrome de una economía en permanentes ciclos de frenado y arranque (teoría del stop and go) que conducen inevitablemente a generar restricciones en su sector externo por falta de divisas, que carece de un plan económico que permita visualizar un futuro promisorio, con su poderío industrial semi destruido desde el 24 de marzo de 1976 hasta la fecha actual, con la firma de alrededor de 60 tratados internacionales que condicionan sus decisiones soberanas y con su variables estructurales anquilosadas y nunca atacadas por gobierno alguno en los últimos 46 años, lo que menos necesita es subir las tasas de interés, porque de hacerlo, profundizará los problemas que arrastra desde tiempos inmemoriales.

En tal sentido, es necesario derogar el art. 3º de la Carta Orgánica del BCRA que dice: “El banco tiene por finalidad promover, en la medida de sus facultades y en el marco de las políticas establecidas por el gobierno nacional, la estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social”.

Lo cierto es que el BCRA con las pobrísimas herramientas de control de liquidez que posee, es totalmente impotente para lograr el cometido de ese artículo tercero y, si lo logra, únicamente lo hace interviniendo en forma tal que la economía del país termina perjudicada. La historia del país y del BCRA es testigo de este aserto.

El error, entonces, es considerar a la tasa de interés, en una economía enferma como la nuestra, como una herramienta válida para contener el impulso inflacionario, y es de desear que no lo logre, porque si lo logra, destruye a un modelo económico que ya está en crisis por defecto de oferta.

Defecto en cuanto a cantidad y en cuanto a calidad, por la debilidad que manifiesta la composición intrínseca de su producto bruto interno.

Ergo, en el medio de este desaguisado, no se toma conciencia que la tasa de interés, en la mayoría de los escenarios es causa de la inflación y no una herramienta válida para contenerla.

Dr. Carlos Alberto Ragonesi. Fundación Buenos Aires XXI. Secretario Ejecutivo

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