martes 22 de septiembre de 2020 - Edición Nº3752

Opinión | 8 sep 2020

PANORAMA POLÍTICO

La Provincia azules y colorados: kirchneristas, tierra, pandemia y policías

Todo parece indicar que las protestas son contra el gobernador, pero otras teorías explican que la Provincia es una caja de resonancia hacia el gobierno nacional. Alberto Fernández es tironeado de la izquierda y de la derecha. Estos hechos parecen alimentados por la oposición no dialoguista, pero el presidente necesita ya tener la batuta del PJ para detener esta embestida (por ahora política).


Por:
Por Ricardo Carossino

Protestas policiales en La Plata, en Pergamino, en Junín, en Almirante Brown, en Berazategui, en Moreno, en Merlo, un clima de incomodidad por el asilamiento producto del COVID 19, divisiones internas por el tema tierras (algunos terrenos no son fiscales, sino privados), el portazo de Chiche Duhalde en el área del programa contra el Hambre, la desobediencia que planteó el intendente de Tandil (Miguel Ángel Lunghi) y el clima adverso contra un soldado de Cristina Fernández (Sergio Berni), el contradictorio pronunciamiento sobre el Operativo Independencia (1975) y el repudio de los habitantes de un barrio cerrado a un símbolo del gobierno kichnerista, es mucho para el gobernador Axel Kicillof y también para el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, a quien se lo empieza a correr por izquierda y por derecha.

Como propone la cultura china, toda crisis es una oportunidad, pero lo que muchos peronistas alineados al gobierno temen, es que esa oportunidad sea “para los amarillos”, como definen a los del PRO, y advierten que la empleada de la Embajada, Patricia Bullrich sacará rápidamente tajada de esto que tras el fallido homenaje del Ejército al Operativo Independencia en Tucumán, salió en una entrevista con Perfil a decir que “se curó” de su enfermedad montonera en la adolescencia, sin mencionar claro, las incontables sospechas sobre que actuó como infiltrada dentro de la Tendencia.

Hay sectores dentro del gobierno que se atreven a hablar de movimientos “desestabilizadores”. Los peronistas hacen la suma: las palabras de Eduardo Duhalde, la policía sublevada, un clima propicio alentado por las toma de tierras que desde el Ministerio de Seguridad de la Nación tratan de justificar a sabiendas que dentro del Frente de Todos hay miradas totalmente contrarias como la del ministro bonaerense Sergio Berni, quien provocó nada menos que un enfrentamiento (gratuito o no) con el Movimiento Evita, qué, como se sabe, no había acompañado a la vicepresidenta Cristina Fernández en los últimos tiempos, volcándose al masismo que era el sector que iba a tener el comando de La Rosada.  

Donde la ministra ve una necesidad, el ministro ve un delito y el gobernador Axel Kicillof mira para otro lado en esa interna y sigue hablando de coronavirus renegando con la desobediencia política del intendente de Tandil, a esperando que otros jefes comunales no lo sigan en esta cruzada por la apertura comercial para los pueblos o en esta iniciativa de oposición política.

El amarillismo político se pronunció en cuestión de horas respecto del levantamiento policial. Fue Florencia Arietto (ex asesora de Patricia Bullrich) quien admitió que estaba al tanto del plan de las fuerzas policiales sobre quienes ya se sabía desde el lunes al mediodía que venían protestando con retenciones de tarea, ruidazos, sirenazos y bocinazos.

En un programa del Grupo Clarín, el pasado domingo 6 de setiembre Arietto afirmó: “Tengo alguna información de algunos elementos de la Policía Bonaerense sobre que no hay conducción operativa de la fuerza”, para luego describir el plan policial.

Entonces la pregunta es: ¿el gobierno nacional y provincial sabían lo mismo que la abogada Arietto?, ¿funcionan los servicios de inteligencia del Estado para advertir estos movimientos? Cuando Arietto dijo “si el gobierno no atiende las demandas esto va a escalar”, ¿qué quiso decir?, no se sabe porque el periodista no repreguntó.

En medio de la quema de barbijos, quien también alimentó la hoguera de las vanidades políticas fue la inefable Elisa Carrió que abrió su boca de dragón para lanzar fuego: “Hay que restablecer el Estado de derecho, aún llegando a la desobediencia civil”.

Fuentes off the record del PRO no quisieron admitir que tantos hechos simultáneos pueden estar organizados contra el gobierno nacional. Si es como dice el PRO que esta sucesión de acontecimientos es espontánea, estaría hablando una serie de decisiones totalmente desacertadas por parte del gobierno que lanzó el impuesto a la riqueza (con ese nombre) y en medio del show de Cambiemos contra la reforma judicial, libera a Lázaro Báez.

Las disconformidades por otra parte de los intendentes con el gobernador Kicillof empiezan a hacerse evidentes. En los dos casos, ya Política del Sur lo había advertido, en que Alberto Fernández aún no era un líder peronista como para contener la tropa de derecha y de izquierda y que el mandatario provincial estaba teniendo problemas, incluso, con La Cámpora, por manejos ineficaces en los distintos ministerios con gente que no estaría capacitada para apagar incendios en las barriadas y en las furiosas internas peronistas.

Hasta el momento, del Partido Justicialista no ha emitido un documento oficial en contra de las protestas policiales y de la reivindicación del Operativo Independencia, lo que demuestra una aparente falta de conducción dentro del Movimiento. Al contrario, quienes sí se pronunciaron fueron los gremios de la CTA, al afirmar: “Repudiamos la movilización de un sector minoritario de la Policía Bonaerense, contra la residencia del gobernador y expresamos nuestra solidaridad con él y con su familia”.

Al cabo, el Gobernador está debutando en los conflictos de la Bonaerense como antes le pasó a María Eugenia Vidal (que fue espiada) y antes a Daniel Scioli y antes a Felipe Solá y antes a Carlos Ruckauf y antes a Eduardo Duhalde (a este último como gobernador con la maldita policía y como Presidente no electo en junio de 2002 en Puente Pueyrredón) y antes al radicalismo con la masacre de Ingeniero Budge por parte de “la secta del gatillo alegre”, como la denominó el periodista Rodolfo Walsh ya en la década del sesenta.

Las relaciones de poder en el escenario de la Provincia de Buenos Aires no son, ni tienen que ser contra el Gobernador, sino que se usarían como caja de resonancia contra el Gobierno nacional y no es descabellada esta teoría que algunos peronistas esgrimieron en diálogo con Política del Sur.

Se espera ahora, la famosa muñeca del líder político Alberto Fernández, a quien le exigen tomar las riendas por izquierda y cabalgar para la derecha. Esto lo hacía bien el primer Perón, y supo hacerlo el primer Néstor Kirchner para construir su poder. Ahora le toca a este Alberto. Llegó la hora de mostrar astucia, cintura y templanza.  

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