sábado 28 de noviembre de 2020 - Edición Nº3819

Opinión | 1 sep 2020

FUNDACIÓN BUENOS AIRES XXI

Informe de agosto 2020: Expectativas para después de la pandemia

Es imposible que en una crisis económica de carácter mundial no haya incidencias en la economía local. La pregunta que nos tendremos que realizar es si la deuda reestructurada es sostenible en el tiempo. Qué dicen el INDEC y el último informe de la CEPAL. Qué rol podrían cumplir el INAES y el Estado.


Por:
Juan Carlos Vacarezza

Con motivo de las negociaciones recientes, mucho se ha venido hablando sobre la deuda pública nacional, que asciende a más de 320 mil millones de dólares. Cuarenta por ciento (40%) de la misma es deuda intra sector público (Anses, Banco Central, Banco Nación y otros); a los organismos internacionales se les adeuda una suma cercana a los 70 mil millones de dólares, siendo el principal acreedor el Fondo Monetario Internacional; y el resto, alrededor de 120 mil millones, son bonos bajo legislación extranjera y nacional.

 

El esquema planteado por el Ministerio de Economía ha sido concretar al mismo tiempo la reestructuración del canje local y el que está bajo legislación internacional. Los primeros bonos alcanzan la suma de 41.175 millones de dólares y los segundos 66.137 millones de dólares. La recomendación de los asesores y fondos de inversión fue adherir al canje. El riesgo no resuelto es que bonistas particulares y fondos de inversión pequeños que no adhieran al canje, a posterior, interactúen ante los tribunales extranjeros con presión suficiente sobre los jueces de cargo y transformarse en holdouts.

 

El analista licenciado Héctor Giuliano, junto con Alejandro Olmos Gaona y Javier Llorens, en su último informe sobre la deuda argentina exponen que se logró una disminución de la tasa de interés al nivel de los países vecinos. Sin embargo, explicitan que hay un agotamiento del plazo medio de pago, que pasó de un vencimiento del año 2117 al año 2041. Además, hacen hincapié en la cláusula condicional que exige notablemente las cláusulas antibuitres pactadas por la administración anterior, las cuales se habían empleado con éxito para forjar la actual negociación.

 

Lo que viene es que se deberá refinanciar la deuda con el FMI. Seguramente, no será un nuevo stand by, debido a los vencimientos de corto plazo. Entonces, estaríamos frente a un acuerdo de Facilidades Extendidas. Pero bajo este esquema, el FMI pediría realizar reformas impositivas, previsionales y un exigente ajuste fiscal.

 

Ante el panorama descripto precedentemente, la pregunta que nos tendremos que realizar es si la deuda reestructurada es sostenible en el tiempo. A futuro debemos tener en cuenta el equilibrio entre el superávit primario, stock de deuda, tasa nominal de interés y crecimiento del PBI.

 

En el plano internacional, el profesor Tim Samples, profesor de Derecho en la Universidad de Georgia en Atenas y coautor de seis documentos sobre el tema, incluidos tres sobre Argentina, expresó que el país ingresó como un deudor estresado y endeudado y salió como un deudor muy estresado. Sus argumentos se basan en la falta de crecimiento de Argentina desde 2012 en adelante, la fuerte recesión de los años 2018/2019 y los efectos de la pandemia en 2020, que viene destruyendo la economía a nivel mundial.

 

Es imposible que en una crisis económica de carácter mundial no haya incidencias en la economía local. Los datos expresados por el INDEC muestran que la caída en el nivel de actividad afectó de manera desigual, según se trate de grandes empresas, Pymes, cooperativas, mutuales; y además, la actividad fue diferente de acuerdo al objeto social o rubro realizado por las empresas y las distintas entidades (agropecuarias, seguros, vivienda, trabajo, etcétera).

 

Por ello, es importante destacar la convocatoria realizada por el INAES, de la que participaron entidades mutuales y cooperativas, en la cual se calificó a este sector como CLAVE -por su capacidad de generar fuentes de trabajo- para el Gobierno y desde donde se podrían elaborar políticas financieras, económicas, tecnológicas, entre otras, que junto a las pequeñas y medianas empresas, sobre todo del sector industrial, permitan aumentar el empleo, la producción, la inclusión económica, el desarrollo de zonas y sectores y el potenciamiento de las economías regionales.

 

Desde la presidencia de la Nación, el Dr. Alberto Fernández adelantó que anunciará un paquete de 60 medidas para encarar la etapa de post pandemia. Es posible que algunas de estas medidas generen una dinámica proactiva en las entidades del sector cooperativo y mutualista, especialmente en el ámbito de las finanzas, en el tributario, en el previsional y, sobre todo, en el comercio exterior, que como expresara el canciller Felipe Solá, hay que aumentar las exportaciones para que la Argentina no vuelva a tener el clásico problema de angustia o estrechamiento en la balanza de pagos, ya que a medida que crece, se necesitan más dólares, y como no se tienen, o se escapa el tipo de cambio o empieza el endeudamiento.

 

Sin lugar a dudas, el futuro a nivel mundial es muy incierto: derrumbe económico, problemas sociales y, en especial, falta de líderes políticos que este tiempo especial requiere. También, la contracción del comercio internacional, el cierre de las economías, la caída virulenta de actividades, como las líneas aéreas y el turismo, por nombrar algunas de problemática recuperación.

 

El último informe de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) estimó lo siguiente: las exportaciones de bienes de la región tendrán su peor desempeño en 80 años y caerán 23 por ciento en 2020, producto de la contracción del comercio internacional ocasionada por la pandemia del coronavirus. Las importaciones caerán cerca de 25 %, llegando a la región a un superávit comercial de un poco más de 45 mil millones de dólares. Habrá una reprimarización de las exportaciones y una pérdida de la capacidad productiva del sector industrial. En los primeros cinco meses del año, el valor de las exportaciones se desplomó en promedio 16% (en volumen 8,6% y en precios 8%), con un pico en mayo de 37,1%. El valor de los productos mineros y petróleo se contrajo en 25,8% y el de manufacturas en 18,5%. Las exportaciones agropecuarias apenas aumentaron 0,9%. Los países del Mercosur se vieron beneficiados por el aumento de las importaciones de carne vacuna y porcina hacia China para asegurar el abastecimiento del alimento.

 

La CEPAL propone una mayor integración, ya que el mundo tendrá un menor nivel de apertura, con problemáticas geopolíticas y regionalización de conflictos.

 

Seguramente, la etapa post pandemia nos mostrará una Argentina con más desocupación, más pobreza, más indigencia, producto del cierre de empresas, especialmente pymes, de la caída profunda del trabajo formal, ni hablar de las consecuencias en la educación y en la salud, donde la pandemia descorrió el velo que dejó a la luz la decadencia permanente que no se ha podido revertir a través de los años.

 

La Nación no tendrá sustento si no se elabora un plan económico que articule la producción agropecuaria con la industria y los servicios, especialmente en las actividades que generen dólares por exportaciones.

 

Más allá de la creación de empleo para el corto y mediano plazo en actividades que ocupen mano de obra, es importante instrumentar un camino -un nexo- entre lo público y lo privado que produzca un cambio en nuestra matriz productiva, con un Estado presente que privilegie la ciencia y la investigación, con acciones concretas de ayuda al sector de pymes, cooperativas, mutuales y de la economía social, e inversiones que faciliten los excedentes de dólares y no su fuga.

 

Dr. Juan Carlos Vacarezza

Fundación Buenos Aires XXI

Presidente ejecutivo

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