sábado 08 de agosto de 2020 - Edición Nº3707

Opinión | 13 jul 2020

Búsqueda de una patria generosa con todos sus habitantes.


Argentina se encuentra en un momento dificilísimo y decisivo en su futuro inmediato, es decir, para nuestra generación y la de nuestros hijos.

 Todos se ve oscuro: una deuda externa incompresiblemente desbordada entre 2015 y 2019, una inflación galopante que devoro los salarios, la imposibilidad de cumplir con nuestros acreedores, una fuga de capitales de la cual se debe investigar seriamente quien se la llevo.

Para dimensionar esta fuga, el gobierno de Macri tomo un préstamo del FMI de 55 mil millones de dólares. Una suma impresionante, superior a los ingresos por turismo que reciben anualmente en tiempos normales Italia, España y Francia combinadas (más de 100 millones de turistas, el doble de nuestra población). ¿Y que se hizo con esa montaña de dólares? Absolutamente nada: no hubo inversión ni en salud, ni en  educación, ni en transporte, ni en rutas ferroviarias, hidrobias, industrialización. Nada, absolutamente nada.

Se fugaron en la llamada timba financiera, en sostener un dólar (que no se sostuvo), en la campaña electoral más cara de la historia. Esos miles de millones de dólares desaparecieron, se esfumaron, se los llevaron unos cuantos ladrones de guante blanco y ahora, similar a lo que paso en 1982 con la estatización de la deuda privada (la famosa circular 1050), los tenemos que pagar entre todos.

Ahora bien, en este contexto donde la pobreza (agravada también por la pandemia) alcanza a la mitad del país, es donde teneos que hallar también la salida. Tenemos a nuestro favor que el FMI está sumamente comprometido en que Argentina pueda refinanciar su deuda, ya que ellos mismos fueron responsables de haberle dado esa fortuna al gobierno de Macri para que la dilapide. Somos un país y un pueblo que quiere honrar sus obligaciones, pero de manera sustentable. Si aplican recetas ortodoxas no resistimos, y hay una famosa frase que lo grafica todo. “Los muertos no pagan”.

Tenemos un país que territorialmente esta entre los ocho más grandes del mundo, la sexta costa marítima del mundo y la tercera en riqueza ictícola. Tenemos la famosa pampa húmeda, una de las llanuras más grandes junto con las que se encuentran en EEUU y Australia, y su conocida productividad. Recordemos que desde niños sabemos que las semillas que caían de un transporte férreo o vial crecen y se desarrollan solas.

Pero también tenemos que comprender que ya no somos el granero del mundo. El 80% de lo que producimos es para alimentar cerdos. Europa ya no es la tierra arrasada de las dos guerras mundiales, hoy se proveen sus frutas y vegetales con sistemas de riego propios. No puede ser que gran parte de los agricultores de nuestro campo están hace más de 3 siglos mirando las nubes para saber si va a llover.

 Debemos tecnificar, con promociones crediticias (que se pagan solas al incrementar nuestra producción exportadora) y debemos levantar nuevamente una red ferroviaria que cubra todas las zonas productivas. Hay que fortalecer la hidrovía del Paraná para que desde Misiones, Corrientes, Santa Fe y Córdoba embarquen sus productos y dejen de depender del puerto unitario. Ya que nos enorgullecemos de que nuestra carne bovina está reconocida entre las mejores del mundo, debemos aprovechar en un 100% la “Cuota Hilton”, que es el reconocimiento mundial de haber superado la aftosa, privilegiar nuestros cortes exportables (lomo, peceto, bife de chorizo, etc)

Como segundo paso es fundamental, por medio de promociones industriales, descentralizar la industria de nuestro país. No puede estar el 50% concentrado en el AMBA, como desnudo la crisis del covid 19. Actualmente somos un país que lo único que tiene de federal es su constitución, en la práctica sigue siendo absolutamente unitario.

En nuestra debilidad coyuntural debemos encontrar las soluciones para hacer una patria generosa con todos sus habitantes.

 

*Concejal de Avellaneda del Frente Renovador.

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