sábado 08 de agosto de 2020 - Edición Nº3707

Opinión | 13 jul 2020

9 DE JULIO

Por la Tercera Independencia Nacional

Independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (1816), Acta de Independencia Económica de la Nación Argentina (1947), Por la Tercera Independencia Nacional (2020).


Por:
José Arturo Quarracino

“¡Qué solos y qué pobres, pero qué fuertes y espiritualmente ricos en virtudes propias de nuestra raza debieron sentirse los fundadores de nuestra Patria!”. Juan Domingo Perón, 9 de julio de 1946.

 

Por la Tercera Independencia Nacional

 

Una vez más, los argentinos hemos conmemorado y celebrado el Día de la Independencia Nacional, proclamada en 1816. Pero lamentablemente, lo hemos hecho como si se tratara de una fecha que forma parte de un pasado extinguido, un acontecimiento pasado que no tiene ninguna proyección sustancial en nuestro presente histórico-político.

 

En julio de 1816, representantes de los pueblos de las Provincias Unidas de Sudamérica declararon la ruptura de los vínculos que ligaban a esta región con los reyes de España y la recuperación de los derechos de los que habían sido despojados para proclamarse como Nación libre e independiente del rey Fernando VII, sus sucesores y metrópoli, y de toda dominación extranjera. Eran horas difíciles para nuestra Patria Grande, sometida a la presión de la reacción contrarrevolucionaria, de conspiraciones oscuras contra el ejército libertador de San Martín, de amenazas de invasión en el norte, de invasiones portuguesas sobre la Banda Oriental, de rencillas internas entre porteños y provincianos y de rivalidades caudillescas.

 

Pese a ello, los congresales reunidos en San Miguel de Tucumán creyeron firmemente en sí mismos y en el futuro de nuestra Patria. Por eso, pudieron rasgar las tinieblas y oscuridades que se cernían sobre nuestra Nación incipiente, y llenos y animados del santo ardor de la justicia, proclamaron nuestra independencia política, para convertirse en los héroes tutelares e inmortales de nuestra soberanía.

 

Pero tan lamentable como el desdibujamiento de la fecha patria de 1816 es el olvido e ignorancia de la segunda declaración de nuestra Independencia, esta vez económica, en 1947. Parece que los autotitulados dirigentes peronistas no saben que al presentar su Primer Plan Quinquenal, el General Perón había afirmado que entre las ambiciones y necesidades de su incipiente gobierno se contaba el anhelo de lograr la liberación absoluta de todo colonialismo económico, para rescatar al país de la dependencia de las finanzas foráneas. Parece que desconocen también que en julio de 1947, en la misma Casa Histórica en la que se proclamó la Independencia Patria, el gobierno del General Perón promulgó el Acta de la Independencia Económica, mediante la cual se reafirmaba el propósito del pueblo argentino de consumar su emancipación económica frente a los poderes capitalistas foráneos que hasta ese entonces habían ejercido el control y dominio de nuestra economía, bajo las formas de hegemonías económicas condenables y de los inescrupulosos nativos vinculados a dichos poderes foráneos.

 

Este olvido no es casual, porque su conmemoración pone en evidencia la mediocridad de los gobiernos “democráticos” de las últimas décadas, que han sido incapaces de detener el proceso de recolonización implementado por el poder financiero internacional sobre nuestra Patria a partir de 1976.

 

La proclamación de la Independencia Económica en 1947 conmemoraba la gesta de 1816, actualizando sus propósitos libertadores y afianzando las raíces productivas que la fortalecían y nutrían. Continuaba y perfeccionaba así la liberación de nuestra Patria, con una economía recuperada, libre del capitalismo foráneo, al igual que de las hegemonías económicas mundiales y de las nacionales comprometidas con éstas.

 

Hoy, al amparo de una democracia cada vez más renga, los argentinos nos encontramos sometidos a la agresión integral del poder financiero internacional y a los intereses ligados a él, que desde 1976 y en forma ininterrumpida no sólo han arrasado con la organización productiva de nuestra Patria, para volver a convertirnos en un país-granero, sino que además ha aniquilado las conquistas laborales y obreras, diluido nuestra identidad cultural y nacional y extranjerizado al extremo los recursos naturales y las finanzas de nuestra Patria. Por acción y omisión, por incapacidad y por mezquindad los argentinos seguimos hipotecando la riqueza de nuestro país a la avidez extranjera mundialista, llegando a admitir la infamia que poderes inherentes a nuestra soberanía se ejerciten dentro de nuestro territorio, a través de núcleos foráneos enquistados en los engranajes de nuestra economía.

 

Es un contrasentido total pretender festejar los 204 años de la independencia nacional, si por un lado se ha mantenido a lo largo de 44 años la matriz económico-financiera implantada por el nefasto Proceso de 1976 y por otro lado se ha encarado un enorme endeudamiento externo, política que ya ha mostrado ser estéril y contraria a los intereses y necesidades de toda nación que quiere ser soberana.

 

Y es también un contrasentido total pretender someter a nuestra Nación a un proceso de reingeniería social, cultural y espiritual, con un engendro ideológico completamente extraño, ajeno y enemigo de nuestra Identidad Cultural y Nacional indígena-hispano-criolla. Y es un acto de traición a la Patria colaborar con el Imperialismo Internacional del Dinero, dejando de lado la Tradición Humanista y Cristiana que nos identifica como argentinos iberoamericanos para reemplazarla con inventos vacíos de contenido y sin raíces históricas.  

 

Por eso, frente a esta postración económica, social y política de nuestra Patria, saqueada integralmente por izquierda y por derecha, y frente a la mentira institucionalizada que pretende hacer creer que estamos en presencia de un proceso transformador, cuando en realidad estamos recorriendo el camino de un nuevo sometimiento al imperialismo internacional del dineronos abrazamos a los ideales emancipadores y liberadores de nuestros Padres fundadores y a las banderas supremas y eternas de la Soberanía política, la Independencia económica y la Justicia social; nos aferramos al riquísimo patrimonio espiritual heredado de los caudillos y líderes de nuestra Nación y de la Patria Grande hispanoamericana, quienes pusieron por delante el corazón de patriotas y ofrecieron a nuestros antepasados lo mejor de sí mismos.

 

En tal sentido, reafirmamos nuestro compromiso de levantar las banderas liberadoras y dignificadoras de nuestra Patria, para continuar y asegurar los esfuerzos y las luchas de todos los héroes y patriotas que ofrendaron su existencia para forjar la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de nuestra Nación.

 

En definitiva, sabemos que para dominar a las fuerzas del mal no hay otro camino que el antiguo principio de la conducción que aplicaron, con tanto dolor y con tanto sacrificio, nuestros mayores: la decisión de vencer”.

(Juan Domingo Perón, “A las Fuerzas Armadas”, 7 de julio de 1953)

 

Por el Renacimiento y la Independencia definitiva de nuestra Patria Argentina.

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