domingo 12 de julio de 2020 - Edición Nº3680

Opinión | 26 may 2020

OPINION

Doctor Ramón Carrillo: Homenaje y reparación

Frente al ultraje de chacales ignorantes, con perdón de los chacales. “Hay elogios que denigran y hay calumnias que ennoblecen”.


El día 17 de marzo el señor Claudio Avruj publicó en el diario Infobae un artículo difamatorio e injuriante sobre el doctor Ramón Carrillo, titulado “Necesitamos buenos modelos y el doctor Ramón Carrillo no lo es” en vistas de su posible inclusión en el nuevo billete de $ 5.000 que el gobierno argentino estaría a punto de poner en circulación”.

 

Con afirmaciones que rozan o incurren en la injuria personal, en muy pocas líneas el señor Avruj afirma categóricamente que Ramón Carrillo fue en vida un nazi cabal, porque “más allá de su formación médica es también conocida su admiración al régimen de [Adolf] Hitler, su adscripción de la eugenesia, la defensa del concepto de una raza fuerte y un pueblo sano, llamando a la “raza blanca” para revertir el suicidio argentino por el aumento de la natalidad entre los seres de “menor valor social”.

 

¿Cuáles son las pruebas que aporta “don” Claudio que respalden sus afirmaciones? NADA, ninguna documentación, ninguna referencia bibliografía, ninguna investigación, sólo alusiones a un cineasta amigo.

 

Pero no hay mal que por bien por venga. Con esta actitud, Claudio Avruj ha puesto en evidencia cuál es la calaña de la que está hecho y se nutre. En primer lugar, sólo hace afirmaciones infundadas, que además son mendaces.

 

En segundo lugar, calumnia y denigra a una persona fallecida que no se puede defender. En el mundo de las bestias, por ejemplo, los chacales o las hienas, se da una actitud muy parecida: “atacan” a un cadáver para alimentarse de él, es decir, no atacan a quien se puede defender, sólo saben ser “guapos” con los muertos, no con los seres vivos.

 

Hasta en las guerras, desde tiempos inmemoriales, los verdaderos soldados vencedores respetan al enemigo muerto y lo entierran. Ante la muerte del adversario termina el combate. Sin ir más lejos, los compatriotas muertos en la guerra de Malvinas fueron enterrados y a los familiares se les ha permitido visitar sus tumbas.

 

Pero este “señor” ha hecho gala de una actitud más propia de una bestia que el de un auténtico servidor de una causa: se pelea y ataca a un cadáver.

 

En tercer lugar, con su “ataque” a la persona de Ramón Carrillo pretende ocultar la monumental obra sanitaria que éste último llevó a cabo como ministro de Salud en los dos primeros gobiernos de Juan Domingo Perón, desde 1947 hasta 1954. Pretende ocultar sus aportes y avances en los campos de la neurología, de la cirugía y de la medicina social; sus avances en la mortalidad infantil (90/1000 fallecidos en 1943 a 56/1000 en 1955) y en el tratamiento de la tuberculosis (de 130/1000 enfermos en 1946 a 36/1000 en 1951); su combate al paludismo (de 23.000 enfermos en 1938 a 500 en 1949); su impulso a la fabricación de la penicilina, hasta ese momento totalmente importada; el mejoramiento de la atención hospitalaria (66.000 camas en 1946 a 114.600 en 1951 y 134.000 en 1954); la erradicación del paludismo, la sífilis, las enfermedades venéreas, el tifus, etc.; la creación de 234 hospitales o policlínicos gratuitos.

 

No menos importante fue el legado a la medicina sanitaria, para prevención de la salud, con la creación del Instituto de Cibernología o Planeamiento Estratégico; el Instituto de Psicopatología Aplicada (hoy Hospital Ameghino); como también su aporte conceptual expresado en su libro Teoría del Hospital y en textos breves como Al margen de la ley, La Guerra Psicológica, La Guerra Bacteriológica, Protegido antes de nacer, etc.

 

Frente a este breve resumen, que presentamos a manera de legajo o curriculum vitae de Ramón Carrillo, ¿qué tiene el señor Avruj para presentar como aval de su trayectoria que le “permita” denigrar y descalificar en la forma que lo hace? Más que un currículo, lo que puede presentar es un prontuario: asistente y colaborador íntimo de Rubén Beraja en la DAIA, Licenciado en Organización Institucional [en rigor de verdad, un tema] en la Universidad Hebrea Bar Ilán, después de una carrera académica en la que se destacaron “sus pedidos de clemencia en sus calificaciones, sus repetidas ausencias y su limitado apego al estudio” que “no se reflejaban en su avance y aprobación de materias”, en la institución que era “propiedad del mencionado Rubén Beraja” (Jorge Elbaum, “El ‘torcido’ Avruj vs. Los Derechos Humanos”, en El "torcido" Avruj vs. los Derechos Humanos — Nuestras Voces, 10 de julio de 2017).

 

Hasta el día de hoy, no hay noticias que el “garante” de los Derechos Humanos haya denunciado al señor Elbaum por sus manifestaciones. ¿Quizás porque está vivo y se puede defender?

 

Dado que a través de sus exabruptos históricos-académicos contra Ramón Carrillo pretende aludir a los rasgos supuestamente “nazis” del Peronismo, demostrando que su desconocimiento e ignorancia políticos es del tamaño de un océano, nos permitimos sugerirle al valiente defensor de los Derechos Humanos que lea y estudie el excelente libro de Raanan Rein [Doctor en Historia, Vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv], Los Muchachos Judíos Peronistas. Los argentinos judíos y el apoyo al Justicialismo, 1ª edición, Sudamericana, Buenos Aires 2015, en el que se podrá enterar que Perón no era nazi, que tampoco era fascista, que no era antisemita, que muchos judíos argentinos apoyaron al peronismo, que las relaciones del gobierno de Perón y el naciente Estado judío fueron excelentes, que Perón fue el primer mandatario argentino que legitimó el mosaico de identidades de distintos grupos étnicos en el país, que muchos dirigentes de la comunidad judía fueron afiliados al partido peronista, que hubo varios dirigentes sindicales de origen judío (Ángel Perelman, metalúrgico; Ángel Yampolsky, carne; Rafael Kogan, ferroviario; Abraham Kislavin y David Diskin, empleados de Comercio), como también dirigentes gremiales empresarios (José Ber Gelbard, Julio Bronner, Israel Dujovne), intelectuales (Israel Zeitlin/César Tiempo; Bernardo Ezequiel Koremblit, León Benarós, Julia Prilutzky Farny, Bernardo Kordon, Abraham Valentín Schprejer/Fernando Valentín), funcionarios de Cancillería (Pablo Manguel, Ezequiel Zabotinsky, Israel Jabbaz) y el rabino Amram Blum, etc., que se incorporaron al Peronismo o formaron parte de su gobierno.

 

Y si al señor Avruj le quedan dudas puede consultar en los archivos que la Fundación Eva Perón envió ropas, sábanas, frazadas, medicinas, muebles e implementos agrícolas a los nuevos inmigrantes en el recientemente creado Estado de Israel, gesto que fue agradecido personalmente en abril de 1951 por la ministra de Trabajo israelí Golda Meier a la misma Eva Perón, en un viaje a la Argentina.

 

Si acepta un consejo, le conviene al licenciado berajista informarse bien y seriamente en temas de política argentina, para no parecer un improvisado o un impostor, lleno de resentimiento y odio hacia un patriota ejemplar como ha sido y sigue siendo en la inmortalidad el Doctor Ramón Carrillo, cuya figura brilla eternamente en el firmamento de la Patria, mientras que quienes pretenden descalificarlo sólo pueden compararse a las serpientes y víboras que reptan por el suelo o a ratas que se esconden en sus cuevas y sólo asoman la cabeza cuando se sienten seguras e impunes.

 

El mismo consejo nos permitimos ofrecerle a la señora embajadora del Estado de Israel, Gaelit Ronen, y al señor embajador del Reino Unido, Mark Andrew Geoffry Kent, que acompañaron las injurias formuladas por “don” Claudio, haciendo el ridículo y opinando sobre una cuestión que es propia de un Estado soberano, como si se sintieran dueños o patrones de la Argentina. Antes de inmiscuirse en temas internos, el señor podría apurar las gestiones para que su país devuelva las Islas Malvinas usurpadas hace 187 años, y la señora embajadora podría rodearse de mejores asesores, para no quedar prisionera del odio visceral a la obra de gobierno peronista y al pasmoso desconocimiento histórico-político de sus amigos “argentinos”, impregnados de la soberbia típica de quienes sólo pueden reivindicarse como sabios sueltos e intelectuales ignorantes, desprovistos de toda autoridad moral.

 

En definitiva, “la calumnia es el único tributo que los mediocres e incapaces pueden rendir al mérito y a la grandeza”. Como bien dice el “valiente” luchador Claudio Avruj contra cadáveres indefensos, “la sociedad necesita ejemplos que la ayuden a superarse, y en nuestra historia hay muchos para tomar que no generan dudas, sino sólo admiración. Decisiones de este tipo no pueden tomarse teñidas de ideología o desprovistas de conocimiento profundo de lo acontecido”. Los cobardes, corruptos y mediocres nunca podrán ser ejemplo de nada para una comunidad como la argentina, sólo sirven como una anécdota que se pierde en el olvido, para terminar ardiendo como paja seca en el fuego de la condenación eterna. 

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