jueves 02 de abril de 2020 - Edición Nº3579

Opinión | 4 dic 2019

21.09.1993- 26 años -21.09.2019

Informe económico de diciembre de 2019: El arbitraje maldito

Los cuatro años de gobierno de Mauricio Macri se caracterizaron por mantener una cierta regulación en el arbitraje que existe entre el dólar y la tasa de interés en pesos, donde, para evitar la fuga de los capitales financieros hacia la divisa, la tasa siempre se elevaba con efectos devastadores para la economía real.


Por:
CARLOS RAGONESI - MOVIMIENTO PRIMERO LA PATRIA

La obsesión del gobierno del ingeniero Mauricio Macri por sujetar al tipo de cambio a través de la tasa de interés hizo llegar a ésta a niveles destructivos de la economía, de forma tal que la inversión productiva quedó paralizada frente al crecimiento de la financiera. Como consecuencia de ello, las Pymes se cayeron y el índice de desocupación se elevó.

 

Cuesta creer cómo ha sido posible que en esos cuatro años (2015-2019), el gobierno, fiel a su política liberal de no intervención, permaneció expectante (1), como esperando que sucediera un milagro que solucionara el problema y sólo atinara a pagarle al sistema financiero (a través del Banco Central) un tipo de interés positivo que impidiera desarmar las posiciones en Leliq y, por ende, de plazos fijos bancarios para evitar que los pesos se pasaran a la divisa, porque la expectativa siempre fue el problema de  la devaluación que asomaba por el horizonte financiero.

 

No existieron propuestas, no existió plan económico, ni siquiera existió el planteamiento de alguna hipótesis que alentara prever que en el futuro se avistara una solución. Nada… nada más que elevar sin límite la tasa de interés. Y con esto se atacaba el efecto, dejando incólume la causa.

 

¿Había en la mente del Poder Ejecutivo alguna idea de hasta cuándo se iba a mantener el arbitraje? No… ninguna. Tal vez esperaban que algún tipo de magia milagrosa apareciera

de pronto y diera la solución que la impotencia intelectual de los gobernantes de turno no lograron encontrar.

 

Desde el punto de vista de la filosofía de la ciencia, debe existir un camino metodológico que enlace la causa con los efectos (pensamiento deductivo), y también que sea aplicado el proceso inverso que enlace a los efectos con las causas (pensamiento inductivo), a través de un proceso de inferencia.

 

Ello significa poner en marcha un mecanismo mental, desde una propuesta dialéctica que vaya encadenando causas con efectos y efectos con causas, hasta encontrar una síntesis superadora de la tesis y la antítesis y que nos permita llegar a validar una teoría que dé solución al problema planteado.

 

Teniendo en cuenta este camino metodológico, analicemos el problema más en detalle:

Argentina padece el problema de poseer una economía insumo-dependiente. Las limitaciones del sistema productivo no permiten llegar al producto terminado si antes no se le incorpora algún componente importado. Ese problema denominado “Stop and Go”, es uno de los responsables (junto con otros), de la restricción externa (falta de divisas provenientes de la balanza de pagos que permita sostener el pago de las importaciones, de la deuda externa y las corridas cambiarias).

 

Si la divisa aumenta (devaluación de la moneda local), inmediata e inexorablemente aumentan los precios por la incidencia de los componentes importados. Ello motivó al gobierno del Ingeniero Macri a elevar la tasa para sujetar los precios a través del camino del anclaje del tipo de cambio. Dicho anclaje se consideraba importante por dos motivos, uno: contener el nivel inflacionario, otro, permitir juntar los dólares necesarios para pagar el endeudamiento.

 

Si el problema era contener al tipo de cambio dentro de ciertos valores aceptables, entonces, siguiendo la propuesta metodológica mencionada más arriba, tendríamos que estudiar con qué otra variable se encontraba relacionado el tipo de cambio.

 

Indudablemente, la principal variable es el monto de reservas internacionales del Banco Central, dado que, de tener un exceso de reservas, no tendríamos necesidad de preocuparnos por el precio de la divisa, porque sabríamos que no se iba a elevar. Pero no las teníamos, entonces resulta procedente buscar dónde se encuentra la otra variable que, consecuentemente, está relacionada con el quantum de reservas. Y la encontramos en el sector externo, donde debieran existir saldos superavitarios que nos permitan mantener un cúmulo de reservas importantes. Pero es el campo y no la industria la que nos provee de saldos favorables a través del comercio exterior, entonces hay que buscar el motivo por el cual la industria no exporta lo suficiente como para autoabastecerse de divisas, en lugar de usar las que provienen del campo.

 

Observemos que el camino mental propuesto y a dónde nos conduce este análisis encadenado de búsqueda de variables relacionadas que enlace a las causas con los efectos y a estos últimos con las primeras, nos lleva indefectiblemente a descubrir que la República Argentina padece de una ausencia muy pronunciada de industrias sustitutivas de importaciones.

 

Si tuviéramos ese tipo de modelo industria (2) obtendríamos dos soluciones simultáneas, dado que, por un lado, tendríamos más valor agregado y un nivel de desocupación menor, y por el otro, ahorraríamos divisas, acumulando reservas en el Banco Central, sin necesidad de atender al arbitraje señalado, porque no habría necesidad de elevar la tasa de interés para contener a una divisa que no necesitaría de una devaluación. El déficit fiscal también ha colaborado en la suba de la tasa porque el Estado le ha solicitado permanentemente al Banco Central la financiación que lo ayude a encontrar equilibrio en las cuentas públicas, pero ese es un tema aparte.

 

De haberse aplicado una política alentadora de la creación de industrias sustitutivas de importaciones, no habría sido necesario elevar la tasa de interés. Pero en lugar de usar la política propuesta, se prefirió utilizar el viejo método de atender a la coyuntura tapando agujeros y buscando el facilismo de acudir al Fondo Monetario Internacional para que nos entregue las divisas necesarias como para componer el nivel de reservas dolarizadas y, con ello, poder atender a una corrida cambiaria. En suma, pan para hoy y hambre para mañana.

 

Recapitulemos:

Existió durante los cuatro años que duró el gobierno del ingeniero Macri un arbitraje maldito entre tasas de interés y tipo de cambio que terminó en una crisis de proporciones, porque se le dio importancia al problema financiero descuidando en forma totalmente irresponsable al problema económico que tal actitud ocasionaba.

 

El propio presidente de la Nación lo confesó después de las PASO, incluso en su actividad electoral previa a las elecciones de octubre 2019, cuando llegó a afirmar que ahora venía el trabajo y el crecimiento, pero no nos aclaró de qué forma podría producirse tal estado de bienestar con tasas tan altas. Ergo, la postura presidencial fue poco creíble, porque estuvo a contramano de todos los manuales de macroeconomía.

 

La elevación del nivel de reservas del Banco Central no debió venir mediante la obtención del crecimiento de la deuda, sino de la obtención de divisas desde la balanza comercial del sector externo. La Argentina debiera abandonar la consabida costumbre de pagar deuda con más deuda.

 

Lo mencionado en el punto anterior, sobre la obtención de divisas desde la balanza comercial se concreta mediante el aliento -entre otras medidas- de la creación de empresas industriales sustitutivas de importaciones y de un equilibrio del presupuesto público.

 

La proliferación del tipo de empresas señaladas permitiría reducir los niveles de desocupación y ayudaría a incrementar los saldos de reservas de la autoridad monetaria.

 

El crecimiento de las reservas alejaría el fantasma de la devaluación, con consecuencias en la contención de los precios, y ya no sería necesario tener tasas tan altas porque el arbitraje quedaría reducido a cero.

 

El Estado puede colaborar activamente en la imposición de una política alentadora de la creación de emprendimientos sustitutivos de importaciones desde diferentes ángulos: eliminación de todo tipo de impuestos y tasas por diez o quince años (nacionales, provinciales y municipales).

 

Con respecto a este tema, se recuerda que el impuesto al valor agregado, que nació a mediados de la década del setenta y sustituyó al impuesto a las ventas, tenía como filosofía la eliminación del impuesto sobre los ingresos brutos que cobran las provincias en una actitud no delegada a la Nación. Pero las provincias hicieron caso omiso a este considerando y continuaron gravando las actividades industriales con el impuesto sobre los ingresos brutos, a pesar de haber nacido el Impuesto al Valor Agregado (IVA).

 

Luego, el denominado Pacto Fiscal Federal de los noventa eliminó el impuesto para las actividades industriales (en un intento por corregir el problema), pero las provincias, siempre deficitarias, se inventaron la forma irresponsable de pegarle un “per saltum” a dicho pacto, interpretando que tal exención no era aplicable cuando la actividad industrial le facturara sus productos a un consumidor final. Interpretación sui-generis de las jurisdicciones que castigaron indebidamente al sector manufacturero, entorpeciendo su desarrollo.

 

Elevar los encajes fraccionarios del sistema bancario de forma tal que sea el Banco Central el que dirija el crédito del dinero público hacia el sector que fabrique manufacturas sustitutivas de importaciones a tasas compatibles con la rentabilidad de las empresas, incluso subsidiadas por el Estado.

 

Eliminar todo tipo de burocracia que impida realizar con prontitud las actividades aduaneras relacionadas con las exportaciones.

 

Crear un sistema selectivo de importaciones donde se impida el ingreso de productos en franca competencia con la industria nacional.

 

En un país donde se necesita el ingreso de divisas, como el agua la necesita el sediento, fue un error de proporciones enjugar el déficit fiscal con retenciones a las exportaciones. La medida ha sido tan burda que cuesta creer en una ausencia de intencionalidad. Por lo tanto, se deberá eliminar todo tipo de retenciones a las exportaciones (sobre todo las industriales) que se encuentren relacionadas con la satisfacción del gasto público.

 

Y únicamente se debería adoptar esa forma de imposición sólo para encontrar el equilibrio entre los precios internos y los externos en los productos sujetos a exportación frente a la presencia de un tipo de cambio elevado y una avidez desde el sector empresario para pretender cobrarle al mercado interno el mismo precio que el del nivel internacional.

 

Impedir, desde lo tributario, la formación empresaria de un poder concentrado.

 

Obligar al exportador al ingreso inmediato de las divisas. Con el gobierno de Macri se les dio un plazo de diez años, lo cual se ha convertido en un verdadero disparate financiero, teniendo en cuenta que estamos en un país con permanentes problemas de restricción externa. Este tipo de medidas nos obliga a pensar que se ha hecho todo lo posible para ahondar los problemas de restricción externa para facilitar, de este modo, la presencia crediticia del FMI.

 

Con las mismas herramientas fiscales con que se fomentará a las industrias sustitutivas para ahorrar divisas, se deberá fomentar también el resurgimiento de una nueva marina mercante, hoy totalmente destruida como consecuencia de la aplicación de las políticas neoliberales de los noventa.

 

Del mismo modo se deberá establecer una alineación de los transportes para definir una unidad de criterio, donde se pueda combinar el transporte ferroviario y el fluvial con los fletes realizados desde los camiones, de forma tal que los dos primeros sean los que comiencen con la travesía programada y, al llegar a destino, las mercaderías se traspasen a los camiones que finiquitarán el recorrido.

 

De esta forma se conseguiría reducir el costo de los fletes, que tanto inciden en el producto terminado, sin necesidad de afectar la rentabilidad de las actividades ni el nivel de ocupación de las mismas, además de evitar el daño a las rutas y el innecesario desgaste de los vehículos terrestres que transitan por ellas.

 

Por supuesto que estas medidas no son las únicas que se deberían tomar para encarar una solución aceptable y duradera del problema de restricción externa, fin del arbitraje y del combate contra la inflación, pero las consideramos sumamente importantes como para poder afirmar: ¡Comencemos por algo y terminemos de una buena vez con el “arbitraje maldito”!

 

 [1] La política liberal de “no intervención” fue abandonada en los últimos días del gobierno de Macri cuando se impuso el cepo cambiario para frenar el drenaje de divisas. Siempre ha sucedido lo mismo, cuando la política liberal se encuentra encerrada en una situación sin salida, debe acudir a que la salve el intervencionismo estatal. Según parece, la famosa mano invisible de Adam Smith, que tanto alaban los liberales, ya ha dado demasiadas muestras de incompetencia para solucionar los problemas de la economía que la propia política liberal produce.  Otro ejemplo es el de la crisis estadounidense de las hipotecas sub-prime, donde el gobierno de EEUU, adoptando una política intervencionista y de salvataje de la economía, tuvo que endeudarse con su propio banco central (FED) en una cifra escandalosa para evitar la debacle. Otro ejemplo sucedió con las intervenciones del Banco Central Europeo comprando bonos basura de los bancos de la zona del euro, en otra cifra escandalosa. La historia del mundo registra cientos de ejemplos que demuestran la ineficacia de las propuestas liberales, donde el mercado, mágicamente, según esas propuestas, puede solucionar los problemas que el propio mercado crea. Ya vemos que no es así.
[2] No lo tenemos y hace 43 años que no se le presta atención a este problema.
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