Entiendo el enojo y la indignación, y no es para menos, por la represión ejercida por el Gobierno para que las “empresas de la comunicación hegemónica” mostraran a la criminalización de la protesta como lo más destacado de las jornadas que vivimos.
Intentan cambiar el eje del debate ocultando el rechazo total de las y los trabajadores a la ley de legalización de mayor explotación aprobada que es una nueva y repudiable transferencia de ingresos hacia las patronales.
También esas empresas -mal llamadas “medios de comunicación” y sus empleados no periodistas, sino simples operadores comunicacionales de los que se enriquecen a costilla del pueblo-, titularon todo el día que la CGT paró el país, disputando sentido sin miramientos.
Negaron la construcción del proceso de concientización y consenso logrado para su concreción, con campañas de difusión, asambleas, cortes de rutas, a lo largo y ancho de nuestra Patria, desde hace ya más de tres meses y la convocatoria de la CTAA, CTAT, UTEP, FRESU, y muchas organizaciones del campo popular a las que se sumó en la última semana la convocatoria de la CGT.
Aprendí que lo más importante de una acción impresionante y difícil de llevar a cabo como ésta, es que millones, sí millones de trabajadoras y trabajadores utilicemos la legalidad de la convocatoria de todos los sectores sindicales y centrales obreras para manifestar que todavía creemos en la "acción colectiva" para cambiar la realidad, aunque no modifique inmediatamente la situación de opresión.
También nos reprimieron en la movilización al Congreso en el 2017 y aprobaron la jubilación trucha de Macri. Fue el punto de inflexión para su derrota, y no dudo que también hay algo de eso en estas jornadas que estamos protagonizando.
Pero se necesita organización, formación y confianza en nuestras fuerzas, en síntesis, poder consciente y unificado para terminar venciendo.
Aun con dudas, el conjunto de los millones y millones que no fuimos a laburar aportamos con esperanza a que esa actitud individual (no ir a laburar) valía la pena para mostrar esta fortaleza también a nosotros mismos.
La represión de hoy no es más ni menos de la que hacen todas las semanas frente al Congreso, o en las ciudades de las provincias para sofocar las luchas de nuestras compañeras y nuestros compañeros o la que hacen en los barrios todos días con su policía brava para castigar a nuestros jóvenes con el objetivo de frenar sus rebeldías.
Lo distinto que sentimos (por lo menos en mi caso) es la fuerza y potencialidad del colectivo. Y eso es lo que hay que mostrarnos y reivindicar.
Claro que allá por 1989 sentenciaron que la clase trabajadora no era más el único sujeto del cambio revolucionario, pero por suerte están emergiendo otras muchas y muchos sujetos de cambio que en el marco de la fantástica revolución tecnológica que atravesamos y su profunda incertidumbre, construimos una nueva humanidad.
Permítanme compartir entonces, el orgullo que siento de pertenecer a esta clase que, hasta que se demuestre lo contrario, con nuestra “cabeza”, con nuestro “lomo” y con nuestro esfuerzo es la que crea la riqueza de las naciones, y si lo hacemos tenemos el derecho no sólo del reconocimiento sino también de decidir qué hacemos con ella para beneficio de todos.
Por supuesto que lo hacemos enfrentando a los infinitamente multimillonarios (en Argentina organizados en AEA, Asociación de Empresarios Argentinos y las transnacionales, con la bendición de la Embajada de EEUU) que la concentran empobreciendo a sus pueblos.
Viva la Clase Trabajadora que sigue siendo vital para dar vuelta la tortilla a favor de nuestro pueblo.
Victor De Gennaro
Trabajador Jubilado
Concejal (UP) de Lanus