Por: Federico Cedarri
El comienzo del año legislativo está a la vuelta de la esquina, y es en ese escenario que las distintas fuerzas políticas persiguen instalar su impronta parlamentaria con vista a un nuevo período ordinario.
El kicillofismo ya viene voceando hace tiempo que acentuará la ofensiva para lograr la reelección indefinida de los alcaldes: hay 81 intendentes bonaerenses, la mayoría del Movimiento Derecho al Futuro, que tienen vedada una nueva reelección.
En rigor, la relación de fuerzas dentro del mismo oficialismo con respecto a una iniciativa de este tenor es ciertamente desfavorable para el Gobernador bonaerense.
Mientras que el kirchnerismo no da públicamente señales claras de acompañamiento a esta propuesta, el massismo ya ha manifestado hasta el cansancio su rechazo a voltear una iniciativa de la que fue partícipe allá por 2016 cuando cogobernaba la Cámara Baja con el vidalismo.
Vale aclarar que en el 2021 se le practicó una modificación a la normativa sobre los grises que la letra fría ofrecía.
El peronismo conjuntamente con el PRO larretista y el abadsmo lograron añadir un cambio por el que se interpretó que la ley comenzó a regir para quiénes cumplieran su primer mandato a partir del 2019.
De esta manera, los alcaldes tuvieron acceso a una nueva intentona en el turno 2023, aunque ahora los artilugios legales se han terminado.
Las dos opciones que se manejan en las usinas del axelismo son la de caducidad de la normativa vía el Parlamento, o en su defecto presentaciones judiciales de algunos alcaldes kicillofistas basándose en que la Constitución bonaerense sólo delimita a dos mandatos consecutivos a quién ejerce el principal cargo del Poder Ejecutivo provincial.
Así las cosas, la propuesta del kicillofismo de derogar la normativa que limita las reelecciones indefinidas tampoco contaría con el apoyo de la oposición comprendida por el PRO, el radicalismo abadista y el passaglismo: sólo cosecharía el acompañamiento de los legisladores con terminales en alcaldes propios, además del guiño de los bloques dialoguistas y tal vez del radicalismo fernandista.
Si bien los libertarios mileístas por el momento arguyen que no es una prioridad esta discusión, no cierran del todo la puerta a que pueda eventualmente llegarse a un entendimiento implícito donde los violetas acompañen esta iniciativa a cambio de instaurar la boleta única de papel.
El mileísmo tiene como objetivo central en este año legislativo buscar anudar acuerdos con sectores de la oposición para que se pueda avanzar con la implementación de la BUP en el 2027 en territorio bonaerense.
La piedra en el zapato con el que tropezarán los violetas será en el Senado donde el peronismo alcanza el quórum propio y la mayoría simple, por lo que se le hará virtualmente imposible avanzar si es que no hay una acuerdo de por medio con sectores del oficialismo.
El otro caballito de batalla libertario es el gasto político, en ese sentido es que ha arremetido en los últimos días con la necesidad de avanzar con la unicameralidad de la Legislatura bonaerense a través de una reforma parcial de la Constitución provincial.
En esa dirección, el senador Francisco Adorni presentó una iniciativa que contempla la eliminación del impuesto automotor en la provincia: a priori la propuesta libertaria chocaría de bruces contra la mayoría oficialista en las comisiones de la Cámara Alta provincial.
El radicalismo en sus dos versiones legislativas, abadismo y fernandismo, volverá al ruedo con la temática de avanzar en la confección de proyectos que pongan de relieve la cuestión de las autonomías municipales.
Lo centenarios apuntarán a que se sancione con premura una nueva normativa que contemple las nuevas necesidades de los municipios y acelere la descentralización de recursos.