Este 25 de enero se cumplen 29 años del asesinato de José Luis Cabezas, el reportero gráfico cuya muerte conmocionó a la Argentina y marcó un punto de inflexión en la relación entre el periodismo, el poder y la democracia.
Cabezas fue secuestrado en Pinamar, donde se encontraba trabajando durante la temporada de verano, y horas más tarde asesinado en General Madariaga. Su cuerpo fue hallado dentro de su automóvil, esposado, con dos disparos en la cabeza y el vehículo incendiado, en un crimen de características mafiosas que generó una reacción social sin precedentes.
En medio del impacto nacional que generó el asesinato, Lomas de Zamora se destacó como uno de los distritos que acompañó desde un primer momento el reclamo de justicia y el apoyo a la familia de Cabezas.
El entonces intendente del municipio, Bruno Tavano (1991-1999), fue uno de los dirigentes políticos que expresó públicamente su respaldo a la investigación y a los familiares del fotógrafo, en un contexto donde no todos los sectores del poder asumían una posición clara.
Ese compromiso se materializó al cumplirse el primer aniversario del crimen, cuando se inauguró un monumento en homenaje a José Luis Cabezas en una plaza del distrito, un espacio de memoria que aún hoy recuerda su figura y el valor de su trabajo.
La investigación judicial estableció que el asesinato fue cometido por la banda de Los Horneros, con la participación de policías bonaerenses, quienes actuaron como liberadores de la zona. El empresario Alfredo Yabrán fue señalado como autor intelectual del crimen, pero nunca llegó a ser juzgado: se suicidó en 1998 cuando iba a ser detenido.
Varios de los responsables materiales recibieron condenas a prisión perpetua, aunque con el paso de los años muchos recuperaron la libertad, una situación que volvió a poner en debate la impunidad y la vigencia del reclamo de justicia.
A 29 años del crimen, el caso Cabezas sigue siendo símbolo de la defensa de la libertad de expresión y del derecho a informar sin presiones. Recordarlo no es solo un homenaje, sino una reafirmación de la memoria colectiva y del compromiso democrático, para que nunca más el periodismo sea silenciado.