El último año de gestión del presidente Javier Milei estuvo signado por polémicas y elecciones de medio término que finalmente resultaron favorables para el oficialismo. Las políticas económicas se mantuvieron bajo la lógica de défici ceto y el poder adquisitivo de la mayoría de la población continñua cayendo. En diálogo con Política del Sur, Juan Manuel Casella, ex diputado nacional y referente de la UCR, habla de señales de estancamiento.
En primera instancia, Casella destacó que el objetivo principal del Gobierno es “disminuir la inflación hasta suprimirla” y para ello cuenta con dos herramientas: el ajuste fiscal y la sobrevaluación del peso. “Hay un resultado inicial positivo, que fue en el 2024 cuando el Gobierno llevó la inflación a una cifra cercana al 2% mensual, pero ya en el año 2025 tendió a crecer y el último mes llegó al 2,8%. Por lo tanto, el plan pareciera estar encerrado en su propia dimensión, sin posibilidad de ir más lejos”, planteó.
Asimismo, remarcó que países como Perú, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Brasil tienen esos valores de inflación pero en términos anuales. “Ya estamos muy lejos, de manera que, en ese sentido, la política antiinflacionaria parece ya estaría más bien estancada”, planteó.
La otra cuestión que ponderó fue el tipo de cambio “sobrevaluado”, que “implica el riesgo de caída salarial, que se está produciendo, y caída del consumo". "La actividad económica, el consumo en general, está deteriorándose en la Argentina desde hace tiempo”, aseguró.
A este tema sumó también “la apertura indiscriminada de las importaciones”, que como resultado generan una competencia que limita los mercados para la industria nacional. “Fundamentalmente en el sector industrial y construcciones, se ve una caída del empleo, una caída de la actividad constante, que está generando una diferenciación social profunda que se está instalando con carácter estructural. Con este proyecto vamos a un país dividido entre que tienen acceso a un nivel de vida acorde y los que están definitivamente condenados a vivir mal. Cada vez hay más gente viviendo en la calle”, planteó el dirigente.
Como tercer punto, Casella habló del objetivo del gobierno de alcanzar el superávit fiscal: “Establecer una política que le permita llegar a fin de año sin déficit fiscal y con superávit en las cuentas públicas, pero eso se hace a costa de la suspensión de la inversión en infraestructura, por ejemplo”, cuestionó.
Y agregó que esta falta de inversiones implica no construir ni mejorar rutas, que los servicios como la electricidad y el gas no funcionen adecuadamente y que se encarezca el transporte haciendo menos competitiva en el mercado la producción nacional. “Acá el superávit fiscal que figura en los libros está vinculado también a una caída de la inversión pública, que se va a pagar en algún momento. En algún momento va a aparecer la caída de la inversión pública como un impedimento para el crecimiento económico”, subrayó.
En otro orden, el referente radical habló sobre la respuesta social a todas estas cuestiones y consideró que “la clave de ese problema consiste en la falta de una propuesta alternativa seria". "Enfrente del Gobierno no hay nada. Los partidos políticos opositores están desperdigados, tienen un problema de dispersión muy fuerte, carecemos de figuras políticamente importantes en el plano opositor. Por lo tanto, la gente no tiene una alternativa clara en la que confiar. Esto fue lo que produjo el triunfo del oficialismo en la última elección”, analizó.
“Al no haber un planteo político opositor articulado, el Gobierno tiene el campo libre y la gente no tiene a quién elegir. Prefiere quedarse con lo que está temiendo el regreso del fantasma kirchnerista, que es lo que el Gobierno agita permanentemente como forma de aprovechar la polarización”, destacó.
En ese sentido, aseguró que “el peronismo tiene que decidir si sigue manteniendo a Cristina Kirchner como su jefa indiscutida o avanza hacia el futuro". "Un liderazgo como el que ejerce Cristina es un liderazgo que limita porque impide la renovación. Si Cristina fuese una dirigente política importante, como pretende serlo tendría que tener en cuenta en qué medida su presencia dificulta la subsistencia del peronismo en este momento. Sería un acto de responsabilidad política que dijera ‘señores, hasta aquí llegué’”, completó.
Finalmente, Casella habló de la interna que también está viviendo actualmente el partido radical, que espera de un nuevo llamado a elecciones internas en la provincia de Buenos Aires.
“El problema del radicalismo no se soluciona rápidamente porque en el radicalismo se produjo lamentablemente un cambio cultural que determinó que muchos dirigentes radicales convirtieran la conveniencia personal en un factor más importante que la convicción política”, lamentó.
Y mencionó a dirigentes radicales como Ernesto Sanz, el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, el ex diputado nacional Rodrigo de Loredo, el expresidente del comité de la provincia y actual senador nacional, Maximiliano Abad quienes “decidieron asumir un papel de agentes del Gobierno dentro de la Unión Cívica Radical”.
“Esa actitud fundada en la especulación de que les convenía, porque Milei ganaba las elecciones, determinó que el radicalismo perdiera estructura intelectual e ideológica, perdiera identidad. Esto se soluciona recuperando la identidad histórica de la Unión Cívica Radical, traduciendo esa identidad histórica en propuestas modernas, actuales y difundidas con eficiencia. El trabajo que hay que hacer es muy fuerte, intenso y va a ser de larga data. Hay que hacerlo simplemente, porque la Argentina tiene que tener alternativas frente al gobierno”, aseguró.
Por último, mencionó el encuentro nacional del 7 de diciembre, en el cual se conformó el movimiento interno “Radicalismo Auténtico”, con el objetivo de iniciar ese trabajo para recuperar la identidad política del partido. “Devolverle su mística histórica a partir de una nueva visión actualizada de los problemas de Argentina. El radicalismo debe trabajar para proponer soluciones que la gente comprenda para la pobreza y el trabajo en negro. Si no salimos de esos temas, definitivamente la Argentina será un país socialmente dividido”, sostuvo.