Por: Federico Cedarri
El año legislativo que se aproxima estará sin dudas sumamente imbuido por el impacto de algunas iniciativas que apuntan a convertirse en eje central de la discusión parlamentaria.
En primera instancia hay que referirse a una de las vedettes parlamentarias de la nueva agenda que se viene: las reelecciones indefinidas. El oficialismo, especialmente el vinculado al kicillofismo, ya avisó que jugará una carta para intentar la caducidad de la normativa prohijada entre el massismo y el entonces vidalismo allá por mediados de 2016.
Los principales referentes del Frente Renovador con el vicepresidente de la Cámara Baja Alexis Guerrera a la cabeza aventuraron que el espacio que comanda Sergio Massa no se moverá un ápice en su intransigencia a rechazar fehacientemente las reelecciones indefinidas.
Durante el 2025 los renovadores se opusieron con fiereza al expediente presentado allá por mayo por el kirchnerismo duro para derogar la prohibición de volver a presentarse luego de dos períodos consecutivos para legisladores provinciales y concejales.
Volviendo a la cuestión remanida de las reelecciones indefinidas de alcaldes, que es lo que realmente le interesa al kicillofismo debido a que la mayoría de los jefes comunales que no podrán presentarse a un nuevo período son del espacio Derecho al Futuro, hay un expediente alusivo en la Cámara Alta presentado por la larroquista Ayelén Durán que contempla además la situación de legisladores provinciales y concejales.
La iniciativa no tuvo tratamiento aún en el ámbito de las comisiones, pero se espera que luego de la apertura del período ordinario en marzo próximo se active su trámite.
Cabe consignar que el peronismo seguirá contando con mayoría simple en la mayoría de los entes de análisis en el Senado por lo que no le será complejo que la propuesta pueda desembarcar rápidamente en el recinto y aprobarse con el apoyo de los dialoguistas, pese al anticipado rechazo explícito de los 3 legisladores massistas entre quienes se encuentra Malena Galmarini.
Asoma complejo el escenario en Diputados donde los renovadores se hacen fuerte con sus 10 legisladores por lo que el oficialismo quedaría reducido a 28 voluntades, muy lejos de las 47 manos que se necesitan alzadas para refrendar cualquier iniciativa por mayoría simple.
No obstante, habrá que observar cuál será la actitud del cristinismo, aunque todo indica que apoyarán sin fisuras la jugada del kicillofismo tomando en consideración que los referentes parlamentarios seguidores de la ex presidenta había advertido que la discusión por la reelecciones de los alcaldes debía darse en el año no electoral.
Otra opción que no se descarta en los corrillos legislativos es que finalmente se desestime el tratamiento de la propuesta de la bahíense Ayelén Durán y el Ejecutivo decida meter por el Senado, donde el oficialismo despunta mayoría simple, un proyecto propio para derogar la ley que limita las reelecciones indefinidas de alcaldes, legisladores provinciales y concejales.
Con el nuevo paisaje legislativo adquiere preeminencia, sobre todo en la Cámara de Diputados, el mileísmo que en una posible alianza estratégica con el PRO buscará impulsar la boleta única de papel en el ámbito de la provincia de Buenos Aires: el radicalismo abadista y la Coalición Cívica se subirían al tren y reforzarían la movida libertaria.
Los violetas desandarán además un camino legislativo con iniciativas orientadas a consolidar su caballito de batalla discursivo: apuntarán a proyectos que contemplen una disminución del gasto político en la provincia y asimismo una reducción de la presión impositiva.
El abadismo, por su parte, continuará batiendo el parche sobre la situación en las prestaciones del IOMA, sobre todo las irregularidades que vienen denunciando hace tiempo en el interior de la geografía bonaerense.
La bancada que conduce el marplatense Diego Garciarena insistirá con el pedido de autarquía financiera de la obra social que le da cobertura a los empleados públicos bonaerenses.