miércoles 08 de febrero de 2023 - Edición Nº1526

Gremiales | 20 ene 2023

HISTORIAS SINDICALES

Norberto Imbelloni, de Titanes en el Ring al asesinato de Rosendo García y el cajón de Herminio

El dirigente metalúrgico de Santa fe tiene una curiosa historia. Por años, se sospechó que era el hombre detrás de la máscara del Caballero Rojo, personaje enigmático de la lucha libre nacional. Su historia se hace más oscura en Avellaneda, cuando estuvo en el tiroteo en el bar La Real, retratado magistralmente por Rodolfo Walsh. Además, encendió la antorcha que sepultó en 1983 la suerte del peronismo.


Por: Diego Lanese

La figura de Norberto Imbelloni parece estar atravesada por el misterio. Desde que su nombre fue asociado al mítico Caballero Rojo de Titanes en el ring, este dirigente metalúrgico peronista fue protagonistas de historias fuertes, controvertidas, polémicas. Como si estuviera en el lugar equivocado, en el momento equivocado. Así, en mayo de 1966 estaba en la confitería La Real de Avellaneda, donde murió el dirigente Rosendo García y fue investigado en uno de los libros icónicos de la historia nacional, el gremialista fue testigo privilegiado de eventos históricos únicos, cuando estuvo a centímetros de Herminio Iglesias, en octubre de 1983, con un encendedor en la mano, segundos antes de la que sería una postal de aquella campaña, y de la derrota del PJ. Como sea, Imbelloni tuvo una larga trayectoria dentro del sindicalismo y la política, ocupó cargos importantes en el último gobierno de Juan Domingo Perón y su sucesora María Estela Martínez, siempre con ese halo misterioso, sigiloso, tal vez símbolo de una época.

Una pequeña biografía dirá que falleció en 2015 a los 80 años. Comenzó su actividad sindical como delegado de SIAM en la década del 60. Cercano a Augusto Vandor, tuvo sus peleas luego del tiroteo que terminó con la vida de García. Además, fue funcionario del último gobierno de Perón, como subdirector de Saneamiento, fue el responsable de aplicar la Ley de Abastecimiento en tiempos de la presidencia de Isabel Perón. En 1983 fue elegido diputado nacional. Acusado de la muerte de un custodio del gremialista Raúl Cuervo en 1985, se fugó al Paraguay, donde vivió hasta 1990. Al volver al país fue condenado y encarcelado. Recuperó la libertad en 1995. En todo ese tiempo, supo alimentar varios mitos, y estuvo en varios momentos de la historia del peronismo, como testigo, o protagonista.

 

El hombre enmascarado

 

“Es intrépido y leal, es valiente y es genial, Caballero Rojo. La letra del tema del luchador de Titanes en el Ring fue una de las más populares de la saga de peleadores que encabezó Martín Karadagian. Desde sus inicios, el programa de televisión fue uno de los más populares, y con el tiempo se volvió casi de culto. Allí aparecieron los mitos detrás de las máscaras. Desde las distintas momias hasta el significado del hombre de la barra de hielo, se construyeron historias fantásticas detrás de los personajes. Una de estas hablaba que un dirigente sindical era el Caballero Rojo. No hay certeza de cómo se comenzó a dar este relato, pero muchos apuntaron a Imbelloni, que al inicio del programa era parte del círculo de confianza de Vandor, líder de la UOM y de la CGT.

 

El mito se rompió tiempo después. Primero fue Rubén “el ancho” Peuchelle quien negó que el sindicalista fuera parte del staff de los titanes. A Imbelloni se lo pudo ver en algunos ensayos, explican las crónicas de esos días, y allí nació el mito. Pero con el tiempo se supo que Humberto “baby” Reynoso, luchador que en la década del 60 hacía un personaje llamado “la araña”, era el verdadero caballero. Incluso en San Pedro, donde vivió sus últimos años, hay un monumento recordando al peleador.

Pero a Imbelloni la vida le deparaba más misterios. En la noche del 13 de mayo de 1966 estaba en la confitería La Real junto a Vandor y otros dirigentes metalúrgicos, como tantas otras noches. Sólo que esa jornada terminó con un feroz tiroteo, que se cobró la vida de Rosendo García, número dos de la UOM, Domingo Blajaquis y Juan Zalazar, ambos sindicalistas de base de Acción Revolucionaria Peronista (ARP). Con el tiempo, la conjetura elaborada por el periodista y escritor Rodolfo Walsh en su libro “Quién mató a Rosendo” es que el propio Vandor disparó el arma que asesinó por la espalda a García, que venía en ascenso en la UOM y ponía en peligro la hegemonía vandorista.

Para Imbelloni, estar esa noche en La Real fue un calvario. Según relatan Eduardo Anguita y Daniel Cecchini, primero se sumó a la versión oficial del líder metalúrgico, que acusó al grupo del ARP del ataque. Pero luego se dio vuelta. Publicó incluso una solicitada donde acusó a Vandor del hecho, pero cuando el dirigente fue a la justicia para que presente pruebas, se retractó.  En su libro, Walsh relata: “Le pregunté a Imbelloni por qué se había retractado. Respondió que falto de apoyo sindical y político, no tenía confianza en que se hiciera justicia”. Pero al tiempo, el autor de Operación Masacre pudo convencer al dirigente que hablara de lo sucedido esa noche, bajo la excusa que Perón había dado la orden de “defenestrar” a Vandor. Cuando la investigación se publicó originalmente en el periódico de la CGT de los Argentinos en episodios, Imbelloni volvió a retractarse. Los autores hablan del pago de “un millón de pesos”, aunque puede ser parte del mito.

 

Salir a la luz

 

A partir de ese tiempo, Imbelloni se mantuvo oculto, por lo menos hasta que pasara la agitación por la publicación de sus palabras. El asesinato de Vandor a manos de un grupo del peronismo revolucionario –que justificó el accionar por considerarlo autor de la muerte de García –le dio cierta tranquilidad al dirigente. La vuelta del peronismo al gobierno terminó de cerrarse capítulo, pero se abriría otro: la interna sangrienta. En este caso, Imbelloni ocupó cargos en los gobiernos de Perón y María Estela Martínez, en este caso a cargo de aplicar la Ley de Abastecimiento. En los últimos meses del gobierno tuvo a su cargo los operativos de incautación de mercadería para quienes violaban esa norma, dictada en 1974, y que hoy sigue vigente. Con camionetas del gobierno, el funcionario llegaba al comercio mayorista, verificaba el precio de venta de productos tales como pollo, carne, huevos o azúcar y, si estaba a un valor superior al precio de referencia oficial, incautaba la mercadería para después venderla al público.

Con el golpe militar, el dirigente volvió al perfil bajo, y se venía cuanto podía con un círculo de amigos que formaban la vieja guardia del peronismo, entre los que estaba Herminio Iglesias. Cuando este fue nombrado candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, Imbelloni fue uno de sus colaboradores más directos. Trabajo en la campaña, y tuvo la desgracia de estar a centímetros de Iglesias cuando este se inmortalizó quemando un cajón con las iniciales de la UCR. El hecho fue sindicado como la última piedra que hundió a Ítalo Luder y el peronismo, y le abrió las puertas al triunfo de Raúl Alfonsín. Imbelloni estaba justo allí, e incluso se cree que fue quien le pasó el encendedor para inicia la antorcha que predio el fuego. Ya en democracia, como legislador fue el primero en denunciar la compra espuria de Papel Prensa, y fue crítico de las privatizaciones. Sus últimos años, luego de su paso por la cárcel, fueron otra vez en perfil bajo, cerrando una de las historias más increíbles del sindicalismo argentino.

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