martes 22 de septiembre de 2020 - Edición Nº3752

Gremiales | 16 sep 2020

PANDEMIA

Covid-19 sin control en supermercados: Ya son tres los casos fatales en el AMBA

Esta semana se confirmó la muerte de un trabajador de Walmart en la localidad de La Tablada. Se suma al caso fatal de la delegada de Coto y un trabajador de esa misma firma. Además, los contagios siguen haciendo mella en el sector, el más golpeado detrás del sistema sanitario. Trabajadores de Cencosud pidieron por su parte medidas preventivas.


Por:
Diego Lanese

Pese a las reiteradas denuncias de trabajadores y agrupaciones sindicales, los contagios de coronavirus en supermercados se multiplican, y volvieron a los empleados de grandes superficies en el primer colectivo afectado por el mal, detrás del personal de salud. Hace unos días, se confirmó la muerte de un delegado en la firma Coto, la más afectada por la pandemia. Esta semana, un trabajador de la empresa Walmart de la localidad de La Tablada, en La Matanza, se convirtió en la tercera víctima fatal del sector, lo que genera alarma. Lejos de la agenda mediática, los casos entre estos trabajadores siguen aumentando, al punto que en muchos lugares debieron cerrar las sucursales por la falta de personal.

 

La nueva víctima fatal se produjo en el local de Walmart ubicado en Monseñor Bufano al 6.000, según informaron desde la firma. Se trata de Javier Pinto Landeros, de 46 años, quien fue internado el 17 de agosto y en los análisis le detectaron diabetes, enfermedad que el trabajador no sabía que tenía y que le complicó el cuadro de Covid-19. “Con mucha tristeza y un inmenso dolor, comunicamos que un compañero del sector de panadería del hipermercado Walmart de La Tablada murió hoy víctima del coronavirus”, informó mediante un comunicado el Sindicato de Empleados y Obreros de Comercio y Afines Zona Oeste (SEOCA). El gremio destacó que “Javi”, como conocían al trabajador, “llevaba 20 años trabajando en esta empresa”. El secretario general del SEOCA Julio Rubén Ledesma, la comisión directiva, y el cuerpo de delegados, “hacen llegar a sus familiares, amigos y conocidos, su más sentido pésame ante esta pérdida irremediable”.

 

 

Por su parte, la Agrupación La voz de Comercio también expresó sus condolencias por la muerte del trabajador, el tercero en la zona del AMBA Antes, murieron Graciela Lucero, histórica delegada gremial de la sucursal 63 de Coto, en el barrio porteño de Pompeya, y en julio había muerto Jorge Alcaraz, también empleado de esa cadena. Además, este espacio, que lidera el dirigente Mario Amado, confirmó unos cinco contagios en la cadena Coto, que en estos momentos es la más complicada de las empresas del sector.

 

En cuanto al local de La Tablada, el gremio informó que por el momento, hay dos cajeras más aisladas quienes estuvieron en contacto estrecho, aunque se verifica por las cámaras de seguridad si hay otros compañeros afectados. La trabajadora con Covid-19 se encuentra aislada y en el hotel de la FAECYS y se encuentra estable.

 

Leer más: La muerte de una delegada por coronavirus sacude supermercados Coto

 

Además, en otras empresas miran con alarma lo que sucede en estas sucursales, y piden medidas preventivas. En ese contexto, trabajadores de los supermercados pertenecientes al grupo chileno Cencosud (Jumbo, Easy, Plaza Vea, Disco y Blaisten) elevaron una nota al Ministro de Trabajo, Claudio Moroni, ante la “precariedad laboral y la falta de protocolos sanitarios en las distintas sucursales”. “La empresa tomó la calamitosa decisión de rotar compañeros de sucursal en sucursal, de esa manera fuimos yendo y viniendo de un lugar a otro y ese movimiento generó que el virus fuera a una increíble velocidad de compañero en compañero, de allí fue de compañero a su familia y luego de familiar en familiar”, destacan en la misiva elevada a las autoridades laborales.

 

En la denuncia enviada al Ministerio de Trabajo esta semana, los trabajadores del grupo Cencosud agregan que “es nuestra necesidad urgente que ya no roten a ningún compañero más, que sean castigados los directivos que no hicieron cumplir el protocolo, lo hicieron cumplir mal o a medias, o incluso aprovecharon la vulnerabilidad para sacar ventajas”. Por último, “no queremos que después de haber vivido lo vivido la empresa nos considere descartables, por lo que pedimos un plazo de dos años donde ningún compañero pueda ser despedido”.

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