Las lluvias intensas vuelven a poner en primer plano una problemática estructural del sur del Conurbano: la capacidad de los municipios para evacuar el agua que cae sobre sus calles y la infraestructura disponible para conducirla hacia los cursos receptores. En Lanús, el diagnóstico del ingeniero civil Héctor Bonfiglio apunta a una combinación de factores: redes pluviales incompletas, conductos que considera demasiado pequeños para las necesidades actuales, cañerías deterioradas y un sistema de desagüe condicionado por el comportamiento hidráulico de los distritos vecinos.
En una entrevista especial realizada por Política del Sur el viernes 23 de octubre, Bonfiglio repasó las características de la infraestructura pluvial de Lanús, identificó sectores que considera vulnerables y expuso una serie de alternativas de ingeniería para reducir los anegamientos. Su análisis se produce en un contexto de preocupación por el fenómeno de El Niño y las perspectivas de precipitaciones para la primavera y el verano.
El Servicio Meteorológico Nacional anticipó para el trimestre octubre-diciembre de 2026 una mayor probabilidad de lluvias superiores a las normales en distintas regiones del país, incluido el Área Metropolitana de Buenos Aires. Estos pronósticos describen tendencias estacionales y no permiten anticipar por sí solos la fecha o la intensidad de una tormenta particular.
Para Bonfiglio, el desafío consiste en comprender qué sucede con el agua después de la lluvia y si las redes existentes tienen capacidad suficiente para conducirla. «El agua no dice: “Yo tengo que ir a Avellaneda, yo tengo que ir a Lanús, me tengo que quedar en Lanús”, sino que sigue las caídas naturales», explicó durante la entrevista.
La observación resume uno de los ejes de su diagnóstico: el escurrimiento no respeta los límites administrativos y depende de las pendientes, las conexiones entre conductos, la capacidad de las cañerías y las condiciones de descarga.
Al referirse al fenómeno climático, Bonfiglio sostuvo que el escenario puede traducirse en inundaciones si las precipitaciones superan la capacidad de respuesta de la infraestructura urbana.
"Puede afectar, obviamente, de una manera directa, como en forma de inundaciones», señaló al ser consultado sobre las consecuencias que podría tener el llamado "superniño" en Lanús.
El ingeniero mencionó las lluvias registradas en otras regiones del país y vinculó su preocupación con la intensidad de las precipitaciones esperadas. También planteó una hipótesis sobre la relación entre este fenómeno y el calentamiento global, aunque aclaró que no cuenta con elementos suficientes para establecerla de manera concluyente.
"Se supone que es consecuencia del calentamiento global. Yo creo que sí, pero no tengo suficientes elementos como para decirte fehacientemente que es consecuencia del calentamiento global", expresó.
Más allá de esa interpretación, el eje de su exposición estuvo puesto en las condiciones concretas de Lanús. Para Bonfiglio, la posibilidad de que se registren lluvias intensas obliga a mirar tanto el estado de los conductos como la extensión de las redes y la forma en que cada sector del distrito evacua el agua.
En ese sentido, distinguió dos escenarios diferentes: Lanús Este, donde parte del problema está relacionado con el agua que llega desde municipios vecinos y continúa hacia Avellaneda, y Lanús Oeste, donde identificó una problemática vinculada con los desagües que desembocan directamente en el Riachuelo.
Uno de los puntos centrales del análisis de Bonfiglio es que las inundaciones en Lanús Este no pueden comprenderse únicamente a partir de la lluvia caída dentro del distrito.
El ingeniero explicó que dos cursos de agua, los arroyos Galíndez y Las Perdices, reciben aportes de zonas de Lomas de Zamora y Almirante Brown. En su descripción, ambos sistemas confluyen hacia el área de Avellaneda y se vinculan con la red que conduce las aguas hacia el sistema del arroyo Sarandí y, finalmente, el Río de la Plata.
El Instituto Nacional del Agua identifica a Lanús, Lomas de Zamora, Almirante Brown y Avellaneda entre los municipios comprendidos en la cuenca de los arroyos Sarandí-Santo Domingo, un sistema hídrico compartido por varios partidos de la región metropolitana.
Esa interdependencia territorial es importante porque, según Bonfiglio, cuando una tormenta avanza desde el sur, los conductos de Lanús pueden recibir el agua que ya cayó en los distritos ubicados aguas arriba.
"Cuando las lluvias se producen desde el sur, o sea, cuando hay viento sur y la tormenta avanza desde el sur, desde Lomas hacia Lanús, los conductos que están en Lanús se llenan con el agua de la lluvia que ya cayó en Almirante Brown y Lomas", explicó.
El problema aparece cuando las precipitaciones llegan a Lanús y la red ya se encuentra ocupada por el agua procedente de otros sectores de la cuenca. En esas condiciones, la capacidad disponible para evacuar el agua caída localmente puede reducirse y prolongar los anegamientos.
«Entonces, cuando la lluvia cae en Lanús encuentra que los conductos ya están tapados o colmatados. Y entonces demora en irse la lluvia que está en superficie, porque esos conductos no tienen suficiente capacidad como para que se vaya», sostuvo.
A esa situación sumó otro factor: el estado de conservación de la infraestructura.
"A eso se suma el hecho de que los conductos, en general, están obstruidos, sucios o rotos", advirtió.
Para Bonfiglio, por lo tanto, no alcanza con observar la cantidad de agua que cae en un barrio. También es necesario considerar cuánto caudal llega desde otras localidades, qué capacidad tienen las cañerías y si estas se encuentran en condiciones de funcionar.
Uno de los planteos más concretos de la entrevista estuvo relacionado con el tamaño de los conductos pluviales.
Bonfiglio explicó que algunos de los caños existentes tienen más de un siglo de antigüedad y sostuvo que una parte de la infraestructura debería reemplazarse por conductos de mayor diámetro.
"Lo ideal sería ir reemplazando los conductos de 40 centímetros por conductos de 60, que permitirían más fluidez en la salida", señaló.
El ingeniero aclaró que no se trata de una solución que pueda ejecutarse de manera inmediata frente a una tormenta. Es una inversión de infraestructura que, a su criterio, debe planificarse y sostenerse en el tiempo.
"Esto es un trabajo de inversión que hay que ir haciendo gradualmente", explicó.
También propuso aprovechar las intervenciones sobre las calles para renovar las cañerías subterráneas. Cuando se levanta el pavimento para reparar una calzada de hormigón, consideró que puede ser una oportunidad para sustituir los conductos existentes sin tener que afrontar por separado toda la obra vial.
"El costo de reemplazar los caños es mínimo comparado con el costo de realizar toda una calle nueva de hormigón", afirmó.
Su diagnóstico incluye, además, calles en las que directamente no existen conductos pluviales. En esos sectores, el agua circula por la superficie hasta encontrar una boca de tormenta o seguir la pendiente de la calzada.
"Está faltando, además, completar las redes y limpiar los conductos y reparar los que pudieran estar rotos", resumió.
Bonfiglio mostró durante la entrevista planos de la red pluvial del distrito para señalar sectores sin cobertura y explicar cómo se conectan las distintas cañerías. A partir de esos esquemas, sostuvo que la planificación debería contemplar tanto la ampliación de las redes como la renovación de los tramos existentes.
En su análisis, Bonfiglio diferenció la limpieza de las bocas de tormenta de la limpieza de los conductos subterráneos. Aunque ambas tareas están relacionadas, advirtió que resolver una no garantiza que el agua pueda circular por toda la red.
"Está muy bien que se desobstruyan los sumideros, pero no alcanza con eso: hay que limpiar los conductos", sostuvo.
La explicación es sencilla: cuando el agua llega a una boca de tormenta, debe ingresar a la cañería y recorrerla hasta alcanzar el punto de descarga. Si el conducto está obstruido, deteriorado o colmatado, el agua puede permanecer en la superficie durante horas.
Durante la segunda parte de la entrevista, describió ese proceso: «Si luego uno circula por el caño, el agua queda estancada y se produce un atoramiento, y el agua queda en superficie dos, tres, cuatro horas, un día, y encima se acumula, levantando el nivel».
Para verificar si un conducto está obstruido, Bonfiglio describió un procedimiento basado en aplicar agua a presión desde uno de sus extremos y comprobar si sale por el otro. La demora o la ausencia de salida permiten detectar posibles inconvenientes.
También explicó que la limpieza puede realizarse mediante herramientas específicas, como lanzas y cadenas, para arrastrar tierra endurecida y residuos acumulados.
Sin embargo, advirtió que la limpieza no resuelve todos los problemas. Cuando una cañería está muy deteriorada o resulta insuficiente para el caudal que debe transportar, el reemplazo puede ser indispensable Por eso, su propuesta combina tareas de mantenimiento permanente con un programa de obras de mayor alcance.
Para abordar el problema del agua que llega desde Lomas de Zamora y Almirante Brown, Bonfiglio propuso construir un bypass: una derivación que permita conducir esos caudales hacia su destino sin incorporarlos a los conductos que ya reciben el agua de lluvia de Lanús.
"Hay que hacer una obra que se denomina un bypass, que es tomar el agua de cañería que viene de Lomas o que viene de Almirante Brown y hacerla pasar por el distrito de Lanús y por el distrito de Avellaneda en forma directa, sin que se enganche con la cañería existente allí, para evitar que se acumule el agua de una y de otra", explicó.
Para hacer más comprensible la idea, recurrió a una comparación con el tránsito: así como una colectora permite separar flujos vehiculares para evitar que se mezclen en una misma vía, el bypass permitiría separar el agua proveniente de otras cuencas de la que debe evacuar la red local.
"Lo que nosotros queremos es que eso se evite con un bypass, que tome el agua de Almirante Brown y Lomas y saltee a Lanús", detalló.
La finalidad de la propuesta es reducir la carga sobre los conductos del distrito y evitar que la llegada de agua desde otros municipios limite la capacidad de evacuación de las precipitaciones locales.
Bonfiglio planteó esta alternativa como una obra estructural de mayor alcance que las tareas de mantenimiento. Su implementación, naturalmente, requeriría estudios hidráulicos, definición de trazas y coordinación entre las jurisdicciones involucradas.
En el oeste del distrito, el diagnóstico cambia. Bonfiglio explicó que existen distintas cuencas pluviales y que una de las redes más importantes conduce agua desde sectores de Remedios de Escalada y Gerli hacia el conducto Olazábal, que desemboca en el Riachuelo.
El ingeniero destacó las dimensiones de esa infraestructura, con dos conductos que, según los planos que mostró durante la entrevista, tienen aproximadamente 3,95 metros de ancho por 2,40 metros de alto cada uno.
La existencia de conductos de gran tamaño, sin embargo, no elimina todos los riesgos. Para Bonfiglio, uno de los escenarios más complejos se produce cuando una lluvia intensa coincide con una sudestada.
En esas condiciones, el aumento del nivel del Riachuelo puede dificultar o impedir la descarga del agua que llega desde las calles.
"Una lluvia intensa con sudestada, la sudestada eleva el nivel del Riachuelo, produce un tapón hidráulico e impide que el desagüe pluvial funcione y que las aguas de la calle, de la superficie, salgan por los conductos y vayan al Riachuelo", explicó.
El problema, según describió, persiste mientras el nivel del curso receptor se mantiene elevado. Aunque las cañerías estén conectadas, la diferencia de niveles puede impedir que el agua salga por gravedad con la rapidez necesaria.
"Ese tapón se genera como consecuencia de la sudestada y no se va hasta que no afloja la sudestada y baja el nivel del Riachuelo", añadió.
Por eso, consideró que la solución requiere obras que permitan manejar el agua incluso cuando el río dificulta la descarga.
Para reducir el riesgo de que el Riachuelo actúe como una barrera hidráulica, Bonfiglio propuso instalar compuertas, construir un sistema de captación previo y disponer de bombas capaces de elevar el agua por encima del nivel que impide su salida natural.
"Eso se debería haber resuelto con obras que son de mucho peso, obras importantes, como colocar compuertas y un sumidero antes de la compuerta, con bombeo por arriba de la compuerta, para poder bombear cuando el nivel del Riachuelo tapona la salida de los conductos grandes", explicó.
El ingeniero mencionó como antecedente las obras que, según su descripción, se realizaron en La Boca durante la década de 1990. Allí, la combinación de compuertas y bombeo permite evacuar el agua cuando el nivel del río impide el escurrimiento por gravedad.
"La Boca se inundaba y no se inunda más", afirmó al referirse a esa intervención.
Bonfiglio sostuvo que un esquema de este tipo debería evaluarse para las cuencas de Lanús Oeste que descargan directamente en el Riachuelo. Se trata de una solución diferente del bypass que propone para Lanús Este: mientras una intervención busca separar los caudales provenientes de otros municipios, la otra apunta a garantizar la descarga cuando el nivel del curso receptor se eleva.
En el este, además, mencionó otra alternativa: la construcción de reservorios o piletones que permitan acumular temporalmente parte del agua de lluvia y bombearla hacia los conductos principales cuando se alcanza determinado nivel.
"Hay lugares que las piletas, estos sumideros, ocupan el tamaño de una cancha de fútbol y tienen una profundidad de tres o cuatro metros", explicó.
Durante la charla, señaló el parque deportivo ubicado en Donato Álvarez como un lugar que podría analizarse para una intervención de este tipo. La referencia corresponde a una propuesta del entrevistado y no a una obra anunciada o aprobada.
El principio de funcionamiento consiste en retener parte del agua que llega durante una tormenta y evacuarla mediante bombas, de manera que no toda la lluvia tenga que ingresar al mismo tiempo a una red que puede encontrarse sobrecargada.
Otro de los problemas que identificó Bonfiglio está relacionado con la expansión urbana y el crecimiento de los edificios en sectores donde, según los planos que mostró, no se completó la red de desagües.
En Lanús Oeste, señaló áreas del centro donde existen calles sin conductos pluviales, pese al desarrollo inmobiliario registrado durante los últimos 15 a 20 años.
"Toda esta zona está sin conductos, o sea que por allí el agua circula absolutamente por superficie", describió al mostrar uno de los sectores en los planos.
También se refirió a las calles Ministro Brin, Gobernador Irigoyen, Aristóbulo del Valle, Juan Piñeiro y 2 de Mayo, entre otras, como parte de las áreas que, de acuerdo con su relevamiento, presentan faltantes en la red.
El problema adquiere mayor relevancia en zonas densamente urbanizadas, donde los edificios suman superficies de terrazas y balcones desde las que el agua de lluvia también ingresa a los sistemas de desagüe.
"Toda Ministro Brin se inunda hasta 25 de Mayo", afirmó al describir uno de los sectores que considera críticos.
Para el ingeniero, la expansión urbana debe estar acompañada por infraestructura suficiente para evacuar el agua. Cuando se construyen nuevas viviendas y se incrementa la superficie impermeabilizada, disminuye la proporción de agua que puede infiltrarse en el suelo y aumenta la importancia de contar con redes pluviales adecuadas.
El diagnóstico también recupera una transformación histórica: las calles de tierra y las zanjas que conducían el agua fueron reemplazadas progresivamente por pavimentos y redes entubadas, pero no todos los sectores recibieron la misma infraestructura ni todas las cañerías tienen la misma antigüedad.
Bonfiglio sostuvo que durante décadas muchas administraciones priorizaron el pavimento, una obra visible para los vecinos, por encima de las redes subterráneas. En su opinión, la planificación de las calles debería integrar ambas necesidades.
Durante la entrevista, el ingeniero mencionó varios puntos de Lanús que considera especialmente expuestos a los anegamientos.
En Lanús Este, destacó la zona de Monte Chingolo ubicada detrás de las vías ferroviarias, a la que describió como un sector inundable cuya problemática, según su evaluación, no se resolvió.
En Lanús Oeste, mencionó Villa Diamante y sectores del centro, entre ellos áreas próximas a Ministro Brin y 25 de Mayo.
También relató una experiencia vinculada con su actividad como director de una escuela industrial. Según explicó, el establecimiento ubicado en José María Moreno y Ucrania, a unas dos cuadras de Coto, sufre el ingreso de agua cuando se registran precipitaciones intensas.
"Cada vez que llueve un poco intensamente se inunda y el agua entra dentro de la escuela", contó.
A partir de estos ejemplos, Bonfiglio sostuvo que los problemas no se limitan a una única cuenca o a un barrio determinado. La combinación de redes incompletas, conductos deteriorados y condiciones desfavorables de descarga puede afectar distintos sectores del distrito por mecanismos diferentes.
El ingeniero también mencionó que una lluvia de 40 o 50 milímetros puede resultar complicada para la capacidad de respuesta del sistema local. Esa referencia expresa su evaluación sobre la vulnerabilidad de la infraestructura y no constituye un umbral universal a partir del cual necesariamente se produzcan inundaciones: el resultado depende de la intensidad y duración de la lluvia, las condiciones previas del suelo, el estado de los conductos y el nivel de los cursos receptores.
Consultado sobre qué medidas tomaría de manera inmediata si volviera a ocupar la Secretaría de Obras Públicas, Bonfiglio fue categórico respecto de los límites de la respuesta frente a una tormenta excepcional.
"De manera inmediata, no hay ninguna medida que se pueda tomar que sirva para evitar una inundación consecuencia de una lluvia intensa", sostuvo.
Su planteo no implica descartar las tareas de emergencia, sino señalar que las obras estructurales necesitan planificación y ejecución anticipadas. La limpieza de los conductos, el reemplazo de cañerías deterioradas, la ampliación de la red y las intervenciones hidráulicas de mayor escala requieren recursos, proyectos y continuidad presupuestaria.
"Las soluciones de este tipo, como son soluciones de infraestructura que resuelven los problemas estructurales del distrito, se deben ir haciendo de a poco, gradualmente, y además no se deben dejar de hacer nunca", afirmó.
Bonfiglio también aclaró que no cuenta con pruebas para sostener que hace años que no se realiza mantenimiento en los conductos, aunque dijo tener entendido que las tareas se habrían interrumpido durante un período prolongado. Por eso, su observación debe distinguirse de una verificación documental sobre la frecuencia real de las intervenciones municipales.
En cuanto a las responsabilidades, señaló que los conductos de menos de un metro corresponden al ámbito municipal, mientras que los de mayor diámetro son responsabilidad de la Provincia de Buenos Aires, de acuerdo con la distribución que describió durante la charla. En cualquier caso, remarcó que la limpieza y el mantenimiento deben abarcar la red y no limitarse a las bocas de tormenta.
La entrevista con Héctor Bonfiglio deja planteada una discusión que excede la respuesta ante una tormenta: cómo planificar una infraestructura pluvial capaz de acompañar el crecimiento urbano y responder a precipitaciones intensas.
Su diagnóstico distingue dos problemas centrales. En Lanús Este, propone estudiar una derivación que permita separar el agua proveniente de Lomas de Zamora y Almirante Brown de la red local, además de completar conductos, renovar cañerías y evaluar reservorios con bombeo. En Lanús Oeste, considera necesario analizar sistemas de compuertas y bombeo para mantener la descarga cuando una sudestada eleva el nivel del Riachuelo.
Las alternativas que expuso requieren estudios técnicos, evaluación de costos y coordinación entre los organismos responsables de las distintas redes y cuencas. No se trata de soluciones intercambiables: cada una responde a una condición hidráulica particular.
El ingeniero cerró la entrevista con una definición sobre la necesidad de priorizar las intervenciones y sostenerlas en el tiempo: "Lo que hay que hacer es asumir cuáles son las tareas más importantes y afectar recursos. Esto es lo más importante".
En un escenario climático que exige preparación, la cuestión de fondo es cómo transformar el diagnóstico de los puntos vulnerables en una política de mantenimiento y obras que reduzca la exposición de los vecinos a los anegamientos. Para Lanús, la discusión involucra tanto el estado de las cañerías existentes como la planificación de nuevas redes y la relación hidráulica con los municipios que comparten sus cuencas.
Especial de Política del Sur: entrevista al ingeniero civil Héctor Bonfiglio sobre El Niño, las inundaciones y la infraestructura pluvial de Lanús.