Bajo el lema “las Malvinas son argentinas, la industria nacional también”, la CGT transitó este jueves una nueva etapa de su plan escalonado de lucha, para reclamar medidas a favor de la producción nacional.
El método selo conoce como “a la francesa”, porque evita las medidas generales y asume acciones sectoriales y en distintos rubros de la actividad. Viendo lo que pasa en parís, donde la protesta de estudiantes escaló a niveles impensados y las imágenes son de duros enfrentamientos, esta movilización parece tener poco de ese toque francés, pero esa interpretación sería, cuanto menos, parcial. Es que la dirigencia sigue sosteniendo que necesita de un clima generalizado para avanzar en el enfrentamiento directo con el gobierno de Javier Milei.
Además, la informalidad y la necesidad de millones de argentinos de salir todos los días a garantizar el ingreso mínimo hace lógico repensar a quién beneficia y a quién perjudica un paro. Todo esto y mucho más se puso en la balanza para anunciar las nuevas protestas, que se completarán con la participación de la central obrera en la Quinta marcha federal Universitaria.
La jornada encabezada por los triunviros Cristian Jerónimo, Jorge Sola y Octavio Argüello buscó dejar un mensaje claro hacia afuera. Poco antes del inicio de la marcha, la central obrera publicó un documento en el que aseguró que el gobierno nacional lleva adelante un modelo político, económico y social "monitoreado" por el Fondo Monetario Internacional (FMI), "en función de intereses que no son los nuestros". Pero además para adentro, ya que mucha dirigencia busca independizarse de sus decisiones, incluyendo algunas regionales que plantean medidas propias.
La multitudinaria marcha de este jueves marca un avance en el plan de lucha lanzado hace unos meses, que se suponía terminaría en un paro general, pero que parece que hasta la visita del Papa León XIV no se dará. Esto generó críticas, como las de Pablo Moyano, que viene ganando terreno en su prédica combativa, tanto en el sindicalismo como en el peronismo.
Lo cierto es que la conducción cegetista mantiene su postura de estas protestas escalonadas, llamadas “a la francesa”, para enfrentar el modelo libertario. En la previa a la movilización, la CGT publicó en sus redes sociales un duro diagnóstico sobre la situación de la industria nacional y cuestionó el rumbo económico del Gobierno de Javier Milei y los planes de su ministro de Economía Luis Caputo.
Bajo el título La Argentina de Milei-Caputo: un modelo de persianas bajas, la central obrera planteó que la actividad fabril atraviesa una “crisis profunda” y que detrás de cada empresa que cierra y de cada puesto de trabajo que se pierde hay un esquema que prioriza “la especulación, el ajuste y la apertura indiscriminada”. El posteo contrapone los resultados fiscales que celebran desde la Casa Rosada con los indicadores oficiales sobre la producción y el trabajo, con datos del propio Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y de la Secretaría de Trabajo. “La economía real se achica”, afirmó la CGT, y agregó que son los datos oficiales los que contradicen la narrativa del Gobierno. En esa línea, advirtió que el modelo actual empuja a un país “donde sobran argentinos y faltan oportunidades”.
Además, un documento insiste con poner sobre la mesa los datos que marcan el ataque al empleo y la industria nacional del modelo libertario. Entre las cifras difundidas, la central señaló que la industria pyme acumula ocho meses consecutivos de caída y que la manufacturera perdió 138 empresas solamente en junio.
Por eso APYME, una de las entidades del sector más representativa, estuvo en la jornada de lucha. También destacó que las fábricas utilizaron apenas el 58,2 por ciento de su capacidad instalada, según el Indec, lo que implica que más de cuatro de cada diez partes de la capacidad productiva quedaron sin usar. Un nivel tan bajo suele asociarse a una demanda debilitada y a restricciones que traban la producción.
El capítulo del empleo es el más contundente, ya que, de acuerdo con datos oficiales, desde noviembre de 2023 hasta junio de 2026 desaparecieron 31.342 empresas y se perdieron 434.126 puestos de trabajo registrados. Dentro de ese total, la industria manufacturera explica 88.496 empleos formales menos, una caída del 7,4 por ciento.
Según los datos de la Secretaría de Trabajo y el Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) que citó la central, esto equivale a unos 93 puestos industriales perdidos por día. La central explicó que la protesta busca visibilizar la situación del sector productivo y particularmente de las pequeñas y medianas empresas, a las que definió como el principal sostén del empleo.
Según su diagnóstico, el retroceso de la actividad excede los problemas de cada establecimiento porque compromete la cadena de pagos y debilita la producción regional. “Este achicamiento no solo involucra quebrantos empresariales, sino que también implica un daño que agudiza las dificultades en la cadena de pagos y debilita los entramados productivos regionales”, planteó la conducción.
Además de poner de alguna manera un límite al avance libertario, la marcha buscó frenar cierto malestar interno por la falta de definiciones respecto del nuevo paro general. Si bien la dirigencia dice siempre que no lo descarta, se esperaba alguna señal antes de la llegada del Papa León XIV, pero no sucedió.
A esto se le sumó que en algunas regionales, como Rosario, empezaron a hablar de una medida de fuerza apropia. Los motivos para protestar son compartidos y en muchas provincias consideran que incluso hay que empezar por los territorios cualquier plan de lucha. La lógica es entendible, dicen en Azopardo, pero no se comparte.
Cuando cierra una planta en una localidad del interior, el efecto social es devastador. Casos como Granja Tres Arroyos muestran el drama de toda una localidad cuando la principal fuente laboral cierra. Pero las decisiones nacionales parecen ir por otro lado. En el conurbano bonaerense, la dirigencia asegura que se mantendrá alineada con las medidas anunciadas desde Azopardo.
“La conducción de la CGT es una sola, y así debería entenderse”, le dijo un importante dirigente regional Política del Sur, desestimando cualquier plan de lucha propio. Otro de los puntos que rechazan en la lógica rosarina es el impacto de las medidas. “Nunca una protesta local tendrá la relevancia que cualquier medida con respaldo nacional”, agregó el mismo dirigente.
Las regionales de la CGT son la estructura interna que articula a nivel local y le da “territorialidad” a la central obrera. Están bajo la órbita de la Secretaría del Interior de la CGT, que articula con sus autoridades las acciones locales. Actualmente, la cartera está a cargo de un peso pesado de la CGT: el ex integrante del triunvirato Héctor Daer. Pese al rechazo a planes locales, en el interior algunas regionales parecen estar decididas a tener su propia agenda de acción.
En el caso de Rosario, la marcha contra los despidos de Electrolux concentró a varios gremios que forman parte del Frente de Sindicatos Unidos (FreSU), el espacio formado por sectores combativos que viene presionando para una actitud más confrontativa con el gobierno de Javier Milei. Los referentes del FreSU están trabajando con un plan de lucha propio y, justamente, comenzaron acciones en las provincias para federalizar los reclamos. Por eso no fue casual ver a la UOM rosarina en primera fila.
El gremio es parte del frente, y su conductor –hoy corrido por la intervención– es una de las caras visibles. Además, Abel Furlán fue el anterior secretario del Interior de la CGT, a cargo de normalizar la mayoría de las regionales. Esto le da mucha ascendencia a las dirigencias locales, lo que puede encender la mecha de las protestas regionalizadas.