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Acorralados, los Milei le pusieron “fin” al cuestionado Adorni : ¿le entregan el poder real a un hombre de Macri? - Política del Sur

SOCIEDAD | 27 JUN 2026

EYECTARON AL JEFE DE GABINETE

Acorralados, los Milei le pusieron “fin” al cuestionado Adorni : ¿le entregan el poder real a un hombre de Macri?

Cien días de defensa cerrada a Adorni terminaron en la renuncia más doloriza del Gobierno y en una jugada que deja mal parados a Javier y Karina. Pero la pregunta es si para tapar el agujero terminan entregando la administración del Estado a Mauricio Macri en la figura de Santilli. Se va con Adorni, el funcionario que peor trató a la prensa tal vez, en décadas.




Manuel Adorni renunció este sábado (Día del empleado Público) a la Jefatura de Gabinete con una carta autocompasiva en la que se presentó como víctima de “ataques mediáticos” y de una “carnicería” periodística, después de tres meses y medio en los que el affaire por su patrimonio —una casa en el country Indio Cuá, un departamento en Caballito financiado por dos jubiladas que niegan conocerlo, viajes en avión privado a Punta del Este y la inclusión de su esposa, Bettina Angeletti, en la comitiva oficial a Nueva York porque se “deslomaba”— lo convirtió en el funcionario más resistido del gabinete libertario. La salida llega con una causa judicial en marcha por presunto enriquecimiento ilícito, a cargo del fiscal Gerardo Pollicita y el juez Ariel Lijo, y con una moción de censura que la oposición ya tenía cargada en el Congreso.

De cualquier manera, lo que primero que se activó con su renuncia a su sueldo en el gobierno, es su sueldo de más de 80 millones de pesos como directivo de YPF, con lo cual el hombre no quedó desempleado. Ahora todos se pregunta, si va a renunciar también a ese tentador ingreso.

Lo llamativo no es la renuncia en sí —se descontaba desde hacía semanas— sino la confesión de debilidad que dejó expuesta el gobierno de Javier Milei: Diego Santilli, hasta ahora ministro del Interior, sería el nuevo jefe de Gabinete. Cómo se sabe, Santilli era un segundón en la lista de legisladores, que tomó relevancia por la otra renuncia que manchó a los hermanos Milei: José Luis Espert, vinculado a un empresario narco.

Javier y Karina Milei, que ya habían zafado del escándalo $Libra y de las coimas del 3% y que durante cien días defendieron a un funcionario investigado por la Justicia con una intensidad que rozó lo obsceno, terminaron por soltarlo cuando la ecuación política y judicial se volvió insostenible, y debieron resolver la sucesión recurriendo a un dirigente completamente ajeno a su núcleo de origen. Como dijo un peronista allegado a Kicillof que habló con Política del Sur: “Quedó demostrado, que al fin y al cabo, a Mieli también le entran las balas”.

Según reconstruyeron varias fuentes consultadas por la prensa nacional, la decisión de ungir a Santilli fue tomada por Milei en consulta con Karina; el canciller Pablo Quirno, sobrino político del ministro de Economía Luis “Toto” Caputo, quedó como variante de reemplazo pero perdió la carrera final. Según los datos recogidos al cierre de esta edición. Un funcionario ministerial de la provincia de Buenos Aires que dialogó con este medio dijo sobre el ministro Caputo: “La política es como el juego de la Oca. Cuando te faltan dos casilleros para ganar, avanzas cuatro y quedaste afuera de la carrera”.

¿Hubo presión internacional?

No existió, en el sentido literal, una presión de gobiernos extranjeros para que Adorni renunciara. Pero sí hubo un actor internacional que vino marcando la cancha desde hace semanas: el FMI. En su último informe técnico, el staff del organismo incluyó un capítulo específico —el Box 9, dedicado a gobernanza económica y marcos anticorrupción— en el que cuestionó explícitamente los “retrasos en la publicación” de las declaraciones patrimoniales de funcionarios, las “limitaciones en la verificación” y la “aplicación desigual” de los regímenes de control. El diagnóstico se conoció en pleno escándalo Adorni y funcionó como una luz amarilla institucional sobre la transparencia del Gobierno, justo cuando la Argentina negocia con el organismo el desembolso de nuevos tramos de asistencia.

A esa señal se sumó la lectura de los mercados. En el Gobierno temían, según trascendió en distintos medios especializados en finanzas, que una caída de Adorni por la vía de una moción de censura en el Congreso —y no por una renuncia “ordenada”— se leyera en Wall Street como una muestra de debilidad institucional del esquema de poder de Milei, justo en un momento en que el riesgo país venía perforando mínimos de varios años gracias a las mejoras de calificación de S&P y Fitch. La preocupación no era moral sino reputacional: qué impacto tendría en los inversores la imagen de un jefe de Gabinete corrupto expulsado por el Poder Legislativo. En ese sentido, la “presión internacional” sobre la renuncia de Adorni fue más financiera y técnica —FMI, calificadoras, fondos— que diplomática o política.

El problema de fondo

La Jefatura de Gabinete no es un cargo decorativo: coordina ministerios, articula con el Congreso y es la bisagra operativa entre la Casa Rosada y la administración real del Estado. Y los hermanos Milei llegaban a este momento con un problema que la motosierra nunca contempló: no les quedaba nadie propio para ese lugar.

Adorni era, hasta hace pocos meses, lo más parecido a un hombre de la “primera hora” libertaria: vocero presidencial desde el primer día de gestión, voz oficial del relato anticasta, hombre de extrema confianza tanto de Javier como de Karina. Su caída no solo se llevó a un funcionario: se llevó al último representante de ese círculo fundacional con peso real en la gestión.

Antes de él ya habían pasado por la Jefatura Nicolás Posse y Guillermo Francos, ninguno de los cuales pertenecía al núcleo duro original. Adorni era, en los hechos, la última carta “propia” que les quedaba a los hermanos en ese sillón. El asesor Eduardo “Lule” Menem fue descartado rápidamente por su propio entorno —prefiere el perfil bajo—, y Sandra Pettovello, ministra de Capital Humano y amiga personal de Milei, quedó analizada y descartada como variante de fondo. No había, literalmente, ningún nombre del riñón mileísta original con el peso suficiente para asumir. La mesa estaba vacía.

Se estimaba antes del partido de Argentina con Jordania que la designación caería  —como anticipaban la mayoría de las fuentes desde el viernes— en Diego Santilli. Y ahí está el dato que cambia la lectura de toda esta crisis: pasan de un comunicador de su propia tropa, a un cuadro político con tres décadas de carrera, formado en el peronismo de los 90, consagrado en el PRO junto a Mauricio Macri y curtido en la gestión de gobierno (vicejefe de Gobierno porteño en seguridad, diputado nacional, ministro del Interior).

Adorni sabía repetir un relato frente a una cámara; Santilli sabe negociar un Presupuesto, cerrar acuerdos con gobernadores y mover votos en el Congreso. No es un simple recambio de nombres: es la confesión de que el aparato libertario, después de dos años y medio de gestión, no logró formar a un solo cuadro propio capaz de manejar el Estado en serio.

¿Para quién juega Santilli?

Esta es la pregunta que deEl caso “juega para Macri”. Santilli es, formalmente, todavía un dirigente del PRO. En las últimas semanas, el propio Macri viene marcando distancia explícita del Gobierno —condicionó su apoyo al Presupuesto, instaló un documento partidario crítico de la gestión libertaria y no descarta una candidatura presidencial propia en 2027—, mientras intendentes y legisladores del PRO bonaerense (con Cristian Ritondo a la cabeza) acumulan roces cada vez más ásperos con La Libertad Avanza por reparto de cargos y fondos.

Si Santilli, desde la Jefatura, termina siendo el canal por el que el macrismo recupera injerencia sobre la gestión del Estado —nombramientos, obras, relación con intendentes—, el principal beneficiado de esta crisis terminaría siendo, paradójicamente, el partido que los Milei pensaron en derrotar.

Sin embargo, la actuación de Santilli en los últimos meses contradice un poco esa lectura lineal. Cuando debió elegir entre la orden de Karina Milei y los intereses de su propio bloque partidario —como ocurrió en la disputa por las designaciones en la Auditoría General de la Nación, donde el PRO quedó afuera del reparto y Ritondo llegó a amenazar con la Justicia—, Santilli se alineó sin fisuras con el Gobierno y dejó expuesto a su propio espacio. En sus palabras: está “obligado a defender la posición del oficialismo”. Milei, además, ya dejó dicho en privado que no piensa “abrir la mesa de poder” a Macri y que prefiere absorber a los dirigentes del PRO que le interesan sin pacto formal. Bajo esa lectura, Santilli no representa a Macri.

La tercera lectura, y quizás la más realista, es que Santilli juega para sí mismo con la esperanza de ser candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires en 2027. Su fortaleza no nace de una lealtad ideológica sino de un cálculo: hoy es el único dirigente que tiene llegada simultánea con Karina Milei, con Santiago Caputo, con Patricia Bullrich y con los gobernadores dialoguistas, sin haber roto con ninguno. Esa transversalidad es su capital y, a la vez, su techo: el día que deba elegir entre el Gobierno y su propio futuro electoral, es esperable que Santilli proteja primero su candidatura.

¿Caputo vs. Karina, o Caputo + Karina contra Adorni?

La pregunta sobre si esta renuncia tuvo que ver con la interna entre Santiago Caputo y Karina Milei merece una respuesta matizada. Durante meses, ambos sectores mantuvieron diferencias de poder dentro del “Triángulo de Hierro” que también integra el propio Presidente. Pero en el caso Adorni, las fuentes coinciden en algo inusual: Karina y Caputo llegaron, esta vez, a la misma conclusión —que la situación de Adorni se había vuelto insostenible— y trabajaron juntos en el armado de la sucesión, incluyendo el esquema que terminaría llevando a Santilli a la Jefatura. Distinto es el rol que jugó Patricia Bullrich. Como jefa del bloque de senadores libertarios, fue ella quien le advirtió primero a Karina Milei que sostener a Adorni a cualquier costo terminaría en una derrota institucional.

Bullrich impulsó, además, la maniobra de no dar quorum en el Senado para evitar la interpelación, ganando tiempo político. En la lectura de varios despachos oficiales, Bullrich es vista como la “vencedora” de esta pulseada interna, al lograr imponer el criterio de evitar la confrontación directa con el Congreso. ¿Operaron Caputo, Santilli y Bullrich “en tándem” para derrocar a Adorni?

El destrato a la prensa, la marca de gestión de Adorni

Además de jefe de Gabinete, Adorni fue vocero presidencial, y desde ese atril construyó buena parte de su identidad política a partir de la confrontación con los periodistas que le preguntaban por su patrimonio. “Vos sos apenas un periodista, no un juez, hago lo que quiero con mi dinero”, le respondió en marzo a un cronista que le consultaba por sus bienes.

Llegó a calificar al periodismo crítico de “chorros que inventan denuncias por falta de pauta”, y en las últimas semanas de su gestión evitó casi por completo el contacto con la prensa, delegando explicaciones en entrevistas seleccionadas con medios afines. El propio Javier Milei acompañó ese estilo: el día que se le preguntó por su respaldo a Adorni en medio del escándalo, le gritó a los periodistas que lo abordaban: “Ustedes son los corruptos”. El destrato sistemático a la prensa —que incluyó descalificaciones personales y la elección deliberada de medios “amigos” para esquivar preguntas incómodas— quedará, probablemente, como uno de los legados más visibles del paso de Adorni por la vocería y la Jefatura de Gabinete.