Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46
Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 46
Deprecated: Function strftime() is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/models/noticia-amp.php on line 49
Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711
Deprecated: strtolower(): Passing null to parameter #1 ($string) of type string is deprecated in /home/u831921299/domains/politicadelsur.com/public_html/includes/simple_html_dom.php on line 711 Duhalde o el regreso de un viejo manual político en tiempos de polarización - Política del Sur
PROVINCIA | 21 MAY 2026
MÁS SILENCIOS QUE DEFINIONES
Duhalde o el regreso de un viejo manual político en tiempos de polarización
El fantasma de la crisis del 2002 se hizo presente. ¿Cuál es el objetivo del ex Presidente? ¿Con quién se encolumna? ¿Por qué no habló de Milei? Habló del desarrollo productivo en un contexto de 25.000 pymes cerradas. ¿Los discursos moderados de gestión sirven o ahora vale sólo la polarización y la violencia verbal?
El lanzamiento del espacio Movimiento Productivo en Lanús dejó una escena política cargada de señales, silencios y tensiones históricas. Lo que en apariencia fue la presentación de Eduardo Duhalde de una nueva construcción política orientada al desarrollo económico terminó convirtiéndose en una postal singular dentro del escenario argentino actual: un dirigente que eligió hablar casi exclusivamente de gestión, evitar la confrontación directa con los protagonistas centrales de la política nacional y refugiarse en una narrativa de experiencia administrativa. Pero el acto también quedó atravesado por un escrache de organizaciones sociales que recordaron las muertes de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán, ocurridas en 2002 durante la llamada Masacre de Avellaneda.
Lejos de la lógica dominante de la política argentina —marcada por la polarización permanente, las referencias cruzadas y la confrontación discursiva— el discurso del ex gobernador pareció construido desde otro tiempo político. No hubo menciones a Javier Milei, Axel Kicillof, Mauricio Macri ni Cristina Fernández de Kirchner. Tampoco críticas al oficialismo ni intentos de ubicarse dentro de alguna de las grandes grietas que ordenan hoy el debate público. El mensaje estuvo concentrado en recordar obras, políticas industriales, desarrollo de infraestructura y administración provincial.
Una fuente del armado de Duhalde, que charló con Política del Sur, dio a entender que este momento no era aconsejable marcar ese tipo de posicionamientos porque “el mundial diluye cualquier opinión”.
Esto es Argentina y la observación no está tan desacertada. El fútbol marca de alguna manera cierta temperatura del humor social que dura unos tres meses y que le dará al segundo semestre de este año no electoral un perfil que puede o no favorecer tanto al oficialismo como a la oposición.
Por lo cual, ese silencio no fue casual. En términos políticos, el lanzamiento mostró un intento de recuperar una identidad asociada a la gestión y al peronismo productivista clásico, una tradición que busca legitimidad en la obra pública, la articulación con sectores industriales y la idea de estabilidad administrativa.
Si se quiere no desentona con lo que es la estructura discursiva, precisamente del gobernador Axel Kicillof. Fuentes ministeriales de la Provincia de Buenos Aires no dejaron de observar que desde hace años existe una relación de diálogo entre el ministro Andrés Larroque y Hilda Chiche Duhalde y que no es ilógico que el futuro pudiera encontrar al ex gobernador y su par actual en un mismo colectivo político.
La elección del nombre “Movimiento Productivo” refuerza precisamente esa intención: poner el foco en la economía real y en el aparato productivo antes que en las disputas ideológicas. De todas maneras, hace ruido el silencio, casual o causal, de no hacer mención a las 25.000 Pymes que han cerrado con el gobierno de Javier Milei con caída del consumo y fuerte crisis de mora en pagos y créditos, sobre todo en el territorio bonaerense, en contraste con provincias que ejercen economías extractivas.
Sin embargo, el contexto argentino de 2026 es radicalmente distinto al de las etapas en las que ese modelo político tenía centralidad. Hoy la agenda pública está dominada por liderazgos personalistas, comunicación digital agresiva y un clima político donde la confrontación ocupa más espacio que los consensos técnicos.
En ese marco, la decisión de no nombrar a ninguno de los grandes actores nacionales puede leerse de dos maneras: como una estrategia para construir una avenida propia o como una dificultad para encontrar un posicionamiento claro frente al nuevo mapa político.
La tensión más incómoda del acto apareció fuera del escenario. El escrache realizado por organizaciones sociales y militantes de derechos humanos volvió a colocar en primer plano una de las heridas más sensibles de la política bonaerense reciente: la represión policial del 26 de junio de 2002 en Avellaneda, donde fueron asesinados Kosteki y Santillán durante una protesta de movimientos piqueteros. A más de dos décadas de aquellos hechos, el episodio sigue funcionando como un punto de cuestionamiento político y ético para cualquier intento de reposicionamiento público vinculado a aquella etapa.
El contraste fue evidente. Mientras adentro del acto se buscaba instalar una narrativa de experiencia y capacidad de gestión, afuera persistía el reclamo de memoria y responsabilidad política. Esa convivencia de relatos expuso una dificultad estructural de muchos dirigentes que intentan regresar al centro de la escena: la imposibilidad de reconstruir capital político sin que reaparezcan las controversias del pasado.
Aunque un veterano dirigente duhaldista trasladó esa preocupación del pasado que avanza sobre el presente y criticó el hecho, según su mirada, de que “hay mucha gente que nació en los 2000 que habla sin tener un verdadero conocimiento de la gestión política del Duhalde y todo su equipo”.
También hubo un dato territorial relevante. Lanús no fue una sede neutral. El distrito representa un punto estratégico del sur del conurbano bonaerense, históricamente ligado a la industria, al sindicalismo y a la disputa peronista. Allí, el discurso productivista encuentra un terreno simbólicamente favorable. El objetivo parece claro: reconstruir volumen político desde los municipios y desde sectores económicos afectados por la crisis y el desgaste de la dirigencia tradicional.
Pero el intendente de Lanús, Julián Álvarez, un hombre fuertemente identificado con Cristina Fernández, dirigente de La Cámpora, no estuvo presente y si estuvieron presentes dirigentes encolumnados en el kicillofismo, como son Agustín Balladares y Ezequiel Berrueco (hombre de Jorge Ferraresi, que ya se reunió con Pichetto, Mazot y Monzó).
Es más que evidente la clara intención de Kicillof y su grupo de intendentes bonaerenses de hacer creer el armado en la provincia de Buenos Aires, sin que se embanderen aún. Precisamente, una fuente ministerial del gobernador, confió a este medio que Kicillof, Larroque y Carlos Bianco dieron “el ok” para que todo aquel que quiera armar para el Movimiento Derecho al Futuro lo haga, en los distritos que quiera hacerlo.
Y este lanzamiento de Movimiento Productivo se enmarca en esa estrategia. Aunque en la presentación estelar, dejó una imagen ambigua, pero políticamente interesante. Por un lado, mostró la intención de recuperar un lenguaje de gestión en una época dominada por la confrontación permanente. Por otro, evidenció las limitaciones de una estrategia basada exclusivamente en el pasado administrativo en un contexto donde la política exige posicionamientos más explícitos.
En definitiva, el acto de Lanús funcionó como una prueba de algo más profundo: si todavía existe espacio en la Argentina para una construcción política apoyada en la gestión, la producción y la moderación discursiva, o si el sistema político ya quedó definitivamente atrapado en la lógica de la polarización y la violencia verbal.