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Evita, esa mujer inigualable que hoy perdura en el corazón de la clase trabajadora - Política del Sur

PROVINCIA | 7 MAY 2026

HOMENAJE

Evita, esa mujer inigualable que hoy perdura en el corazón de la clase trabajadora

Nacía un 7 de mayo de 1919, pero todavía vive en el recuerdo del pueblo como “la abanderada de los humildes”. Su vida y su obra fueron una bisagra para la historia argentina, que la convirtieron en mito y figura. De su dura infancia en Los Toldos a la Casa Rosada. Su enorme trabajo social, su legado político. La muerte como último acto de rebeldía y coraje.




Su imagen inmortal, con la mirada firme y la sonrisa tierna, ya es parte del bronce de nuestra historia, al que llegó empujada por su personalidad avasalladora y el cariño de un pueblo que la nombró simplemente "su capitana". Eva Perón se convirtió, así, en la imagen que sintetiza una época y una forma de vivir, y fue parte fundamental del movimiento que revolucionó la Argentina. Evita marca un antes y un después en el país, una grieta que incluso hoy es difícil de eludir sin controversias y polémicas. Amada y odiada sin límites, esta mujer se volvió símbolo de los pobres, de sus luchas y sus esperanzas. Desde su trabajo social, le cambió radicalmente la forma de pensar a toda un generación. Y a las venideras. Su vida, casi mágica, terminó abruptamente, pero su legado quedó para siempre en las bases del nuevo país, que cambió desde aquel 12 de octubre de 1945, cuando el pueblo se hizo oír. Con su trabajo social, Eva se convirtió para siempre en la "abanderada de los humildes", y su pasión le imprimió al peronismo su inconfundible marca asistencial.  Hoy, lejos de los años donde la infamia cargó contra su figura, Evita late en la Argentina invisible, que cada día sale a luchar por un futuro de prosperidad. Esa mujer, desde la inmortalidad, parece protegerlos.

 

María Eva Duarte nació el 7 de mayo de 1919, en Los Toldos. Hija menos de Juana Ibarguren y Juan Duarte, fue la menos de 5 hermanos: Elisa, Blanca, Juan y Erminda. En esos años, las dificultades económicas llevó a la familia a Quiroga, una localidad vecina, para administrar campos. Pero las cosas empeoraron, y a los pocos años volvieron a Los Toldos. Desde pequeña, Eva convivió con la política, ya que su padre era un típico "puntero" conservador, que había recibido favores del poder, en especial de su jefe político, el intendente Malcom. Pero el radicalismo, de la mano de Hipólito Yrigoyen, comenzaba a renovar los mecanismos de la época, y Juan Duarte cayó en desgracia.  En 1926, Duarte muere en Chivilcoy víctima de un accidente automovilístico. Eva tenía 7 años, y estaba por comenzar la escuela primaria. Desde ese momento, comienza una etapa de penurias económicas, que termina por mudar a toda la familia a Junín.  

En la escuela nace lo que la misma Evita llamaba "extraña y profunda vocación artística". En el cine del pueblo, en las audiciones radiales y en las colecciones de fotos de artistas, quien sería la mujer más importante de la política argentina soñaba con ganarse la vida gracias al arte. La primera elección comienza en esos días, cuando tiene que decidir entre ser una chica de pueblo, casarse y formar familia, ser maestra -como su hermana Blanca -yo buscar hacer realidad su sueño de actriz. Para bien del país, la elección fue la correcta. Su viaje a Buenos Aires se produce, luego de varios intentos, en 1935. Como sucederá con casi todas las otras etapas de su vida, el mito se mete en la historia, y es difícil saber qué es verdad y qué fantasía. Algunas versiones indican que Eva viaja a Buenos Aires apadrinada por Agustín Magaldi -"el  Gardel del Interior" -que se presenta ante la madre, a pedido de Eva, para que le permitiera ir a vivir a la Capital. Pero en su libro Mi hermana Evita, Erminda Duarte habla de "conflicto familiar planteado ante la férrea decisión de Eva de partir a la capital y la no menos férrea de doña Juana de disuadirla, a la vez que pondera la influencia que ejerciera José Álvarez Rodríguez al aconsejar a la madre de no torcer la vocación de los hijos".

 

Ya en la Capital, Eva conoce la pobreza de cerca, como millones de provincianos que llegan a la gran ciudad en busca de mejores condiciones y se apiñan en pensiones de mala muerte, donde conviven con el hambre y la miseria. La vocación de Eva por actuar la llevo a la radio al cine. En 1944 llega su gran oportunidad en la pantalla grande, en la película La Cabalgata del Circo, de Mario Soffici, donde actúa nada menos que con Hugo del Carril y Libertad Lamarque. Pero vida de Eva cambiaría cuando conociera al entonces secretario de Trabajo y Previsión, Juan Domingo Perón, en esas jornadas de colecta y solidaridad encaradas por el propio Perón para ayudar a la golpeada provincia de San Juan, devastada por un terremoto en enero de 1945 (se estima que el 90 por ciento de los edificios se destruyeron aquella vez).

 

Perón y Eva formalizaron su relación el 9 de julio de ese año, cuando asistieron juntos a una gala en el teatro Colón, dos días después de que el general Edelmiro Farell -presidente de la Nación -lo nombrara su vice. Desde un principio, Eva ocupa un lugar destacado junto a Perón. No es la típica mujer de "adorno", que se muestra en las galas y pone cara de circunstancia. Ella eligió acompañar a su hombre, está a su lado, no detrás. La historia se dedicará, tiempo después, a saber de dónde sale esa vocación de servicio que Evita exhibe desde  un principio en la función social. Antes de conocer a Perón, Eva ya tenía una fuerte actividad gremial y solidaria. Pocos recuerdan su paso por la presidencia de la Agrupación Radial Argentina, entidad de propósitos solidarios y gremiales de la que fue fundadora en 1943. Desde allí, trabajó por las mejoras salariales de los actores radiales, por ese entonces muchos, llegando incluso a plantear un paro "de radios apagadas" ante la falta de respuestas oficiales.  

Con esa raíz, Eva se convierte rápidamente en el costado social de Perón, que desde la vicepresidencia gana cada vez más adeptos por su política de asistencia. La oposición ya le apunta a esa mujer que acompaña a todos lados Perón, que viene del mundo de las artes y opina de cuestiones gubernamentales. Luego llegará el 12 de octubre, la revuelta histórica de los "cabecitas negras" y la candidatura Perón-Quijano. Eva ya era la seño de Perón (se casaron por civil el 22 de octubre del '45 y en la iglesia el 10 de diciembre). La victoria aplanadora daba paso a una nueva era en el país. La actriz se bajaba del escenario, para darle paso a la mujer del pueblo.

 

Tras la asunción de Perón, Evita se instaló en el cuarto piso del palacio de Correos y Telecomunicaciones, donde comenzó a atender a las delegaciones obreras que solicitaban su intervención para obtener mejoras o su colaboración en la solución de problemas gremiales. Esta relación con el gremialismo se intensificó hasta 1952 y conformó un sólido basamento de su poder político y un eficaz sostén de su obra. Pero Evita no era una mujer de escritorio. Quería estar cerca de la gente, de sus "descamisados", que cada vez en más número se acercaban y le entregaban su amor.

Comienza incansables giras por el interior del país, llevando obras que realiza el gobierno.  Para seguir trabajando, hereda el antiguo puesto del presidente: la secretaría de Trabajo y Previsión. Esa confianza -que desata parte de la puja dentro del gobierno -es devuelta inmediatamente. En los primeros meses de 1947 implementó un plan de turismo infantil, partiendo el primer contingente de hijos de obreros el 6 de enero de 1947 hacia las sierras de Córdoba. Además, gestionó y entregó subsidios para coadyuvar en la construcción de policlínicos destinados a obreros curtidores, textiles y del vidrio.

 

Desde un comienzo encaró la "ayuda social directa", o sea, un trabajo, una medicina, una vivienda. Esta instancia continuaría a lo largo de todos sus años de acción. Desbordada de pedidos, incansable en su accionar, Eva pone en marcha su mejor obra. El 19 de junio de 1948 se forma la Fundación Ayuda Social María Eva Duarte de Perón, que a partir de septiembre de 1950 y para toda la historia pasó a llamarse "Fundación Evita". Desde allí inició una red de asistencia que apuntó a la infraestructura, construyendo mil escuelas, varios policlínicos (entre ellos los de Ezeiza, Avellaneda, Lanús y san Martín), viviendas para 25 mil familias, además de sus planes sanitarios (desde los planes masivos de vacunación hasta el tren sanitario que recorría el país), educativos y deportivos (como los inmortales Juegos Evita).  La Fundación se basaba en los aportes solidarios de la gente, en el del gobierno y de los particulares. La figura de Eva era el faro que guiaba la acción, y era tanta la cantidad de donaciones que se llegó a trabajar con países extranjeros en situación de catástrofe o guerra. La ayuda solidaria llegó a Ecuador, España, Italia, Israel, Francia, Japón, Perú y Bolivia.

Pero como tantas veces, lo que no pudo la oposición lo pudo la enfermedad. Ya en enero de 1950 Evita nunca dejó sus actividades, pero cada vez estaba más débil. No dejaba de trabajar, pese a la oposición de Perón. Luego del renunciamiento, ya casi no participaba en actividad alguna. En una nota de la época, el propio Perón recuerda aquellos años de sufrimiento: "Aquellos días de cama fueron un infierno para Evita. Estaba reducida a su piel, a través de la cual ya se podía ver el blancor de sus huesos. Sus ojos parecían vivos y elocuentes. Se posaban sobre todas las cosas, interrogaban a todos; a veces estaban serenos, a veces me parecían desesperados". Cuando su vida se apago, su figura ingresó al bronce inmortal de la historia. Su legado, latente, nos sigue hablando. Como lo inmortalizaron Homero Manzi y Raúl Fernández Siro: “No habrá ninguna igual, no habrá ninguna,/ninguna con tu piel ni con tu voz. /Tu piel, magnolia que mojó la luna. /Tu voz, murmullo que entibió el amor. /No habrá ninguna igual, todas murieron /en el momento que dijiste adiós.