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PROVINCIA | 14 FEB 2026
UNA TRAMPA PODEROSA
La maldición que pesa sobre Kicillof y el mito que asecha a los gobernadores bonaerenses
Los gobernadores bonaerenses dominan el poder territorial, pero nunca la Casa Rosada. Dardo Rocha fundó la capital de la provincia, pero no la de la Nación. Axel Kicillof, ¿el elegido para romper la tradición o solo un nuevo dirigente para alimentar el mito?
En la historia política argentina, uno de los fenómenos más fascinantes es que ningún gobernador de la Provincia de Buenos Aires ha logrado llegar a la presidencia de la Nación. A pesar de ser el distrito electoral más importante del país, con una población que representa cerca del 40% de los argentinos y una economía que abarca más del 40% del PBI nacional, la provincia que encierra el mayor poder político de Argentina parece condenada a no producir un presidente. Algunos analistas políticos apuntan a una mezcla de factores históricos, estructurales y culturales que explican este fenómeno, pero pocos son tan llamativos como la "maldición de Dardo Rocha" o la “Maldición de Alsina”.
La Maldición de Dardo Rocha y la "Tolosana"
La historia de esta maldición comienza en el siglo XIX, cuando Dardo Rocha, el primer gobernador constitucional de la provincia de Buenos Aires después de la federalización de La Plata en 1882, consolidó la ciudad de La Plata como la nueva capital provincial. Sin embargo, lo que pocos saben es que La Plata, más allá de ser la "cuna" de la política bonaerense, parece estar asociada a una serie de "no sucesos presidenciales". Los analistas políticos, a modo de anécdota, hablan de una "maldición", que tiene que ver con las raíces históricas de la política bonaerense.
El "mito" (aunque con cierto fundamento histórico) sostiene que, desde que Rocha fundó la ciudad, ningún gobernador bonaerense ha conseguido alcanzar el máximo cargo político del país. Esta superstición política se asocia a una serie de factores: desde la centralización del poder político en la provincia, pasando por las luchas internas dentro del peronismo, hasta la fuerte influencia de los sectores políticos de la Capital Federal (CABA), que históricamente han sido vistos como más cercanos a los procesos nacionales.
La Trampa Provincial: El Poder de Buenos Aires
El gobernador bonaerense tiene en sus manos la maquinaria política más potente del país, y sin embargo, esta figura se ve atrapada en una especie de "trampa provincial". Esto se debe, en gran parte, a la falta de una proyección nacional. Desde hace décadas, los presidentes de Argentina han provenido de provincias que, si bien influyentes, no tienen el peso y la concentración política que tiene Buenos Aires. CABA, por su parte, ha sido históricamente un centro político fundamental, lo que implica que el camino hacia la Casa Rosada pasa por establecer un vínculo más allá de la provincia más poderosa del país.
El fallecido analista político Félix Luna sostuvo que, en muchos casos, los gobernadores bonaerenses prefieren mantener el control sobre su territorio que dar el salto hacia una presidencia nacional llena de incertidumbres. En un país donde el electorado es extremadamente polarizado, la gestión de Buenos Aires es clave para cualquier proyecto político, pero parece ser un cargo "demasiado cómodo" para que el gobernador lo abandone en busca de la Casa Rosada.
La Sombra de la "Maldición de Alsina"
Al sumergirse en el análisis histórico, no se puede dejar de mencionar la "maldición de Alsina", atribuida al Ministro de Guerra durante el gobierno de Nicolás Avellaneda, Adolfo Alsina, quien en 1879 vaticinó que Buenos Aires no debía ser gobernada por un presidente proveniente de la provincia, dado su poder absoluto y estratégico dentro del país. Esta visión sigue vigente hoy, sobre todo dentro del peronismo, que ve en los gobernadores de Buenos Aires una figura casi "ineludible" dentro del ámbito provincial, pero poco proyectable hacia un liderazgo nacional.
Los gobernadores bonaerenses, a lo largo de la historia, han estado más preocupados por consolidar el poder dentro de su provincia que por escalar a la presidencia. En algunos casos, como los de Felipe Solá y Daniel Scioli, su gestiones estuvieron tan marcada por los desafíos económicos y políticos internos que incluso, tras haber sido nombres con potencial nacional, no lograron trascender más allá de las fronteras de Buenos Aires.
El parapsicólogo de Duhalde
Dicen que el lomense Eduardo Duhalde, candidato a presidente en 1999 y en 2011, se lo tomó muy en serio: no quería que el maleficio arruinara sus planes. Para eso –cuentan– contrató a Manuel Salazar, un parapsicólogo. Nuevamente, en la noche de San Juan, hicieron un rito en el mismo lugar donde había realizado el suyo la “Tolosana” más de 100 años antes.
Los resultados ya los conocemos todos. Sin embargo, el bonaerense finalmente sí se dio el gusto de ocupar el sillón presidencial entre enero de 2002 y mayo de 2003, por proclamación de la Asamblea Legislativa luego de la renuncia de De la Rúa. ¿Sirve igual?
Axel Kicillof: ¿Romperá la Maldición?
Flamante titular del PJ bonaerense, Axel Kicillof ahora se perfila como firme precandidato para tratar de romper la maldición histórica de Buenos Aires. Kicillof parecía tener el perfil para dar ese salto. Sin embargo, el "efecto Tolosana" sigue siendo una fuerza poderosa. Al igual que sus antecesores, Kicillof se enfrenta a la necesidad de consolidar una figura nacional que lo proyecte fuera de los límites provinciales. La Provincia de Buenos Aires tiene tanto poder, que no permite que sus gobernadores se liberen de su influencia local.
Con la presidencia del PJ bonaerense, Kicillof tiene ahora un reto mayor: liderar a su partido mientras enfrenta las tensiones internas del justicialismo, que sigue siendo una máquina electoral poderosa pero profundamente dividida. Si Kicillof logra construir una narrativa de unidad que lo proyecte como un líder de todos los argentinos, podría ser el primero en desafiar la "maldición de Alsina" y la "maldición tolosana" de una vez por todas. Sin embargo, el camino hacia la presidencia es largo, y la historia ha demostrado que, para los gobernadores bonaerenses, la victoria en la Casa Rosada se les ha escapado una y otra vez.
¿Una Maldición Real o un Fenómeno Cultural?
A pesar de la carga histórica y simbólica que lleva el mito de la "maldición de Dardo Rocha", es posible que sea, en realidad, una expresión cultural de las tensiones políticas y sociales que se dan en la provincia más importante del país. Si bien no existe evidencia que demuestre que el poder provincial haya sido una barrera definitiva para alcanzar la presidencia, lo cierto es que la historia política argentina ha demostrado que los gobernadores bonaerenses prefieren aferrarse a su territorio antes que dar el salto hacia la presidencia.
El fenómeno, como tantas otras "maldiciones" en la política mundial, es una combinación de factores históricos, culturales y estructurales que se entrelazan en un relato simbólico. Sin embargo, a medida que el peronismo y otras fuerzas políticas buscan renovarse y afrontar nuevos desafíos, la pregunta persiste: ¿será el próximo gobernador bonaerense capaz de romper con esta histórica barrera y llevar el liderazgo de la provincia a la Casa Rosada? Solo el tiempo lo dirá, pero lo cierto es que la "maldición" sigue intacta, por ahora.
Los intentos frustrados de la historia
Dardo Rocha vería frustradas sus aspiraciones por la imposición de la candidatura del cuñado del presidente, Miguel Juárez Celman;
El mitrista Guillermo Udaondo (1894-1898) perdería contra Manuel Quintana;
Bernardo de Irigoyen (1898-1902) sería derrotado en dos oportunidades;
El conservador Marcelino Ugarte (1902-1906 y 1914-1917) perdería ante Manuel Quintana, Roque Sáenz Peña e Hipólito Yrigoyen, sucesivamente;
José Camilo Crotto, gobernador entre 1918 y 1921 debió renunciar por sus conflictos con el radical Yrigoyen; era el candidato cantado para 1922;
Manuel Fresco (1936-1940) no pudo serlo ni en 1938 ni en 1942;
Rodolfo Moreno (1941-1943) sería el candidato a presidente, pero el golpe del 4 de junio de 1943 frustró sus esperanzas;
Domingo Mercante, gobernador entre 1946 y 1952 fue anulado por Juan Domingo Perón al ver en él a un potencial rival;
Oscar Allende, gobernador durante la gestión de Arturo Frondizi, no pudo ser presidente en 1963, 1973 y 1983;
Antonio Cafiero (1987-1991) sería derrotado por Carlos Menem en las internas de 1988;
Eduardo Duhalde (1991-1999) pretendió, sin suerte, serlo en 1999 y en 2011.