sábado 25 de mayo de 2019 - Edición Nº3266

Opinión | 11 mar 2019

Para los antiperonistas, Perón vive. ¿Y para algunos que se dicen peronistas?

Frente al descalabro ya incontrolable de la “política” entreguista del Poder Ejecutivo nacional y sus ministros, resulta atronador el silencio del “peronismo”. Muchos dirigentes pregonan la “unidad del campo popular” para hacer frente al “liberalismo macrista”, pero sin explicar ni definir con qué se pretende reemplazar su política de entrega de recursos naturales, financieros y productivos al gran capital multinacional, especulativo y depredador.


 

 

En la edición del 18 de setiembre del año pasado publicamos un artículo titulado “¿Si son peronistas por qué no se inspiran en Perón?”, ante la proliferación de dirigentes del “campo popular” que pretenden presentarse como “presidentes” o “guías de la revolución nac&pop” para resolver la brutal y demencial crisis económica, social y política que está provocando el actual (des)gobierno nacional, en su irracional intento de retrotraer contra natura a la Argentina a la nefasta “Década Infame”, previa a la llegada de Perón y del justicialismo a la historia nacional.

 

Casi 40 días después, reformulamos con más fuerza la pregunta y la profundizamos: ¿qué problema tenemos con Perón, en especial quienes decimos ser sus seguidores?, sobre todo frente al descalabro ya incontrolable de la “política” entreguista del Poder Ejecutivo nacional y sus ministros, que no han tenido el más mínimo pudor de “controlar” la evolución del precio del dólar, utilizando la tasa de interés financiera y secando la economía de pesos, provocando una recesión que prácticamente se ha tornado estructural, con el cierre masivo de pequeñas y medianas empresas y con las grandes empresas deteniendo producción y suspendiendo personal con reducción de salarios.

 

Nos hacíamos -y nos hacemos todavía hoy- esa pregunta, ya que ha faltado -y falta- una autocrítica seria en el “campo nacional”, porque es la primera vez en la historia argentina que el sector social y político que (des)gobierna desde fines del 2015 logró hacerlo a través de elecciones democráticas. Decíamos -decimos- que nos enorgullecía que nuestro análisis a este respecto coincida con el del gran militante peronista Jorge Eduardo Rulli, quien ha afirmado que en estos momentos el problema no es que el Gobierno haga lo que está haciendo, sino qué es lo que hizo posible que un grupo político como el que hoy gobierna la Argentina haya logrado llegar al gobierno.  

 

En relación con esta falta de autocrítica “nacional”, también planteamos en nuestro anterior artículo la falta de reacción de algunos pretendidos dirigentes autotitulados peronistas, que hasta el día de hoy no han reaccionado ante la falsa afirmación gubernamental y del establishment económico e intelectual, que han recurrido a la muletilla de “venimos de 70 años de fracaso político y económico”, algo que recién ahora se estaría superando gracias al “cambio” que expresaría y estaría llevando a cabo el actual gobierno nacional. Es que resulta atronador el silencio del “peronismo” frente a esta falacia que incluye al peronismo en la decadencia nacional y que lamentablemente la legitima, según la conocida frase de “quien calla, otorga”.

 

A pesar de esta falta de autocrítica y de este silencio cómplice de los “militantes del campo nacional y popular”, vemos que muchos de sus dirigentes pregonan la “unidad del campo popular” para hacer frente al “liberalismo macrista”. Pregonan la unidad de los dirigentes de las distintas vertientes políticas “peronistas”, progresistas, izquierdistas, etcétera, pero sin especificar ni determinar en base a qué pretenden forjar esa unidad. En realidad, los “une” el espanto frente al macrismo gubernamental, no una causa trascendente ni una doctrina auténticamente revolucionaria.

 

Ocurre que esta “unión popular” propone con justa razón desplazar al macrismo del gobierno en las próximas elecciones, pero sin explicar ni definir con qué se pretende reemplazar su política de entrega de recursos naturales, financieros y productivos al gran capital multinacional, especulativo y depredadorEn muchos casos hay un casting de dirigentes, agrupaciones y organizaciones de todo tipo, pero sin un horizonte estratégico común que permita su articulación.

 

En realidad, sólo hay dos candidatos que no sólo hacen diagnósticos certeros de la situación, sino que además proponen seriamente caminos de solución al desastre serial del macrismo, del cual sólo se podrá salir con un esfuerzo titánico.

 

“Sacamos a Macri” (con los votos), ¿y después qué?, parece ser la consigna de varios. El problema es que muchos de los que se han puesto al frente de esta iniciativa son los responsables de haber hecho que el macrismo-cambista sea gobierno, razón por la cual no se entiende cómo es que lograrán desplazar al que han ayudado a ser gobierno, saboteando a su propio candidato presidencial en el 2015, tal como han reconocido exfuncionarios de Economía y legisladores nacionales y provinciales.

 

Los justicialistas-peronistas contamos con el legado de Perón explicitado en su famoso Modelo Argentino para el Proyecto Nacional, pero no hacemos la más mínima referencia al mismo ni, mucho menos, deducimos una propuesta actualizada en base al mismo. Y no estamos proponiendo con esto un ejercicio de lectura teórico: si analizamos en detalle ese texto, veremos con toda claridad que el Poder mundial lo ha leído y, peor todavía, lo ha estudiado a fondo, después de lo cual ha configurado y estructurado a la Argentina en forma totalmente contraria y antagónica a la que Perón diseñó y pensó. En otras palabras: para el Poder mundial, Perón vive. Vive en su legado que nosotros, los argentinos, tenemos olvidado.

 

Y Perón vive no sólo para los “amos del universo”, también vive en Islandia, por ejemplo, país que en el 2015 nacionalizó su Banco Central y los depósitos bancarios; vive en Francia, en palabras de Marianne Le Pen, quien ha definido el movimiento político que conduce como “peronismo a la francesa”; vive para el poder financiero mundial, que en boca de uno de sus servidores, Lawrence Henry Summers (miembro del Brookings Institute, de la Trilateral Commission, del Interamerican Dialogue, del Council on Foreign Relations, etcétera) ha dicho en mayo del año pasado que el populismo que hoy amenaza al mundo-Trump y a algunos países de Europa (Hungría, Polonia) tiene sus reminiscencias en las ideas de Juan Perón, ideas populistas que deben ser rechazadas (Clarín, “Entrevista de Ezequiel Burgo”, edición del 14 de mayo de 2018).

 

Podemos citar otros casos que muestran que en el mundo-Perón y su obra revolucionaria siguen teniendo vigencia, como son, por ejemplo, los casos del historiador judío Raanan Rein (ex vicerrector y actual vicepresidente de la Universidad de Tel Aviv), del historiador italiano Loris Zanatta, del escritor español Fernando Alonso Barahona y del Archivo Hoover, de la Universidad de Stanford (Estados Unidos), que conserva gran parte de la correspondencia que mantuvo Perón durante su exilio.

 

Y en nuestro país, en estos últimos días ha sido el periodista y escritor Jorge Fernández Díaz quien expresa paradigmáticamente un pensamiento político fogosamente antiperonista, exmilitante de la izquierda nacional, simpatizante en su momento del peronismo y fervoroso defensor del republicanismo mauro-macrista, quien ha afirmado con todas las letras que Perón sigue vivo, al escribir en un insufrible y nada recomendable artículo que “Perón sigue escribiendo nuestras vidas” (La Nación, edición del 3 de marzo de 2019).

 

En el mundo en general y el antiperonismo “nacional” en particular, Perón sigue vigente, pero paradójicamente, en quienes se dicen seguidores de Perón o se identifican con Eva Perón, el fundador del justicialismo ha pasado al olvido para ser reemplazado por personajes que no le llegan a los talones, pero que no dudan en afirmar que “con Perón, el movimiento fue nacional y popular”, pero “llegó a ser democrático en el 2003” (como si Perón hubiera sido tres veces presidente constitucional por golpes de Estado) y que “ahora debe ser feminista” (como si el justicialismo no hubiera dignificado a la mujer), o que “Eva Perón era de otra época, y ahora hay que leer a Simone de Beauvoir” (según afirman militantes del Movimiento Evita, por ejemplo).

 

Y en el último Congreso del PJ resulta paradójico también que en la iconografía desplegada en la escenografía, el gran ausente haya sido Juan Domingo Perón. Y resulta paradójico también que haya “peronistas” o “justicialistas” que se definan como militantes populares, más que peronistas.

 

Perón eterno, Evita inmortal”, recita una antigua consigna política totalmente vigente. Pero para algunos adolescentes tardíos, que confunden fervor con histeria, Perón “ya fue” y Eva Perón “es de otra época”.

 

Les guste o no a los que se creen o pretenden ser líderes de una revolución imaginaria, PERÓN VIVE EN SU LEGADO FILOSÓFICO Y DOCTRINAL.

 

 

José A. Quarracino                                        Juan Carlos Vacarezza

Secretario Político                                               Secretario General

Movimiento “Primero la Patria”  

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