lunes 19 de noviembre de 2018 - Edición Nº3079

Gremiales | 13 jul 2018

El futuro de la CGT: entre la posible fractura y la necesidad de enfrentar al Gobierno

La suspensión del confederal del 22 de agosto dejó a la central obrera otra vez al borde del quiebre, ya que el sector #21F amenaza con armarse por fuera de su estructura. “Gordos” versus moyanismo, la pelea de fondo. El deterioro económico y social preocupa, y se esperan definiciones en el peronismo para pensar en 2019.


Por Diego Lanese

“No quiero ser el Sampaoli de la CGT”. La metáfora mundialista usada por el integrante del triunvirato Juan Carlos Schmid habla del clima de confusión que se vive en la central obrera, que luego del paro nacional del 25 de junio quedó al borde de la ruptura, otra vez, por la disputa de grupos internos que quieren hacerse de la conducción. La suspensión del confederal del 22 de agosto generó malestar en los sectores rebeldes, que vienen pidiendo la continuidad de un plan de lucha contra las políticas del gobierno nacional, y que ahora amenazan con llevar esta tarea afuera de la estructura cegetista.

Este espacio, que quiere competir para quedarse con el secretariado general, alertó que puede salir y construir “una alternativa”, lo que es rechazado por la dirigencia más cercana al triunvirato. Mientras el juego de poder se adueña de los pasillos de Azopardo, desde abajo las regionales buscan generar espacios de unidad para enfrentar al oficialismo. El tenso equilibrio que mantienen los grupos dominantes, cerca de perderse.

El anuncio de la postergación llegó ayer, luego de una larga reunión donde se acordó que se mantenga el triunvirato, por lo menos hasta que dure su mandato, en 2020. Ante esta novedad, que fue anticipada por fuentes de la central días atrás, puso al sector rebelde en pie de guerra. Encabezados por Pablo Moyano, estos gremios y dirigentes piden un plan de lucha y medidas concretas contra las políticas oficiales y suelen ser identificados como movimiento #21F, por la marcha que realizaron ese día.

Moyanistas, la Corriente Federal, sectores vinculados al kirchnerismo y otros suman un mosaico importante que busca destronar a “gordos” y a “independientes” de la conducción, pero que por el momento no tienen el apoyo suficiente para lograrlo.

En el “poroteo”, el camionero dejó atrás rencores históricos y se reunió esta semana con Francisco “Barba” Gutiérrez, para sellar una alianza con la Unión Obrera Metalúrgica (UOM). Los metalúrgicos dejaron el Consejo Directivo de la CGT y se mantenían hasta ahora en el sector de los “no alineados”, junto al SMATA y los gremios que forman el MASA. Pero la foto del hijo mayor de Hugo Moyano y el ex intendente pueden terminar de definir su apoyo a este espacio.

Peligro de quiebre

La suspensión del confederal enojó al sector del movimiento #21F, que en los últimos días amagaron con romper directamente con la central. “Se había creado una expectativa de un recambio generacional, un recambio de política”, dijo públicamente Pablo Moyano, que advirtió que “uno o dos meses más no van a cambiar lo que los trabajadores están pidiendo a gritos, que es una CGT combativa”.

Pese a esto, alertó que su gremio Camioneros “está conformando un espacio nuevo con los gremios de la UOM, SMATA, Unión Ferroviaria y los pilotos de avión para ir a confrontar en las elecciones de la central obrera”, aunque también barajó la posibilidad de “crear un nuevo espacio para llevar adelante esta política de confrontación contra un modelo económico que cierra empresas, despide trabajadores”.

Como ya se barajó en varios momentos, la refundación del mítico Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), el espacio que creó Moyano padre en los 90 cuando rompió con la dirección de la CGT, aliada del gobierno de Carlos Menem, es una posibilidad que suele surgir cada vez que la actual conducción mantiene su postura dialoguista.

Pero un nuevo espacio sindical puede terminar debilitando las estructuras actuales. Para el secretario general de la CGT de Lomas de Zamora, Sergio Oyhamburú, “es fundamental preservar la institucionalidad que tiene” la central obrera. Asimismo, determinó que esto va a ser posible “si juegan más a una candidatura política que a defender los derechos de los laburantes”.

En este sentido, el concejal lomense expresó que hay “compañeros que están jugando más a la política que a otra cosa”, y recomendó “esperar a la reunión del Consejo Directivo” para ver cuál es “la voluntad de la mayoría” y “respetarla”. Además, opinó que la división del espacio “no conduce a nada”, sino que sólo sirve para “hacerle el juego al Gobierno”. A esta idea, agregó: “A eso se tiene que acostumbrar el movimiento obrero, a que si la mayoría considera que el mandato debe continuar, así será.”

En esta tensión, la CGT debe consensuar una postura ante el avance de la crisis. Y si bien el sector rebelde tiene claro el camino, la conducción espera que el diálogo le rinda algún fruto. Por eso el paro tuvo alta adhesión, casi como señal de advertencia. El problema es que, a medida que pasa el tiempo, las conversaciones tienen menos frutos.

Un caso testigo es el gremio de colectiveros de la UTA. Dialoguista, su titular, Roberto Fernández, se sumó al paro del 25 y ahora amaga con apoyar a los duros de la central. Es que el ministro de Trabajo de la Nación, Jorge Triaca, no autoriza la reapertura de su paritaria, firmada en marzo bajo el techo oficial del 15 por ciento. Si bien Fernández acordó con Guillermo Dietrich una suba extra del 10 por ciento, el titular de la cartera laboral no lo homologa, por lo que el dirigente “está que trina”, y podría salir de su postura amigable con el oficialismo.

Además, la crisis social no deja de golpear a los trabajadores. Una medida que pasó casi de largo es que la central obrera anunció que propondrá una batería de propuestas destinadas a asistir con alimentos y colaborar con la asistencia sanitaria de familias empobrecidas. Incluso se habló de comedores comunitarios patrocinados por la CGT. “Ir armando comedores en los barrios donde se necesite, con la ayuda de afiliados y colaboradores”, sugirieron en la semana dirigentes de la central. Un símbolo del delicado equilibro que deben mantener ante el Gobierno y los gremios que forman la estructura cegetista.

Desde abajo

Mientras las peleas internas se multiplican, la realidad sobrepasa a la dirigencia. Un buen ejemplo fue la advertencia hecha sobre el costo que significaría cubrir los abortos legales, si se aprueba la ley de despenalización que se trata en el Senado. Los dichos fueron interpretados como una negativa a la iniciativa, lo que generó el martes pasado una movilización histórica a Azopardo, donde organizaciones feministas coparon la sede de la central y pidieron explicaciones.

En la previa, el Consejo Directivo emitió un comunicado donde aseguró que no tomará postura del caso. Lo cierto es que en la central, el aborto divide aguas. Hugo Moyano, Antonio Caló, Julio Piumato y otros están en contra, mientras que la Corriente Federal con Vanesa Siley a la cabeza y la Juventud Sindical se mostraron a favor.

La reunión de las agrupaciones feministas con la secretaria de Género de la CGT, la modelo Neo Ruiz, intentó bajar la tensión a esta situación. “La posición de la CGT es una: respetará el dictamen del Congreso”, sostuvo Ruiz, para tratar de aflojar el clima de tensión entre la cúpula cegetista y el movimiento de mujeres que realizaron un “pañuelazo”.

“Pero en la CGT tenemos una visión más macro: nosotros decimos que es una atrocidad que el aborto esté penalizado y que es un acto de justicia despenalizarlo de forma total. Debió haberse implementado años atrás, así como debió haberse aplicado la educación en los colegios. Es una cuestión de libre elección, de derechos como seres humanos y de libertades individuales. Cada uno será responsable luego de lo que elija”, agregó quien también está al frente de la Unión de Trabajadores de Moda e Imagen Publicitaria.

Además, en las regionales, los cuestionamientos al triunvirato crecen. En una reciente reunión en Lomas de Zamora, diversos dirigentes pidieron declarar la emergencia social, ocupacional y que se garantice un ingreso salarial básico y universal a los trabajadores con o sin empleo. Desde abajo se reclama más acción a la CGT, incluso de sectores que responden a la dirigencia dialoguista. Es que la desocupación y la crisis pega fuerte en el Conurbano y los dirigentes aseguran que ven cada día lo que pasa con el modelo macrista.

Los encuentros como el de esta semana en territorio lomense ya se dieron en otras localidades, como la Costa Atlántica o Brandsen, y tienen un pliego común de reivindicaciones: no al FMI, no a la reforma laboral, repudio los despidos, los tarifazos y unidad de los trabajadores. Movimientos que, si la central no termina de acomodar, pueden poner demasiado resbaloso el piso y terminar por desmoronar la precaria unidad construida hace dos años.

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