lunes 23 octubre, 2017
Actualidad, Gremiales, Opinión

Movimiento de pinzas de dialoguistas y el Gobierno para aislar a los sectores combativos de la CGT

>Redacción Redacción
septiembre 27, 2017

Los encuentros entre el ministro Triaca y el triunvirato terminaron de sellar la paz, luego de la tensión desatada por la marcha del 22 de agosto. Se acordó apoyar algunas medidas del Gobierno a cambio de sostener el sistema de la seguridad social. La reforma laboral, con promesas de consenso. La Corriente Federal y Pablo Moyano se quedaron sin espacio para reclamar un paro. El confederal del 3 de octubre, clave para el armado interno.

Por Diego Lanese

Tras la marcha del 22 de agosto, la tensión se adueñó de la relación entre la CGT y el gobierno nacional. La salida de dos funcionarios con buena llegada al sector sindical fue el inicio de una serie de movidas que parecían tender a romper los puentes entre las partes y conducir al movimiento obrero a un segundo paro nacional. Pero rápidamente, los delegados del oficialismo recompusieron relaciones con los sectores más dialoguistas y, en pocos días, lo que parecía un horizonte tumultuoso se convirtió en un lecho de paz y tranquilidad.

Es que no sólo se disipó la posibilidad de una medida de fuerza, sino que la mayoría de la dirigencia decidió volver a la mesa de negociación, aislando a los más combativos del momento, representados en la Corriente Federal y en el camionero Pablo Moyano. En el nuevo escenario, el triunvirato logró un poco de oxígeno y tendrá una prueba de fuego en el confederal del 3 de octubre, donde terminará de cerrar la jugada de pinza que mantenga a raya a los que buscan una postura más tirante con el Gobierno, en plena campaña electoral.

En medio de los cuestionamientos, el triunvirato que forman Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña salieron de un laberinto y recompusieron relaciones con el oficialismo, pese a que los tres anunciaron que votarán por opciones peronistas en estas elecciones. Dos visitas del ministro de Trabajo, Jorge Triaca, fueron capaces de desarmar la tensión, que aumentó cuando el presidente Mauricio Macri decidió echar del Gobierno al titular de la Superintendencia de Servicios de Salud (SSS), Luis Scervino, y al número dos de trabajo, Ezequiel Sabor, ambos con muy buena llegada a los gremios.

Los encargados de recomponer relaciones fueron los referentes del grupo de “independientes”, José Luis Lingeri y Andrés Rodríguez. “No hay nada de reforma laboral. Todo va a ser consensuado por la CGT”, afirmó Lingeri, quien calificó de “positiva” la reunión con Triaca que despejó el camino.

Allí hubo planteos en contra de la posible reforma del sector y un compromiso del funcionario de hacerlo bajo estricto acuerdo de la central obrera. Como prenda de cambio, el Gobierno se comprometió a avanzar en la nueva agencia de tecnología médica, una iniciativa que busca frenar los amparos y juicios contra las obras sociales sindicales para la cobertura de medicamentos y otros insumos que, según el sector, terminan desfinanciando las entidades. Esta agencia -que se presentó como proyecto de ley, pero está estancada- cuenta con el aval de la CGT, y se espera que el nuevo titular de la Superintendencia avance por el camino que dejó abierto Scervino, uno de sus principales impulsores.

Sin margen de maniobras

Estos acuerdos dejaron a quienes buscan una postura más firme contra el Gobierno en situación de aislamiento. La Corriente Federal que comanda el bancario Sergio Palazzo insiste con la necesidad de un plan de lucha contra las políticas de Macri. Lo hace cuando al menos dos de sus dirigentes son candidatos en la lista bonaerense de Unidad Ciudadana.

“Las aguas se van a dividir en dos. Un conjunto de organizaciones que van a seguir la línea histórica del movimiento obrero argentino contra un modelo excluyente y oligárquico que detesta el trabajo y fomenta la bicicleta financiera”, sostuvo Horacio Ghilini, dirigente de SADOP y de la Corriente Federal. Esta definición admite que habrá un quiebre y que será la postura ante la realidad la que arme los bandos. “Si en la CGT no hay una conducción que se ponga a la cabeza de la conflictividad social, va a ser fagocitada”, remarcó.

En tanto, Pablo Moyano, que venía reclutando dirigentes disconformes con el triunvirato (sonó como un posible secretario general si la conducción tripartita termina colapsando), respondió al acercamiento con el oficialismo pidiendo el voto para Cristina Fernández de Kirchner o Sergio Massa.

Además, el hijo de Hugo Moyano dejó de asistir a los encuentros de la “mesa chica” de la central, disconforme con la nueva actitud de la dirigencia. “Seguramente, vamos a llamar a los trabajadores a que voten al sector de la oposición, y en la provincia hay tres alternativas. Ojalá les den el voto a Cristina Kirchner o Massa. Más allá de las diferencias que hemos tenido, son los que más fuerza le pueden hacer al oficialismo”, sorprendió, provocador, Moyano hijo, como respuesta a la maniobra cegetista.

Los cuestionamientos al triunvirato parecen no afectar por el momento la gobernabilidad de la central, que en este contexto no tiene en el horizonte un cambio de mando. Para respaldar esto, en una reciente reunión de regionales, los referentes de al menos seis seccionales del Gran Buenos Aires, incluidos Lomas de Zamora y Lanús-Avellaneda, respaldaron a la actual conducción. De esta forma, se desinfla la puja interna, y la conducción por primera vez está en manos del triunvirato y los dirigentes más cercanos, que en medio del temporal lograron acallar las voces críticas y definir un perfil más homogéneo.

Comments

No comments found!

Leave a Comment

Your email address will not be published.