miércoles 15 agosto, 2018

Pérdidas de gas, filtraciones en las paredes y techos, falta de mantenimiento y de cupos en el comedor escolar son algunos de los problemas que refleja el colegio, que muestra cuál es la realidad de la educación en la provincia de Buenos Aires.

Es pleno agosto y el gas está cortado en la Secundaria 74 de Villa Fiorito. Un hornito eléctrico comprado con plata de auxiliares y docentes intenta calentar la comida de más de 200 alumnos que dependen del comedor escolar para alimentarse.

A raíz de la muerte de los dos trabajadores en el colegio Nicolás Avellaneda de Moreno, se dio a conocer que alrededor de 700 establecimientos bonaerenses “tienen pérdidas de gas”, contó Marisú Ventura, secretaria de la Secundaria 74 y representante de Suteba, y agregó que esa tragedia “marcó un antes y un después para la educación pública”.

La escuela lomense debió suspender sus clases el lunes y martes por el “riesgo de vida” que implica la pérdida de gas. Por su parte, el Consejo Escolar envió técnicos para que solucionen la falla, pero mientras tanto los chicos tienen clases sin calefacción porque el gas está cortado.

Igualmente, ese no es el único problema de la institución, debido a que se le suman las rajaduras en las paredes, las veredas rotas, los cielorrasos caídos, los patios que no tienen luz y se inundan cada vez que llueve, la falta de aulas, las goteras de los techos, los cables sueltos, los baños clausurados y los pozos ciegos sin destapar.

“Nos dijeron que por la situación de las napas altas, a esta escuela le corresponde que desagoten los pozos dos veces por semana, cosa que no ocurre. No te podés acostumbrar a que los chicos estén caminando entre la mugre por el desborde de los pozos”, lamentó Ventura.
Otro de los problemas de la escuela es el Servicio Alimentario Escolar (SAE). Los padres reclaman que el comedor tiene “cupo para 78 alumnos”, mientras que a la escuela asisten 214 chicos.

“No les podemos decir a los chicos ‘hoy vos comés, pero mañana no’. Son muchos los que dependen del comedor del colegio. Sé de alumnos que se han descompuesto por no comer”, cuestionó Adrián Alí, padre de cinco alumnos que asisten al colegio de Fiorito.

También, destacó la actitud de auxiliares y docentes que “pusieron plata de su bolsillo” para comprar un horno eléctrico que sirve para calentar la comida de los alumnos mientras no funciona el gas.

La secretaria de la escuela aseguró que la realidad del establecimiento lomense es similar a la de otros colegios y remarcó que incluso hay otros que están “en peores condiciones desde hace años”.

Política Del Sur
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