lunes 20 agosto, 2018

La unidad del sindicalismo regional deberá sortear varios obstáculos antes de concretarse.

 

Por Ramón Valdez

 

Los últimos días han sido testigos de un acercamiento entre los dos sectores del sindicalismo regional que, en los últimos tiempos, supo caminar cada uno por su propia ruta. Después de mucho tiempo, la regional cegetista que conduce el sanitarista Sergio Oyhamburú y la que encabeza el metalúrgico Carlos Costello han entablado un diálogo. Bajo la excusa de elaborar un documento en contra del gobierno nacional, los principales coroneles del sindicalismo local estrechan lazos.

 

La iniciativa tiene como objetivo lograr la unidad sindical, algo que no es sencillo de alcanzar. De todas formas, el primer paso fue dado y los principales referentes de un sector y el otro se han reunido para sentar las bases de un documento que debería ser compartido por todos los gremios en un acto a llevarse a cabo en la histórica Quinta de San Vicente. El tema se viene dilatando; ocurre que los resquemores son muchos y la mirada está puesta en lo que pueda ocurrir “arriba” en poco tiempo.

 

A nadie escapa que la definición nacional de la futura CGT tendrá impacto en el orden regional. Es por eso que por estos días nadie quiere dar el puntapié inicial y mucho menos pensar en dar un paso al costado para lograr una unificación que -tal vez- llegue indefectiblemente. El punto es determinar quiénes serán los actores principales del futuro culebrón.

 

Hoy las diferencias están dadas no sólo por alineamientos nacionales sindicales, sino también por posturas políticas partidarias. A nadie escapa que el movimiento obrero argentino está identificado con el peronismo, y en ese contexto, las internas del Partido Justicialista juegan a pleno. La región no escapa a ello. El resultado fue una CGT dividida por sindicalistas que abrevan en aguas de un peronismo más bien ortodoxo, en detrimento de aquellos más bien identificados con las posturas de Cristina Fernández.

 

No queda muy claro qué es lo que se viene en materia de nombres para una futura CGT lomense. Lo que no se discute es que esa conducción deberá ser netamente opositora al gobierno nacional. Pareciera no haber lugar para los “tibios”, al menos eso se reclama desde un importante sector. Del otro reclaman prudencia.

 

Un dato a tener en cuenta es el rol de los intendentes. Oyhamburú supo usufructuar la buena relación que supo mantener con Martín Insaurralde, de Lomas de Zamora. El presente muestra a un “peronismo achupinado” que no le sienta bien al titular de la sanidad regional y concejal lomense.

 

El precio que debió pagar Oyhamburú por sus posturas ortodoxas, post derrota de Unidad Ciudadana, fue muy grande. El bloque de concejales lomenses le hizo un “vacío” que lo obligó a renunciar a la presidencia de la bancada y de la Comisión de Hacienda. Los apoyos de la política, por estos días, no serían el fuerte del edil. ¿Será el momento de buscar otro protagonista en ese espacio? Una figura fuerte y de buena sintonía con el hombre de la sanidad es el camionero Juan Vanati. Habrá que ver cómo cierra la “rosca” arriba, y sobre todo, el rol que juega el moyanismo en esta etapa que se viene.

 

Con un fuerte apoyo del kirchnerismo y lazos muy estrechos con las organizaciones sociales, Costello encabeza una CGT opositora a Oyhamburú, es su contracara. No es concejal y poco y nada tiene que ver con la política activa partidaria. Acompañado por un puñado de gremios, ha encarnado el ala más “combativa” de la CGT en el plano regional. La relación con los intendentes definitivamente no es su fuerte.

 

Un pilar de este proceso que se viene gestando es Pablo Comeglio, del tabaco. El hombre del Movimiento Evita, desde el silencio y casi en soledad, viene tejiendo el acuerdo. De buen diálogo con ambos espacios y excelente relación con la Iglesia, pretende que la “unidad” se cristalice y contenga a todos los sectores. No descarta que la movida cuente con la “bendición” del Obispo.

 

Un ingrediente extra son las organizaciones sociales y las CTA. Si hay algo que no gusta en el sindicalismo tradicional argentino es que los corran por izquierda. La convocatoria a un paro nacional es prácticamente un hecho. Propiciadas por las dos CTA, puede ser, pero con fecha definida por la CGT.

 

Hoy los une el espanto, Mauricio Macri y un malestar social que, de seguir incrementándose, los puede llevar puestos a ellos también. La incertidumbre y las señales de desunión que da el PJ les pone más dudas que certezas a un acuerdo final que, sin dudas, dependerá de lo que sepan construir las conducciones nacionales. Por ahora habrá que esperar un documento que aún no tiene fecha de exposición. La unidad vendrá después. ¿Vendrá?

Política Del Sur
Redactor
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