sábado 21 octubre, 2017
Actualidad, Gremiales

La CGT bloqueó a los “rebeldes” y logró unidad para seguir negociando con el Gobierno

>Redacción Redacción
octubre 12, 2017

El confederal de la semana pasada le devolvió fortaleza al triunvirato para mantener la actitud dialoguista con el oficialismo. Sin el moyanismo, los pedidos de plan de lucha quedaron aislados a sectores minoritarios. Nuevos grupos como el MASA se  sumaronpara fortalecer la conducción tripartita. El nuevo mapa interno, con ganadores y perdedores.

Por Diego Lanese

“Las condiciones objetivas para decretar una medida de fuerza que se discutieron en el plenario de Ferro siguen plenamente vigentes”. Sin demasiado eco en el auditorio, el bancario Sergio Palazzo marcó el punto más tenso del último confederal de la CGT realizado en el hotel Empire, del gremio de La Fraternidad. El líder de la Corriente Federal de Trabajadores volvió a ubicarse como el sector más “rebelde” dentro de la central obrera e insistió con un plan de lucha para frenar las medidas del gobierno de Mauricio Macri.

Sin la presencia de Pablo Moyano, este espacio fue la voz cantante de los dirigentes más radicales, que quieren que el movimiento obrero enfrente al actual oficialismo. Pero las negociaciones previas -anticipadas por Política del Sur– mostraron resultados, y salvo los discursos de los integrantes de la corriente y del dirigente del ANSES Leonardo Fabre -que pidió marcha para el próximo 17 de octubre-, el tono del confederal fue de diálogo.

De esta manera, el triunvirato evitó cuestionamientos y recibió el mandato de seguir conciliando, en especial en todo lo que tiene que ver con la reforma laboral. A partir de esto, se configura un nuevo mapa interno en la central, con más unidad para la etapa que se viene.

Antes de iniciarse el confederal, que reunió a referentes de más de 140 gremios, la ausencia de Hugo Moyano confirmó que el ala radical estaría en visible minoría. Sin los camioneros, sólo la Corriente Federal intentaría sacarle alguna definición sobre la postergada medida de fuerza, que desde hace tiempo -se sabe- no tendrá lugar en medio del proceso electoral. En la previa, más que los discursos, lo que importaban eran las presencias, ya que el triunvirato quería mostrar la mayor unidad posible, una forma de despejar cualquier duda sobre su continuidad. Ambos objetivos fueron logrados.

Incluso, se logró la presencia de dos garantes de la conducción compartida: Luis Barrionuevo y Antonio Caló. Además, estuvieron representantes de dos sectores por fuera de la estructura formal -y política- de la central obrera, como el Movimiento de Acción Sindical Argentino (MASA) y las 62 Organizaciones Gremiales Peronistas, espacio alineado al gobierno nacional. Si bien formalmente este grupo -que lideraba Gerónimo “Momo” Venegas y hoy está en plena reorganización- desconoce al triunvirato y dijo que no participará de los eventos, algunos dirigentes con buena llegada a su conducción estuvieron en el lugar y, de alguna manera, hablaron en su nombre. Días atrás, los referentes de los dos espacios se reunieron con Juan Carlos Schmid y avalaron su estrategia de diálogo, que quedó confirmada en el confederal.

“Estoy de acuerdo con que haya una ronda de diálogo, sería una insensatez lanzar una medida antes del 22 de octubre porque seríamos tildados de atentar a la gobernabilidad en medio de un proceso electoral. Lo cierto es que el diálogo tiene que tener respuestas”, aseguró Palazzo en su discurso, marcando que, ante el escenario, se decidió dar marcha atrás con la postura belicosa y aceptar el tono que la central obrera le dará a su estrategia, por lo menos hasta que terminen el proceso electoral.

Mapa interno

La vuelta del MASA fortaleció la movida de Schmid de juntar a todos los espacios detrás de la conducción compartida. Y si bien no logró el apoyo formal de las 62 Organizaciones Peronistas, se tendieron puentes que perduran más allá del “faltazo”. Ese triunfo sirve para fortalecer puertas adentro un liderazgo que estaba en discusión, en especial cuando comenzaron las diferencias políticas.

“La CGT tendría que resolver los problemas internos para marchar a un sindicato conducido por un solo dirigente con una mesa directiva. Hay muchos intereses políticos de la etapa electoral, pero vamos avanzando”, admitió en diálogo con Política del Sur Julio González Insfrán, dirigente de la marina mercante que en el confederal representó a los sindicatos portuarios, pero con buenos lazos con las 62 Organizaciones, sobre todo en lo político.

En este sentido, Insfrán aseguró que el espacio “se encuentran en una etapa de reorganización” tras el fallecimiento de Venegas, acompañando la gestión de Cambiemos. Apoyó la idea de que la economía “comenzó a crecer en todo sentido” a través de datos positivos como la baja de la inflación.

Respecto al escenario sindical, el titular de los fluviales advirtió: “Nosotros no podemos tirar bombas todo el día e ir a los extremos generando un caos externo”. Apeló entonces a un desarrollo armónico del sector gremial, lo cual -opinó- necesita “inversión y estabilidad con consenso”.

En esta paradoja de una CGT que reúne a los gremios, pero no para volverse más combativa, sino más dialoguista, se juega el futuro de la dirigencia sindical. Una de las claves de este acercamiento será el blanqueo laboral que busca imponer el Ministerio de Trabajo y que cuenta con el aval de la central obrera. El Gobierno estima que 4,5 millones de trabajadores (más de un 30 por ciento) están empleados de manera informal en Argentina, una de las coyunturas que intentaría revertir el Ejecutivo con la reforma laboral y el blanqueo.

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