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Perfil: Jorge Triaca, el ministro que negocia con los gremios y gana confianza de la Casa Rosada PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Martes, 16 de Mayo de 2017 04:04

El titular de la cartera laboral pasó de ser una incógnita a uno de los indiscutidos de la gestión de Mauricio Macri. “Vemos un ministro de cuatro años”, dicen en la sede del Ministerio. La interna que no fue con Sabor, y las ventajas de su apellido. Cómo logró convencer a los duros de la dirigencia sindical para que mantengan los canales de diálogo.



 

Por Diego Lanese

 

Cuando el presidente Mauricio Macri anunció que Jorge Triaca hijo sería su ministro de Trabajo, más de un teléfono comenzó a sonar incansablemente. Puertas adentro, el cargo parecía número puesto para Ezequiel Sabor, un dirigente con buenos lazos con el peronismo porteño que acreditaba más experiencia y relaciones en el mundo gremial. Para afuera, muchos recordaban al “pequeño Jorgito”, que llegaba de la mano de su padre a la sede de Azopardo y que andaba jugando por los pasillos. De aquel niño a este ministro pasó una vida, momentos muy duros y todo un aprendizaje, que hoy volvieron a este economista de carrera en uno de los funcionarios más sólidos de la gestión de Cambiemos, encargado nada menos que de mantener los canales de diálogo abierto con la dirigencia sindical.


Triaca tiene 43 años, está en silla de ruedas desde los 9 por un accidente de tránsito y llegó a la titularidad de la cartera laboral como una incógnita. Si bien era bien conocido por muchos dirigentes sindicales por la relación con su padre (dirigente del gremio del plástico, titular de la CGT y ministro de Trabajo de Carlos Menem, entre otras cuestiones), no tenía experiencia en el sector. Se recibió de economista en la Universidad de San Andrés y su actuación pública estaba limitada a su banca de diputado con el PRO y la promoción de un programa de empleo y discapacidad entre los años 1998 y 2000.


Más allá de su apellido, está claro que Triaca no es un hombre de los gremios. Educado como el dirigente medio del macrismo, llegó a la política más influenciado por su círculo universitario que como parte de una tradición familiar. “No se equivoquen con ‘Jorgito’, lo conocemos de chico, pero pasó su vida en colegios privados. No sé si sabe la Marcha Peronista, incluso”, se sinceró un dirigente al poco tiempo de su asunción.


El desafío de controlar una CGT unificada y un movimiento obrero a la ofensiva eran sus principales desafíos. Pero antes debía pasar otra prueba: la interna. Sabor fue nombrado subsecretario de Trabajo, virtual viceministro con ansias de hacerse de su cargo. “Literalmente, se lo comió”, le dijo a Política del Sur una alta fuente del Ministerio de Trabajo, y agregó: “Venían de espacios distintos, Sabor había creado una red de influencia con peronistas que apoyan a Macri en la Ciudad de Buenos Aires, pero Triaca lo fue desplazando a fuerza de éxito con los grandes gremios, que hoy lo reconocen como el único conductor del Ministerio”.


Una vez acomodado el escenario interno, era tiempo de abrir el juego con la dirigencia sindical, cosa que hizo en unos 500 días de tensas negociaciones.


Teléfono abierto


“Si los gremios no quieren a un ministro no le atienden el teléfono, no van a sus reuniones, le vacían cualquier iniciativa. Pero acá cuando Triaca convoca, los dirigentes van. Eso muestra que la relación funciona”, remarcó la misma fuente.


Por estas horas, los conflictos en una de las sedes del Ministerio de Trabajo con personal de limpieza, que denuncian haber sido despedidos por “persecución” de Triaca, altera la paz con que el funcionario suele llegar y moverse por la cartera. Más allá de la polémica, Triaca sabe lidiar con estas cuestiones, e incluso se ganó muchos adherentes dentro del Gobierno por la forma de manejar un tema delicado como las cesantías en el Estado.


Además, en los gremios le destacan la “cintura” para negociar. Así quedó demostrado cuando tuvo un duro cruce en el Congreso con el diputado del Frente para la Victoria por Santa Fe Marcos Cleri, quien cuestionó a su padre no sólo por lo que hizo en la dictadura (era líder de una fracción dialoguista con los militares), sino también en los ‘90, cuando fue ministro e interventor de SOMISA. Ese día, “Jorgito” defendió a su padre entre lágrimas, pidió respetar su trayectoria y no cargarla “a los hijos”.


En ese momento complicado, interpelado por los despidos y cuestionado por el pasado de su padre, Triaca mostró su capacidad y salió tan bien parado del cruce que el propio legislador Cleri se acercó -finalizada la sesión- para disculparse por sus dichos.


Ahora, Triaca trabaja directamente en la relación con los gremios, en especial con la CGT. “No habla con todos a la vez, lo hace por separado, casi de a uno. Así mantiene diálogo con todos, incluso los que son más críticos públicamente”, precisan las fuentes.


En este contexto, el funcionario nacional suele tener encuentros informales con Andrés Rodríguez (UPCN), uno de los más dialoguistas, y con el sector de “los gordos”. Pero tiene emisarios para hablar con Hugo Moyano, y hasta conversa con algunos dirigentes de las dos CTA. Su red de relaciones es aceitada y mejora con el correr de los días.


“Tenemos ministro para cuatro años, mínimo”, se entusiasman en Trabajo, donde en estos momentos ven aumentar el poder de Triaca, quien nació en cuna sindicalista pero rápidamente se afianzó en la mesa de los funcionarios macristas.