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Luego del paro nacional, los gremios temen que Macri vaya por su propia “ley Mucci” PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Jueves, 20 de Abril de 2017 03:41

Dos iniciativas para limitar las reelecciones en los sindicatos más una serie de recomendaciones del Ministerio de Trabajo pusieron en alerta a la CGT, que cree que este año el oficialismo puede intentar reformar el modelo sindical. Detrás, el fantasma de la flexibilización laboral. Para la CTA, el macrismo busca “condicionar” a la dirigencia, pero no hacer un cambio de fondo.



 

Por Diego Lanese

 

Apenas asumió su cargo, Raúl Alfonsín intentó reformar la ley de Asociaciones Sindicales, corazón del modelo gremial argentino, que se forjó en el primer peronismo bajo un lema fundacional: un sindicato por rama. Para esto, redactó una ley junto a su ministro de Trabajo Antonio Mucci –un gráfico opositor al gobierno de Juan Domingo Perón–que fue enviada de inmediato al Congreso. La conocida “ley Mucci” buscaba una reforma que, entre otras cosas, limitara las reelecciones en los gremios, diera representación a las minorías y transparentara los estatutos.


Sin embargo, la iniciativa fue rechazada por la dirigencia de esos días. Incluso, logró unir a la CGT, que estaba dividida en dos grupos: Azopardo, al mando de Jorge Triaca, y Brasil, con el liderazgo de Saúl Ubaldini. Más de 30 años después, el gobierno de Mauricio Macri prepara su propia “ley Mucci”, en el marco del reciente paro nacional que tensó la relación con los gremios.


Si bien la transformación no parece tan profunda, una serie de proyectos podrían poner en discusión la cuestión. En la CGT están al tanto de la medida y alertan que, de fondo, lo que busca el oficialismo es “instalar la flexibilización laboral”. Las dudas de la CTA.


Los indicios de una reforma oficial los dieron dos movidas realizadas por el oficialismo al tiempo que el paro nacional del 6 de abril abría un nuevo escenario. Primero, el mismo día, el Ministerio de Salud publicó en el Boletín Oficial una serie de recomendaciones para los sindicatos para mejorar su funcionamiento interno. Entre otras cuestiones, aconsejó usar voto electrónico, espetar el cupo sindical y no permitir que personas en proceso judicial fueran candidatos. Además, dos diputadas radicales agitaron dos proyectos que hace tiempo están dando vueltas en el Congreso. En ellos se reforma la ley de Asociaciones Sindicales limitando las reelecciones de los secretarios generales. Tanto la iniciativa de Soledad Carrizo como la de Olga Ristacritican la “eternización en el poder” de muchos dirigentes, y proponen reformar la ley y ponerle límites.


En la CGT se encendieron las alarmas: “Vienen por los gremios”. “Todos los gobiernos, los democráticos y las dictaduras, quisieron meterse en la vida interna de los gremios, porque en el fondo buscan cambiar el modelo argentino”, le dijo a Política del Sur un dirigente cegetista. Por eso, no se sorprende de la avanzada del oficialismo, incluso en un año electoral. “Es una cuestión ideológica, más allá de lo electoral. Creemos que, ganen o pierdan los comicios, van a intentar reformar la ley”, sostuvo.


Más allá del rechazo a esta idea, en la CGT remarcan que esta avanzada busca “la flexibilización laboral”. “Van a intentar precarizar las leyes laborales, para eso se apoyan en cierto descrédito que hay en la sociedad respecto de la dirigencia sindical, pero finalmente eso es una cuestión de formas. De fondo el tema es la flexibilización”, explicó el mismo dirigente.

 

Desconfianza

La ley que regula la actividad de los gremios es la 23.551, y en el Congreso hay varios proyectos para modificarla parcial o completamente. Esta norma es conocida como “el corazón del unicato” y es defendida por la dirigencia de la CGT.


Uno de los reclamos históricos de la CTA –en todas sus versiones actuales–es lograr una mayor democratización de los sindicatos, uno de los puntales con los que nació en 1991. Pero lejos de entusiasmarse con esta reforma, en este espacio ven la situación como parte de la negociación entre la dirigencia tradicional y el Gobierno.


“Lo que quiere el macrismoes condicionar al movimiento obrero, sino, no se entiende cómo el ministro (de Trabajo, Jorge) Triaca sigue negociando con los mismos dirigentes que después llama mafiosos”, remarcó un dirigente de la CTA, consultado por Política del Sur. En este sentido, recordó: “Venimos reclamando a la OIT y todos los gobiernos mayor libertad y democracia sindical, que es lo que permite que se democraticen los sindicatos, y los que han obturado siempre esta posibilidad son los funcionarios, inclusive los de esta gestión. Lo que hacen es una avanzada para condicionar al movimiento obrero, no para darle más libertades”, concluyó.


Por el momento, el avance del Gobierno es lento y por sus líneas medias. En la Casa Rosada estiman, además, que si se instala el debate respecto del modelo sindical, se puede romper la unidad en la acción que mostraron los sectores más radicalizados de la CGT y las dos CTA, que coincidieron en al menos tres momentos de movilización: la Marcha Federal, la movida del 7 de marzo y el paro nacional.


Cuando Alfonsín presentó la “ley Mucci” no sólo logró unir a las dos fracciones de la CGT, partida respecto de su actuación durante la dictadura. También unificó posturas en el bloque justicialista, que sufría de viejas internas. Así, pese a las presiones del Gobierno, el Senado rechazó la iniciativa y dejó a los líderes sindicales como ganadores de la disputa, comenzando por el ferroviario OraldoBritos.


Por el fracaso, Mucci renunció, y lo reemplazó Juan Manuel Casella, que la semana pasada en este medio recordó cómo Ubaldini utilizó esa victoria para reposicionar al movimiento obrero dentro del PJ. “El PJ venía de una derrota inesperada y muy dura, por lo tanto, el peronismo decidió iniciar una acción muy intensa para reubicarse internamente a través de la renovación que encabezaba Antonio Cafiero, y externamente a través de la CGT y sus paros”, recordó Casella. Éste puede ser un mensaje claro para Macri, que, si inicia una tarea tan ardua ante un sector tan dinámico y con poder de movilización, puede terminar de “unir al gigante”, algo nada recomendable para las elecciones claves que se avecinan.