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Unidad del peronismo, sólo a través de Perón y su doctrina PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Lunes, 20 de Marzo de 2017 01:59

Con su brutal y bestial verba, el inicial ministro del Interior del Proceso de Reorganización Nacional, general Albano Eduardo Harguindeguy, expresó cuál había sido el objetivo último del golpe de Estado de 1976: “hacer volver a la Argentina al 3 de junio de 1943”. Es decir, después de la muerte de Perón, se intentó hacer desaparecer al peronismo de la historia argentina, porque no sólo era el “hecho maldito del país burgués” (John William Cooke dixit), sino más bien el “hecho maldito de la oligarquía financiera mundial”, la cual es la verdadera y real dueña de Argentina, ya desde los comienzos de nuestra historia patria.

 

Es por eso que el criminal Proceso tuvo desde sus comienzos la bendición y el acompañamiento de David Rockefeller en persona, representante y factotum del rapaz y depredador poder financiero especulativo internacional y profundamente antiperonista. Por eso el abogado José Alfredo Martínez de Hoz fue el ministro de Economía inicial, no por ser oligarca (que lo era en grado sumo), sino por ser empleado a sueldo del Chase Manhattan Bank (como miembro del Consejo Asesor Internacional).


Es por eso que David Rockefeller bendijo en su momento a todos los presidentes “democráticos” post-Proceso, desde 1983 hasta hoy, ninguno escapó a su “bendición”, ya fuese social-demócrata, neoliberal o “nac&pop” patagónico: todos se arrodillaron a sus pies y ninguno sacó los pies del plato. Por eso sigue vigente la Ley de Entidades Financieras de 1977, por eso el sector bancario-financiero fue el que más ganó en estos últimos 33 años de “democracia”, por eso hemos vuelto a ser un país agro-exportador, por eso somos un país hiper-endeudado hasta el extremo, por eso hoy 13 millones de personas viven hacinadas en villas miserias y asentamientos contaminados.


Antes de Perón, la Argentina era un “país” colonizado por las finanzas británicas, tal como lo demostró magistralmente Raúl Scalabrini Ortiz (Política británica en el Río de la Plata, publicado en 1936). La obra revolucionaria de Perón consistió en liberar al país de las garras del imperio británico dominante, dotando así a la Argentina de una verdadera Independencia económica, base indispensable para realizar la Justicia Social dignificadora que implementó y para materializar la Soberanía Nacional hasta entonces sólo proclamada.


Esta transformación liberadora de la Nación tuvo una base de sustentación filosófica-ideológica (la Comunidad Organizada), un conjunto de principios humanistas y cristianos (Doctrina Peronista) como alma y motor de la obra de gobierno y la organización libre del Pueblo, como sujeto protagonista. En este sentido, la concepción política peronista-justicialista ha constituido una verdadera Tercera Posición Filosófica, distante tanto del individualismo extremo, en el que el hombre es un lobo para el hombre, como también del colectivismo marxista, que hace del ser humano un insecto fácilmente descartable, porque lo único que importa es el todo, el sistema.


Todas las obras de gobierno que realizó Juan Domingo Perón en sus presidencias se basaron en estos principios y postulados filosóficos, culturales, morales y políticos, los cuales son el auténtico legado que dejó el General para el futuro.


El 1 de mayo de 1954, en su discurso al Congreso Nacional, inaugurando sus sesiones ordinarias, Perón sostuvo que toda revolución es obra de varias generaciones, por eso ya en ese momento sostenía la necesidad de “despersonalizar la Revolución” que el pueblo había encarnado en su persona, para que ella tuviera continuidad en el tiempo, más allá de su existencia física personal. Todo el acervo doctrinario es el reaseguro de esta “despersonalización”, es lo que le da continuidad al proceso revolucionario.


A partir de 1983, los peronistas hemos confundido los planos y niveles: nos hemos aferrado a la obra de gobierno de Perón (historia), pero hemos olvidado el legado doctrinario (presente y futuro). Hicimos política con lo que hizo Perón, pero olvidamos y dejamos de lado el por qué y el sentido de su obra, que es lo verdaderamente perenne. Así, nos enfrascamos en la disputa “política” interna por cargos, discutimos y peleamos con radicales, liberales, etcétera, olvidando que el enemigo que Perón tuvo que enfrentar fue el Imperio Británico (“nuestro error básico quizás haya consistido en no considerar a la lucha entablada contra el peronismo como un fragmento de la lucha secular contra Inglaterra, esto es, en defensa de nuestra soberanía integral”, en Enrique Pavón Pereyra, Perón tal como es, Editorial Macacha Güemes, Buenos Aires 1973, p. 26) y el imperialismo angloamericano (“a nosotros nos voltearon los ingleses y los yanquis, de manera que la oligarquía no es el enemigo peligroso”, en Diálogo con los sacerdotes del Tercer Mundo, 6 de diciembre de 1972).


Al ignorar al enemigo histórico, el peronismo-justicialismo se convirtió en un aparato electoralista y en un dispositivo para hacer negocios y sacar tajada de cuanta oportunidad se presenta. Por eso hoy Perón sufre un segundo exilio: el exilio histórico que pretende relegarlo al olvido. Pero algunos intelectuales simiescos, verdaderos sabios sueltos e intelectuales ignorantes (Jorge Fernández Díaz, Fernando Iglesias, Federico Andahazi, entre otros) saben que, más tarde o más temprano, Perón vuelve, por eso pretenden atribuirle el origen de la represión estatal de los ’70 o ser la “encarnación del fascismo criollo”. Saben que Perón vuelve, y no podrán hacer nada para detenerlo.


Hoy vemos que muchos compañeros quieren de buena fe “recuperar” el Partido o “unir a todos los dirigentes peronistas”, para enfrentar al “liberalismo machista”. Pero no tienen en cuenta que aquéllas son misiones imposibles, en tanto y en cuanto no rescatemos a Perón del exilio. Y no ven que el enemigo a vencer no es la nueva oligarquía -que llegó al gobierno gracias a la estupidez e inmoralidad de los millonarios vestidos de “revolucionarios”-, sino el imperialismo internacional del dinero, dueño y señor de la Argentina y de sus riquezas, a través de las empresas nucleadas en el Consejo de las Américas (cuyo dueño es la familia Rockefeller). Sólo Perón y su legado doctrinal pueden unir al Peronismo-Justicialismo, no un rejunte de dirigentes, por más buenas intenciones que tengan.


El legado doctrinal no lo constituyen las frases hechas, replicadas en el vacío y en cualquier momento, ni tampoco el sólo retumbar de bombos, sino el espíritu de liberación e independencia que encarnaron Perón y Eva, y los valores morales y religiosos que irradiaron en su vida, sin robarse una sola moneda del Estado. Eva Perón consumió su joven vida a favor de los más humildes y desposeídos, Perón pagó precios terribles por servir al pueblo (persecución, exilio y mutilaciones), y muchos compañeros regaron con su propia sangre su compromiso con la causa nacional.


Como enseñó Eva Perón, “el 17 de octubre de 1945, el pueblo venció en forma definitiva a la oligarquía”. De allí en más, “lo único que podía derrotar al pueblo era el espíritu oligarca, no la oligarquía”. Ha llegado la hora de desterrar de entre nosotros el espíritu oligarca, para dejar que Perón siga conduciendo nuestros destinos y el de la Patria toda. Sepamos ser espejos en los que Perón irradie su luz e instrumentos de su proyecto revolucionario y libertador. “No se puede servir a Dios y al dinero al mismo tiempo”, dice Jesús en los evangelios. “No se puede ser peronistas y pretender hacerse millonarios con la política”, parafraseamos los misioneros y predicadores de Perón. Unidad real del peronismo en torno a Perón y su legado doctrinal, o el fracaso va a hacerse presente en muy poco tiempo.


¿Por qué tanta saña contra Perón por parte de estos progresistas pro-macristas? ¿Por qué acusan sin pruebas a un fallecido que no se puede defender por sí, cuando hay tantos vivos y “vivos” que no pueden explicar la riqueza que ostentan? La respuesta bien puede ser que a estos “fiscales de la República”, tan críticos con la anterior gestión gubernamental, se les está derrumbando este último intento de gestionar en contra de Perón. Bien advierten estos progresistas neo-macristas que el fracaso que se avizora del actual gobierno -lleno hasta el hartazgo de funcionarios con empresas off shore- está abriendo las puertas al resurgimiento del peronismo, que no tiene nada que ver con los dirigentes que en su gran mayoría hoy sólo defienden parcelas o territorios, sin importarles con quién tengan que hacer acuerdos. Hoy, el verdadero (en realidad, el único) peronismo vuelve en miles y miles de dirigentes que han aprendido que la política tiene como meta gobernar al servicio del pueblo, no para enriquecerse desaprensivamente; vuelve en miles de dirigentes que saben que no es la política del endeudamiento externo crónico el camino para el crecimiento y el desarrollo, sino la política de la independencia económica la única senda posible para el desarrollo nacional con justicia social.


En definitiva, esta nueva especie de progresismo rabiosamente antiperonista intuye y se está dando cuenta de que pretender gobernar la Argentina con políticas antiperonistas o con políticas sin contenido nacional es un camino que conduce al fracaso. Saben que es imposible pretender aplicar políticas que retrotraigan a la Argentina al período pre-peronista. Por suerte, hay miles de dirigentes y militantes que mantienen en alto las banderas de liberación nacional y de justicia social que con tanta dignidad y grandeza enarbolara en vida el general Juan Domingo Perón, y están dispuestos a retomar ese camino de dignidad y grandeza que él trazara no sólo para su época, sino también para la posteridad. Éste el camino que hemos empezado a transitar, le duela a quien le duela.


José A. Quarracino - Secretario político

Juan Carlos Vaccarezza - Secretario general

Movimiento “Primero La Patria”

 

 

 

 

 
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