martes 23 octubre, 2018
Actualidad, Opinión

Ferraresi versus municipales: la historia sin fin

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septiembre 17, 2018

Desde hace más de una década, las diferencias entre el Ejecutivo comunal de Avellaneda y el STMA se encuentran dentro de un laberinto sin salida.

Por Ruben Molina

La novela de desencuentros entre el Sindicato de Trabajadores Municipales de Avellaneda (STMA) y su intendente sumó un nuevo capítulo. La decisión de Jorge Ferraresi de otorgar un aumento del 5 por ciento a los empleados sin contar con el aval del principal gremio de los trabajadores de la comuna amplió la grieta entre ambos. Si bien tuvo el apoyo del resto de los gremios, ninguno de ellos cuenta con personería gremial. La frutilla del postre fue la presencia del lanusense Miguel Pedhelez, conducción de la Confederación de Obreros y Empleados Municipales de la Argentina (Coema), la contra de la Federación de Sindicatos Municipales Bonaerense (Fesimubo) en el orden local.

El episodio ocurrió la semana pasada. El aumento otorgado se suma a los 30 puntos acordados en diciembre último. En todos los anuncios, el jefe comunal contó con la presencia de los gremios amigos a su conducción, y como contrapartida, tuvo la ausencia del sector alineado con la Fesimubo de Rubén “Cholo” García, quien también conduce el gremio en el orden nacional.

Para los municipales “rebeldes”, los aumentos “son una mentira”. Se realizan sobre los básicos que rondan en un promedio de 7 mil pesos. Hernán Doval, titular del gremio en el plano local, explicó en el programa radial Política del Sur que el reciente 5 por ciento otorgado por Ferraresi representa un aumento promedio de 300 pesos.

La pelea no es nueva, y a esta altura, cada vez se parece más a la que mantuvieron los antecesores en sus respectivos cargos, Baldomero “Cacho” Álvarez como intendente y Rubén “Cholo” García al frente del sindicato. Hace trece años, un reclamo de los trabajadores terminó a lo tiros, con un municipal gravemente herido. En la misma entrevista radial brindada por Doval, el sindicalista advirtió que “la cosa va a terminar mal en Avellaneda”. Cuando se le recordó aquel episodio, señaló: “Espero que no culmine como aquella vez, pero Ferraresi sigue tirando de la cuerda.”

Evidentemente, los tiempos han cambiado. Pero curiosamente, el desenlace podría llegar a ser el mismo. El grado de virulencia es muy alto. Hace poco, Doval presentó su libro ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), “Del terror laboral”, en el que expuso en detalle “el sistema de coacción, clientelismo y vulneración de derechos humanos con el que se subyuga, desde el año 2014, al empleado público de la Municipalidad de Avellaneda”. Traducido: el Municipio “aprieta” a los municipales para que se desafilien del STMA y opten por otros gremios. Lo mismo ocurre con la obra social.

La cuestión partidaria también metió su pata. Como un mandato del destino, ambos bandos -político y sindicalista- siempre estuvieron en veredas distintas dentro de la compleja interna peronista. En 2005, cuando ocurrieron los incidentes frente a la Municipalidad, “Cacho” Álvarez era un ferviente militante del duhaldismo. La contrapartida era el “Cholo” García. Auspiciado por un reciente electo presidente Néstor Kirchner, quiso avanzar con peso propio. La cosa terminó en un bochornoso tiroteo frente al Palacio Municipal.

Hoy, los vientos soplan de manera diferente. El ferviente kirchnerista es el actual intendente Jorge Ferraresi, mientras que Doval y García quedaron emparentados con un peronismo que busca renovación y que no precisamente tiene en Cristina Fernández su faro dirigencial. En la última elección, la dupla sindical apostó fuerte por Florencio Randazzo. Todos sabemos cómo terminó esa historia: Ferraresi es referencia categórica del kirchnerismo duro en el Conurbano sur, mientras que los municipales buscan refugio en el moyanismo.

La grieta entre los dos bandos se acrecienta. El Intendente, lejos de querer acordar, la profundiza, y desde el gremio tampoco envían señales amigables. Las zancadillas y operaciones políticas están a la orden del día. De un lado y del otro. Es sabido que los intendentes peronistas, sobre todos los del Conurbano, quieren gremios “amigos”. Apoyan a conducciones gremiales “leales”. Y donde no ocurre eso, la apuesta es por la oposición sindical. Un ejemplo, claro y contundente, es justamente Avellaneda. Algo parecido ocurre en Esteban Echeverría.

Lo curioso del caso es que en los primeros pasos de Ferraresi como intendente, la situación parecía encarrilarse. Todo indicaba que con la asunción del nuevo jefe comunal concluía un período de enfrentamientos entre un municipio comandado hasta no hacía poco por “Cacho” Álvarez y el sindicato del “Cholo” García. El diálogo hacía prever un cambio de época. Incluso, si bien García concluía su mandato como diputado provincial, pudo colocar en su reemplazo a Hernán Doval, su delfín. Algo que el alcalde avellanedense supo vender como “su diputado” en la provincia.

La idea de la “buena onda” poco a poco fue diluyéndose. La necesidad de la Fesimubo de avanzar en una nueva ley paritaria que cambie las reglas del juego entre los municipios y sus empleados derivó en la sanción de la 14.656. Titulada como ley de “Relaciones Laborales y Negociación Colectiva de los Trabajadores Municipales de la Provincia de Buenos Aires”, y conocida como “Ley de Paritarias Municipales” o “Ley Doval”, vino a derogar y suplantar a la 11.757, que flexibilizó al sector municipal en la década del 90. Además, la nueva norma posibilitó por primera vez el derecho a las paritarias a todos los trabajadores municipales de la provincia.

Esta ley -sancionada en noviembre de 2014 y que constaba de tres secciones- entró en vigencia parcial a mediados de 2015 en lo referente a sus secciones I y II. La primera, denominada “Régimen Marco de Empleo Municipal”, es una declaración de derechos que garantiza a los trabajadores municipales el derecho constitucional a la estabilidad laboral del empleo público. Deja de regir el nefasto concepto de disponibilidad mediante el cual el empleado podía ser dejado cesante sin motivo y volvió a garantizar el derecho de defensa a través del sumario y el debido proceso. A partir de su vigencia, los municipales comenzaron a tener derecho al salario mínimo, vital y móvil y el pase automático a planta permanente luego de un período de prueba de doce meses.

El proyecto y luego sanción fue boicoteado puertas adentro por la mayoría de los intendentes. La historia final todos la conocemos: obtuvo la aprobación, pero muchos jefes comunales continúan reticentes a su aplicación en muchos de sus puntos. El dato sustancial de todo este proceso fue que Ferraresi no sólo tomó el esfuerzo de Doval y la Fesimubo en la sanción de la nueva norma como una traición a su “alianza” local, sino que además comenzó una especie de “guerra santa” contra el sindicato madre de los municipales en su distrito.

Las consecuencias por estos días son el “ninguneo” permanente de un intendente que otorga aumentos en forma unilateral, sin discusión previa y con sindicatos que juegan el rol de “aplaudidores” dentro de un esquema político partidario afín. El reclamo gremial real queda de lado a partir de los egoísmos y ambiciones políticas de uno y de otros. Ni hablar de la presión que ejerce a través de la retención de fondos a la obra social y gremio que conduce Hernán Doval.

El STMA y la Fesimubo, por ahora, juegan sus fichas en el plano legal. No se han movido de un esquema de planteos ante la justicia laboral y el Ministerio de Trabajo. Por estos días, varias causas en contra de Ferraresi y su gestión aguardan definición. Sabedores de que las protestas terminan mal en Avellaneda (a fin del año pasado una marcha sindical frente al teatro Roma culminó con disturbios), la dirigencia gremial ha optado por la cautela. Pero en su interior sabe que una chispa puede ocasionar el incendio tan temido. Esperemos que esta vez la sangre no llegue al río. El presente no es auspicioso.

Política Del Sur
Redactor
Política del sur es un medio de comunicación radial, impreso y digital que trata temas políticos, gremiales y sociales de la tercera sección con la verdad como bandera. Más de 10 años de trayectoria avalan nuestro profesionalismo y conocimiento sobre la materia contando como nadie todo lo que ocurre en la zona sur. Por eso podemos decir que la nuestra es La verdad. Bien contada.

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