martes 23 octubre, 2018
Actualidad, Opinión

Entre la necesidad de protagonismo y de unidad

>Redacción Redacción
marzo 05, 2018

La gobernadora María Eugenia Vidal dio con su discurso ante la Asamblea Legislativa el puntapié inicial a la labor en ambas cámaras con la nueva composición tras las elecciones de 2017. Cómo se reagrupan oficialismo y oposición de cara a los próximos dos años.

Por Juan Nieves

La Plata

Sin anuncios rimbombantes y con más bajada de línea para propios y ajenos que de anticipo de gestión. Esa fue la tónica que la gobernadora María Eugenia Vidal decidió darle a su discurso en la Asamblea Legislativa que inauguró formalmente el período de sesiones ordinarias de 2018 en la provincia de Buenos Aires.

Para un lector desprevenido en cuestiones platenses puede surgir el siguiente interrogante: ¿Es que acaso la mandataria no piensa utilizar la Legislatura durante este 2018? La respuesta inmediata es no, todo lo contrario. Piensa y va a utilizar ambas cámaras para legitimar una serie de iniciativas vinculadas a la Justicia, la obra pública y, entre otros temas no menores, los docentes, esa piedra en el zapato que en tiempos en que más aprieta, más molesta.

Pero luego de dos años en inferioridad numérica, ahora el oficialismo contará con una amplia mayoría en el Senado, con 29 de los 46 miembros, y un bloque que casi araña el quórum propio en Diputados, con 44 de los 92 escaños.

La Gobernadora no descree de la democracia y las instituciones. Pero está convencida de que ese número en ambos cuerpos no es producto de la casualidad, y menos de una herencia recibida, concepto que tantos dividendos le dio a Cambiemos en estos primeros 27 meses de gestión.

Cree, en cambio, que es producto de su gestión, y el resultado de las elecciones legislativas de 2017 una suerte de renovación del plazo fijo por dos años más de la confianza que los bonaerenses pusieron en ella.

De ahí que en su discurso inaugural no haya habido casi referencias a los legisladores en su discurso. No habló de su trabajo, de los desafíos para este 2018 ni de lo que espera de su bloque. Tampoco pidió demasiado a la oposición. Todo se limitó a un agradecimiento por lo realizado al comenzar y un tibio pedido de acompañamiento general promediando su alocución. Las palabras de Vidal fueron destinadas a los televidentes más que a quienes estaban sentados en sus bancas escuchando.

El peligro de no participar

La posición de la mandataria no sorprendió demasiado hacia dentro del bloque de Cambiemos, que ya desempeñó el rol de actor secundario en diciembre, cuando estrenó la mayoría en ambas cámaras con una controvertida batería de proyectos que incluyó la reforma de ministerios, la adhesión al Pacto Fiscal y el cambio de las condiciones de jubilación de los trabajadores del Banco Provincia.

“Tratamiento express” y “la Legislatura como escribanía” fueron algunas de las críticas por las que la oposición despotricó por esos días y que desde el oficialismo apenas respondieron. El motivo no fue precisamente una estrategia conjunta para no entrar en chicana, sino, en parte, un fuerte enojo con la Gobernadora por enviar expedientes para aprobar sin siquiera saber de qué trataban en algunos casos.

“Hubo leyes que llegaron un rato antes de entrar al recinto y algunos no sabíamos de qué trataban”, deslizó un diputado por esos días a los periodistas acreditados en la Legislatura.

Ante el reclamo interno, en voz baja pero concreto, el desafío de los próximos dos años tanto para Roberto Costa en el Senado como para Maximiliano Abad en Diputados, será no sólo “ordenar la tropa”, sino también lograr ser garantes de que sus bloques tengan conocimiento sobre qué van a defender a la hora del debate.

Esa promesa, precisamente, fue la que ambos fueron a buscar de Vidal en las reuniones que ambos bloques mantuvieron semanas atrás en la Gobernación.

La otra empresa, más inmediata pero no menos delicada, es el reparto de comisiones que se da por estos días en ambas Cámaras y que genera los primeros chispazos en esta segunda mitad de mandato.

Cambiemos es una coalición de gobierno y en ella conviven -y se disputan- las presidencias de las comisiones más importantes (Presupuesto, Legislación General y Asuntos Constitucionales), el PRO, la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica.

La fórmula propuesta es determinar lugares según representación, es decir, según los votos aportados. Pero, ¿cómo determinar el aporte cada uno teniendo en cuenta solo la cantidad de bancas si las listas en 2017 fueron digitadas por la propia Vidal?

La actual es, tal vez, una pelea de semifondo de lo que será la disputa por el armado de las listas en 2019, que no se dio el año pasado, pero que los boinas blancas ya empiezan a adelantar que van a dar.

La oposición sin unidad

La palabra trending topic dentro del universo peronista es hoy “unidad”. Todos y cada uno de los dirigentes hablan de la necesidad de “dialogar” y encontrar puntos en común para contrarrestar las políticas del gobierno de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal.

El intento está y las reuniones y presentaciones en común son un ejemplo de ellos. Sin embargo, las diferencias entre los distintos espacios también están y parecen irreconciliables con el kirchenrismo duro y La Cámpora.

El peronismo vinculado a los intendentes tiene su propio bloque, denominado PJ Unidad y Renovación, como correlato de la nueva conducción de Gustavo Menédez en el Partido Justicialista de la provincia. Ya mostró cómo actuará en la Legislatura en diciembre, cuando se corrió de la estrategia del resto de la oposición y se quedó en el recinto para darle al oficialismo el quórum necesario para tratar el cambio en el sistema previsional del Bapro.

El propio Julio Pereyra, presidente de la bancada en Diputados, confió a Política del Sur días atrás que el espacio piensa responder a los jefes comunales peronistas de la provincia y que actuará priorizando siempre sus intereses.

Ese posicionamiento le valió el reproche del kirchnerismo duro, aunque las críticas parecen caer en saco roto porque, más allá de lo declamativo, ese grupo de legisladores responde a un espacio que no quiere saber nada con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Decirlo sería un error estratégico, pero en política nadie dice “de esta agua no he de beber”. Y en el peronismo, menos.

Quienes no quieren saber nada con la ex mandataria y lo hacen saber son algunos de los miembros del Frente Renovador. Reducido a dos bancas en la Cámara alta y con un bloque más nutrido, pero también con más diferencias en Diputados, en el espacio que responde (¿?) a Sergio Massa, algunos como Jorge D’Onofrio se acercaron al kirchnerismo con la proclama de que debe priorizar la unidad, y otros, como Fernando Carballo o Blanca Cantero, remarcan que el espacio siempre tuvo como consigna ser algo distinto a lo que representa Cristina Fernández.

La realidad es que, más allá de las eventuales coincidencias en temas puntuales, las diferencias entre los espacios -y aún hacia adentro de los mismos- hace que la posibilidad de una oposición unida sea menos que probable.

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